MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY

20/5/24 (Hch 1,12-14; Sal 86; Jn 19,25-34).

EN LA SALA, CON MI MADRE

Hoy, lunes siguiente luego de Pentecostés, celebramos la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia. Hagamos oración personalizada con las lecturas propias.

Había varias mujeres a los pies de la cruz, sin embargo, Señor, distinguiste a tu Madre, entre todas, para entregarla al discípulo amado y, al mismo tiempo, encomendarle a ella sus cuidados; una herencia sagrada que se extenderá a todas las generaciones creyentes. 

Madre, perdón, porque no te he recibido con el amor que tú mereces; he sentido defraudar, en ocasiones, la confianza que el Señor ha depositado en mí. Sin embargo, aunque no haya sido lo que se esperaba, sí necesito que tú me asumas a mí y aprender contigo a ser persona agradecida, respetuosa y servicial.

Madre, porque así me ha sugerido llamarte Jesús, así ha querido Él que yo me relacione contigo. Necesito cultivar este vínculo estrecho, único. Llévame de la mano, para esa sala superior, allí donde estuviste con los discípulos, los amigos de tu Hijo. Quizás, Señora mía, sienta timidez y vergüenza de compartir el mismo lugar contigo. Sin embargo, como Madre, no tengo reparo de dejarme bañar, limpiar, cambiar, por ti, para subir y estar a tu lado. Tómame y ponme con la dignidad necesaria para esperar contigo, al lado de todos los que esperan la misericordia.

Elévame a la sala superior, Madre. Allí, donde se piensan, se hablan y se viven las cosas santas y se invierte en la vida celestial. Esa sala, Virgen María, donde se interpretan los acontecimientos de la historia con los ojos de la fe. La sala que te levanta sin separarte del suelo, de la realidad existencial, sino que te sostiene, sin impedirte el vuelo hacia el camino de eternidad.

El salmo del día me inspira a desear nacer allí, en la ciudad de Dios, en el lugar santo. Allí, donde se aprende a cantar y a entonar un pregón glorioso. Porque hasta el momento, Madre, mis canciones han sufrido muchos desafines. Hay cuerdas en mi guitarra existencial que rompen la armonía del amor. Pero, con los hermanos y hermanas, que también son tus hijos e hijas, quiero aprender a cantar.
Deseo estar en la sala contigo, Madre. Esa sala abierta, siempre dispuesta a recibir un miembro más. Esa sala que es la Iglesia, que soy yo, en mi propio corazón, porque también soy Iglesia. Una sala que tiene pies y camina. Una sala itinerante, porque anuncia y proclama que Jesús es el Señor.

Me pregunto, en el silencio de mi oración: ¿me pongo a limpiar la sala con la Virgen María? ¿Por dónde entra polvo en la sala? ¿Dónde vemos el Espíritu soplar para limpiar? ¿Me preocupo por mantener la sala limpia? ¿Cómo se pone la Madre cuando ensuciamos? ¿Por qué se hace necesario hacer, con frecuencia, una limpieza profunda?

Virgen María, Madre de Jesús y madre nuestra, gracias por tu paciencia conmigo. Gracias porque mientras estamos en esa sala me vas enseñando los secretos de la confianza y la esperanza en tu Hijo Jesús. Gracias, Madre, por la acogida infinita de amor y gracia. Sin ti, Señora, no tendríamos el respaldo espiritual para sostenernos en la oscuridad de la fe. Contigo, esperamos sin desesperación mientras vamos entonando ese pregón glorioso para mostrar al mundo la fuente de la salvación, tu Hijo Jesús.

Hermana Angela Cabrera
Congregación Discípulas Misioneras por la Santidad.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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