19/6/24 (Mt 6,1-6.16-18).
ESPIRITUALIDAD SIN HIPOCRESÍA
El evangelio de este día se preocupa de que seamos auténticos en el seguimiento de Jesús. Señala tres elementos primordiales, aunque en ellos se proyecta toda la vida, donde nos podríamos ver tentados a pavonear en el campo espiritual: la limosna, la oración y el ayuno. El pasaje denuncia las tendencias indiscretas de doble intención y, a su vez, muestran el camino para superarlas.
Cuando desees ayudar a alguien, colaborar con una causa justa o ser solidario pregúntate interiormente qué estás buscando con esto. Desmenuza en silencio las intenciones del corazón. No detengas la iniciativa, porque darse a los demás es justo y necesario. Sencillamente, direcciona la motivación en caso la auto-referencia se filtre en el acto. Abre tus manos sin esperar reconocimientos públicos. Cultiva el gusto por hacer el bien de manera sensata. Cuando entras en la discreción de Dios, los mismos ángeles te aplauden. Practica el lenguaje del silencio y el secreto divino. Echa raíces espirituales quien, consciente de vivir en presencia de Dios, busca agradarle en todo. Que tus actos lo sepa quien tiene que saberlo.
No necesitas decir a cuatro vientos que eres persona de oración. Tu rostro lo dirá por ti. También lo dirá tu prudencia, tu manera de interpretar las cosas, tu amor por los demás. Cualquier palabra que salga de tu boca será tu cédula de identidad. No te promuevas espiritualmente. Sencillamente, entra en tu aposento. Este aposento no es necesariamente físico, sino el interior. Por dentro puedes llevar una capilla ardiente, una oración incesante, un corazón encendido del diálogo discreto con el Señor. Allí en lo escondido, en lo oculto, sin divulgaciones públicas, nace la verdadera unción del alma. Y sin saber cómo, la gente misma te pedirá oración. Porque la vida de oración no se improvisa y no requiere propaganda, ella se contagia en el silencio y el secreto divinos. En este sentido, no tengas miedo de cerrar la puerta.
Cuando ayunes, hagas sacrificios… traga con determinación cualquier divulgación de tus esfuerzos. Ofrece tus pequeñas cuotas de sufrimiento, dejándolas en la cruz redentora de Cristo. Pide la gracia de ocultar algunos pesares en el alma, sin que los demás se enteren. Esto es valentía. Poder ser amable y cordial, sonreír llevando una espina en el corazón. Y que cada gota de tu sangre cale en el mismo costado de Cristo, sabiéndolo sólo quien tiene que saberlo. No llames la atención de quien no necesita enterarse. Este ejercicio poco a poco te ayudará a echar raíces y a sostenerte sin muletas en la fe.
Hazte preguntas y busca respuestas. Es impresionante lo que ayuda no pasar a las cuestiones por arriba, sino buscar a fondo, en tu interior, como quien escarba en un terreno con determinación y paciencia. Pregúntate a sinceridad: ¿Soy una persona prudente? ¿Qué significa la prudencia para mí? ¿Qué queda de mí si soy solidario y no me lo agradecen? ¿Podría vivir sin aplausos? ¿He hecho alguna cosa para que me vea la gente? ¿Qué quiero que la gente vea de mí? ¿He identificado en mi vida cotidiana alguna tendencia a la hipocresía? ¿Cómo se cura la hipocresía según el evangelio de hoy? ¿Cuáles son los frutos de ser persona auténtica?
Señor: aquí me encuentro. Dame la gracia del silencio y de la prudencia. Que tu Espíritu me despierte el gusto por agradarte. Deseo tener conciencia cada vez mayor de tu presencia. Porque si vamos juntos, y hacemos las cosas juntos, no tendré necesidad de pavonearme para que me vean. Que sepa valorar tu mirada sobre mí, que pueda darle el sentido que amerita. Ampárame tú, Señor; no quiero la muleta de los reconocimientos para sostenerme. Como dice el salmista, quiero ser fuerte y valiente esperando en ti, mi Dios y mi Señor.
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY
