MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY

18/6/24 (1R 21,17-29; Sal 50; Mt 5,43-48).

RECONOZCO MI CULPA:
Y TAMBIÉN TU MISERICORDIA.

Si todavía no estás reconciliado, hoy, el Salmo 50 te da las pautas para hacerlo. Ve ante el Señor, primeramente puede ser frente a Jesús Sacramentado. Tómate este tiempo sin prisa, y sé consciente de que entras al espacio sagrado de la misericordia. La misericordia que ya te habita, que te sostiene y te purga, pero que aguarda que te hagas consciente de ella para poder actuar en ti de manera perfecta.

Es necesario y urgente limpiar tu memoria y liberarla. Acoge humildemente los mensajeros del Señor que denuncian tu pecado. No te hagas el sordo cuando te reclaman el proceder. Mira lo que sucedió con el rey Ajab. Gracias al enfrentamiento que le hizo el profeta Elías, quien le expuso el asesinato y el robo cometido a Nabot, él pudo arrepentirse y humillarse. El pecado tan espeluznante no ahuyentó la misericordia del Señor. Pero no te atrevas a ir cometiendo faltas voluntarias atento a la misericordia, porque la dinastía del rey acabó en ruinas. Todo proceder tiene sus consecuencias. 

Una de las cosas más dolorosas de la vida de pecado, es que te aleja de la oración, de la presencia de Dios. Te aleja porque te da vergüenza encontrar al Señor y conversar con Él. Por eso dice el orante, “aparta de mí pecado tu vista”. Él siente que cuando Dios lo mira, se detiene ante el mal cometido. Pero realmente, cuando el Señor lo observa, sólo contempla una criatura que tiembla por no saber cómo renacer. La gracia opera en él mediante el arrepentimiento. Por arrepentimiento pide al Señor que le haga un corazón nuevo. Quien se reconcilia vuelve a nacer; se le abren los labios y el corazón es capaz de cantar sinceramente al Señor del perdón y la vida.

El evangelio te lleva a la cima de la reconciliación, que es redireccionar el odio al enemigo y convertirlo, mediante la misericordia, en amor. Quizás sean palabras que suenen bonitas pero irreales. Uno tiene la tentación de arreglar el evangelio y ponerlo más suave para vivirlo. Pero el Señor no nos quiere con un amor calculador, mediocre; sino que la distinción y la identidad cristiana es amar hasta aquellos que son contrarios. Para dar este paso es necesario pedir la gracia de habitar en el corazón de Cristo. Dile al Señor: déjame amar con tu corazón y desde Él.

Vamos a hacer algunas preguntas que te sirvan de reflexión: ¿cuándo fue la última vez que fuiste al sacramento de la Reconciliación? ¿Tú sabías que el pecado consciente quita toda inspiración, lastima el discernimiento, quebranta las relaciones, separa de Dios? ¿Por qué el remordimiento se refleja hasta en el rostro y la mirada? ¿Tú crees que si llevas una piedra dentro sólo lo sabes tú? ¿Tú has visto los camiones echando pilas de piedras? Esto es lo que sucede cuando te acercas al sacerdote y llevas al trono de la misericordia todas las piedras que entorpecen tu paz y tu capacidad de amar. No hay que dar muchas vueltas para optar por la vida. Libérate ahora mientras vas de camino. Saldrás como ave en vuelo cuando desates los nudos que empañan tu sonrisa. Ánimo. La Virgen María irá contigo.

Señor: aquí estoy para que tu misericordia me bañe, me limpie, y me perfume. No quiero cargar ese desagradable olor a pecado que ahuyenta al Espíritu Santo, a quien no le gustan los malos olores. De nada me sirve ponerme cremas perfumadas, cuando la podredumbre me ahoga por dentro. Con esta edad que tengo, sé bien lo que me pides. Hoy es el día, y no otro. Es una urgencia para mi vida abrazar la paz de tu amor y tu perdón. Reconozco mi culpa, Señor, no tengo miedo de abrirme a tu misericordia.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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