MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 11/7/24

(Os 11,1b-4.8c-9; Sal 79; Mt 10,7-15).

LOS TIERNOS CUIDADOS DE DIOS

La primera lectura del profeta Oseas describe la figura de Dios Padre, quien se ha comportado como una madre con su pueblo, a pesar de la terquedad y rebeldía de este. El Señor mismo manifiesta que cuando Israel era pequeño Él lo amó. Tú, puedes hacer memoria, con esta lectura, de cómo el Señor te ha venido acompañando y custodiando hasta el sol de hoy y siempre.

Ve hasta donde la memoria te lo permita. Identifica la voz del Señor allí, donde te llamaba desde los enredos de tu niñez y juventud, para que salgas de las esclavitudes. Recuerda las veces que te alejabas, mientras más Él te llamaba, mediante tu madre, tus hermanos, tus verdaderos amigos. ¿Cuántas veces corriste la vía contraria a la que el Señor te mostró?

Puntualiza esos momentos cuando te enseñaron a andar, a comportarte, a leer, a escribir, a hacer oficios y trabajos. Muchas veces Dios te abrazó y te besó. Te curó con sus propias manos. Él llegó a ponerte saliva y una hierbita dulce para que no sangres cuando tú te caías por travesuras. Pero tú, en ese momento, no sabías que era Dios quien te amaba con locura y que sufría contigo. No podías identificar la misericordia operando. Esas manos tan rutinarias y rústicas para ti, del abuelo, de la abuela, eran las mismas manos de Dios.

¿Cuántas veces viste la “correa”; esa correa que te ponía a saltar, a salir corriendo? En ocasiones te alcanzaba y en otras te la dejaban pasar, porque sencillamente tú conmovías las entrañas y revolvías el corazón. Después de las correcciones te bañaban y te daban de comer. Y tú no comprendías lo que buscaban hacer de ti.

Con razón dice el salmista que Dios es un pastor; a pesar de estar sentado sobre querubines se abaja para visitarte y hacer en ti grandes inversiones de amor. Tú eras esa pequeña cepa plantada por sus manos, y en ellas te fuiste haciendo viña frondosa.

El evangelio te muestra el camino de gratitud. Te educaron a fin de que sirvas para algo bueno. Escucha la voz del Señor cuando manda a sus discípulos: “Vayan y proclamen que el Reino de los cielos está cerca”. Lo mismo que el Señor ha hecho contigo, tú estás llamado a hacerlo con los demás, en su Nombre. Anda, tú que fuiste curado, cura. Tú que estabas como muerto y volviste a la vida, enseña el camino para vivir de manera resucitada. Tú que supiste lo que eran las manchas del pecado, ayuda a que otros puedan también quedar limpios por misericordia. No necesitas para el trayecto ni oro ni plata, sólo es preciso conservar la memoria de amor, la comunidad, y la actitud de sacrificio.

Pregúntate en el silencio de tu reflexión: ¿Tú puedes recordar cuando eras como una planta pequeña? ¿Qué hubiese sido de ti sin cuidados y protección? ¿Por qué se interesaron en ti? ¿Dónde está la gratitud de tu corazón y cómo se expresa? ¿De qué circunstancias concretas te rescató el pastor? ¿Cuáles fueron las principales correcciones que marcaron tu infancia y tu juventud? ¿Cuál es tu actitud ahora, siendo como un árbol frondoso? ¿Tú sabes abajarte para enseñar a otros a subir?

Señor: gracias por la paciencia que has tenido conmigo; por invertir en mí sin que apenas supieras que eras tú. No me sacaliñas la gracia, sino que se ha despertado mi conciencia. Me rescataste una y mil veces de las garras de las fieras. Me reservaste para ti portentosamente. Y ahora, Señor, todos mis sentidos a una gritan: fidelidad para el Señor que ha sido autor de maravillas. Tu prudencia, tu discreción y paciencia me sorprenden de manera formidable. Me esperaste y ahora yo sigo esperando ti. Todavía me falta crecer y, sobre todo, consumirme en ti y a tu servicio. Hago mía en este día la frase de san Benito Abad: “El primer grado de la humildad es una obediencia sin demora”.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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