22/5/24 (St 4,13b-17; Sal 48; Mc 9,38-40).
SI EL SEÑOR LO QUIERE
De camino, en el tiempo ordinario, las lecturas te dan enseñanzas para vivirlas cotidianamente. Pon atención a las palabras que te dirige el apóstol Santiago. Si tú eres de esas personas que se ponen a planificar su futuro a corto, mediano o largo plazo, sin tener en cuenta a Dios, endereza tu actitud. Haz tuya esta pregunta que él hace: “¿Qué es tu vida?”. Te recuerda que la vida es como una nube que aparece en un momento y en otro desaparece. Se te dice que Dios, y no tú, tiene el control de la historia; es necedad tomar decisiones sin contar con su aprobación.
Aprende de lo que pasa a tu alrededor. ¿Cuántos planes hechos en la imaginación se han vuelto burbujas en el aire? No se te dice que dejes de proyectar tu vida, sin horizonte ni ruta, sino que no te envuelvas en aspiraciones al margen de lo que el Señor desea de ti y de su voluntad. La expresión recomendada por el apóstol es decir: “Si el Señor lo quiere y vivimos haremos esto o lo otro”. Es una postura sabia porque respeta el designio de Dios. Pero la expresión no puede ser sólo de boca, sino nacida del corazón.
Santiago denuncia a la gente que fanfarronea y se jacta. A ti, contrariamente, te llama a cultivar la prudencia y el temor de Dios. Su enseñanza encuentra eco en el salmo cuando recita: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de Dios”. Si tú quieres hacer planes seguros invierte en vivir la pobreza en el Espíritu, entra en el proyecto de santidad que Dios tiene para ti. No te dejará defraudado, porque su Reino no es imaginario. Todo lo que hagas o emprendas dirígelo dentro de este santo propósito. Es lo único que continúa más allá de la partida de este mundo. Esto sí que es inversión de futuro.
El evangelio presenta a Juan acercándose a Jesús, para que considere sobre alguien que se atrevió a echar demonios en su nombre, sin ser de la comunidad de los seguidores del Señor. Imagina que se te vaya la vida espantando a la gente que hace el bien. Es una necedad buscar derecho de autoría mientras los demonios se filtran por todos los espacios. Por eso, el Señor Jesús le dice a Juan: “No se lo impidan… El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. Nuevamente, si el Señor lo quiere, y sabemos que lo quiere, deja que todos puedan seguir sumando para hacer visible el Reino de Dios.
Con sinceridad, toma un tiempo y pregúntate en el silencio de tu oración: en este momento ¿cuáles planes tienes? ¿Qué buscas con estos planes, cómo nacen? ¿Tú has hecho proyectos para demostrar a otras personas algo? ¿Qué pureza de intención tienen tus aspiraciones? ¿Dónde está el nombre de Dios en tus intenciones? ¿Tú le consultas al Señor sobre si le agradan o no tus decisiones? ¿Dejas que una persona de autoridad confronte tus propósitos para descubrir la verdad de ellos? ¿Tú te cierras o eres flexible a cambiar la ruta en caso vayas por un camino peligroso? ¿Te has interesado en conocer los planes de Dios contigo? ¿Has dejado que se frustren los designios de Dios para ti?
Señor, no sé lo que pasará mañana, ni lo que sucederá dentro de un instante. Pero, si tú lo quieres, deseo que me sorprenda la muerte amándote mucho, sirviendo a los demás, llevando tu nombre a las personas que no te conocen a fondo. Si tú lo deseas, Señor, no quiero nada más que hacer vida tu voluntad. Se pueden secar hasta al fondo mis propios caprichos, porque sólo puede ser capricho cualquier interés al margen de ti. Si tú lo quieres, aquí está mi vida, que ya no es mía sino tuya. Si lo deseas, Señor, que sea yo esa escobita que dirijas por los rincones donde sea necesario limpiar en tu santo nombre. Si tú lo quieres, Señor, yo también lo quiero. Bendito seas por siempre, Jesús.
Hermana Angela Cabrera
Congregación Discípulas Misioneras por la Santidad.
