DEJARSE PLANTAR POR DIOS
El conjunto de las lecturas de este domingo concentran un lenguaje agrícola para hablarnos de la obra de Dios aconteciendo en la humanidad e involucrándola. Esta meditación intenta traer el mensaje a tu propia vida, considerando cómo la Palabra te alcanza existencialmente, pues obra en cada uno a manera personal y comunitaria.
En la primera lectura, el profeta Ezequiel anuncia el fin de una dinastía y el surgimiento de otra, prometedora, mediante la imagen de un brote transplantado en la cima de un monte. Tú puedes ser como esa ramita seca, de la cual ya no hay esperanza. Una ramita sin vida, que parece no aportar nada. Sin embargo, si te dejas mirar por Dios, si dejas que Él ponga su mano creadora sobre ti, podrá transformarte en un árbol florido y de frutos abundantes.
La segunda lectura de Pablo a los Corintios te despierta la esperanza. Te motiva a caminar con fe. Recuerda la dimensión trascendente que debe guiar y consolidar cada uno de tus pasos. Se refiere a que confíes, no en tu propia carne, sino en el Espíritu que te habita y te sostiene. Viviendo desde el Espíritu, sabrás que es Dios y no tu propia humanidad quien hace la obra. Tú pones la voluntad y el Señor pone lo demás.
En el evangelio, se compara el Reino con un alguien que echa semillas en la tierra y también con el granito de mostaza. Ese Reino tiene que ver contigo. Créelo. Tú llevas un jardín interior donde Dios coloca su Palabra. Te toca dejarte sembrar, cultivar, podar o trasplantar. Al Señor le toca la gracia de transformarte, hacerte madurar y crecer para producir buena cosecha. Una cosecha que refleje la presencia de Dios sosteniendo y providenciado con su amor a la humanidad.
El grano de mostaza puede ser comparado a tu propia pequeñez. Las cosas de Dios comienzan con la humildad, con la simplicidad. Es que no eres tú, sino su gracia la que levanta y hace crecer. Esta conciencia permite que cuando vengan a posarse en tus ramas y a descansar bajo tu sombra, tú recuerdes que ha sido el Señor quien lo ha hecho. A ti sólo te tocó abandonarte, el Señor permitió que fueras referente y útil para los demás.
Por eso, el salmo del día dice que es bueno dar gracias al Señor. Te hace crecer como una palmera plantada en su propio corazón. Si te dejas plantar por Él, aún en la vejez seguirás dando fruto y estarás lozano y frondoso, dando testimonio vivo para todas las generaciones de las maravillas del Señor.
Pregúntate en silencio: ¿tú sabes distinguir, en tu vida, la tarea que te toca a ti y la tarea que le toca a Dios? ¿Tú, como Él, vas sembrando su Palabra por los caminos? ¿Contemplas las huellas del Señor haciéndote crecer y madurar en secreto? ¿Tienes esperanza en algunas personas que parecen ramas secas? ¿Tú te abandonas para que el Señor te trasplante de tu terreno al terreno que Él desea? ¿Quién está invirtiendo en ti para hacerte florecer? ¿Para quiénes son los frutos de tu árbol? ¿Tú te esfuerzas por ser signo del Reino allí donde fuiste sembrado?
Señor: aquí te presento mis ramas secas para que tu gracia las pode. Puedo identificar esas zonas de mi árbol que necesitan ser extraídas para que no roben las vitaminas necesarias para crecer y madurar. Señor, te ofrezco mi pequeñez y mi sacrificio de crecer en ti y para ti. Quiero ser árbol de tu Reino, con ramas frondosas que lleven fruto y descanso a los demás.
MEDITACIÓN LECTURAS (16/6/24)XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Ez 17,22-24; Sal 91; 2Cor 5,6-10; Mc 4,26-34).
