(Am 8,4-6.9-12; Sal 118; Mt 9,9-13).
NO SÓLO DE PAN VIVE LA PERSONA
La primera lectura del profeta Amós, nos fundamenta que no sólo de pan vive el ser humano. La profecía, que es la Palabra que sale de la boca de Dios, es necesaria e imprescindible para que el hombre y la mujer vivan. Ella denuncia, corrige, busca la conversión de corazón a fin de que entre nosotros, los hijos e hijas de Dios, no haya injusticia ni explotación de los más pobres. La Palabra te revela los criterios de vida y convivencia del Señor para nosotros.
Amós visiona que habrá hambre en la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de la Palabra del Señor. ¿Por qué esta hambruna? Porque la tenemos entre nosotros y no le hacemos caso. La Palabra se nos da como chorro de agua limpia y pura; pero corre y se desperdicia, no se aprovecha. No por casualidad, denuncia el profeta, que irá el pueblo vacilante, vagando sin rumbo buscándola y no la encontrarán. Hoy la profecía nos invita a despertar, para que nunca nos falte la Palabra ni quienes nos la prediquen.
Si nos llegara a faltar la Palabra nuestra vida estaría oscura, sin luz, desorientada y perdida. Por eso, nos enseña el salmista, a guardarla de todo corazón para no desviarnos de su camino. Como el orante, tú también has de desearla y darle su valor. Ahí está el deseo santo y perfecto. Abre la boca, que el Señor te la llene de sus manjares exquisitos.
La conciencia de que no sólo de pan vive el hombre, la tuvo Mateo. Cuando experimentó la mirada de Jesús sobre él percibió que había algo más. Algo más de su rutina, sentado en el mostrador cobrando impuestos. Hasta el momento había comido alimentos perecederos. Pero cuando pasó a la mesa con Jesús, comenzó a saborear los manjares eternos.
Pregúntate en el silencio de tu oración: ¿De qué estás viviendo? ¿Qué te está sosteniendo el estómago de la existencia? ¿De qué tienes llena la despensa de tu corazón? ¿Tú has sentido hambre en tu alma? ¿Qué pan le das a tu alma? ¿Por qué el pan que quita el hambre del alma no se compra con dinero? ¿La Palabra, en tu mesa, está siendo medicina? ¿Tú sientes más salud, más paz, luego de haber compartido la mesa con Jesús y los hermanos? ¿Por qué la mesa compartida es un espacio sagrado? ¿Cuánto te paras de la mesa sale satisfecho en tu cuerpo y en tu espíritu? ¿En la mesa de tu casa se sienta Jesús, lo tienen en cuenta? ¿Cuáles pobres se han sentado en tu mesa? ¿Cuáles provisiones espirituales necesita buscar tu corazón, dónde piensas buscarla?
Señor: gracias porque viniste a mi casa y te sentaste en mi mesa. Quitaste mi atención del pan, y lo más importante fue tu Palabra; Ella me ha hecho vivir. Me impresiona el valor espiritual de comer contigo. Al comer contigo, Señor, en comunidad, nos une un solo corazón y una sola alma en torno a tu proyecto de vida. Almorzamos o cenamos juntos cuando los asuntos giran en torno a tu Reino. Hay comidas que son, Señor, verdaderos ejercicios espirituales, porque lo más relevante es pararse de la mesa con el alma satisfecha de amor, y con las fuerzas suficientes para seguir sirviendo y amando en tu Nombre. Gracias Señor por providenciar el pan de la mesa y el pan de la Palabra, el pan de la Eucaristía.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 5/7/24
