(Os 14,2-10; Sal 50; Mt 10,16-23).
EL QUE PERSEVERE HASTA EL FIN SE SALVARÁ
Hoy, el conjunto de las lecturas tienen una invitación para ti: perseverar en el Señor. El profeta Oseas, como al pueblo de Israel, te llama a la conversión sincera. Te presenta la vida en Dios como un camino, donde el pecado te hace tropezar. El vocero de Dios te motiva a levantarte de los extravíos, por la convicción de que el Señor te espera y te ama aun sin merecerlo. Él está listo para curarte las heridas que no te hizo; tiene el rocío para hidratar la aridez de tu alma y el perfume de misericordia para esfumar el hedor del pecado.
El Salmo 50 es un reflejo de la agonía que vive la persona que no está en reconciliación con el Señor. Por eso, se cobija bajo la inmensa compasión del Señor para suplicar que le haga un corazón nuevo. Él, ante el Señor, como un espejo, quiere quedar limpio. Su delito borró su alegría; desea recuperarla en el Señor. Pero, al saberse débil y vulnerable, pide la gracia de ser renovado con un espíritu firme. O sea, quiere perseverar en fe y no volver a fallar. Promete al Señor que si le abre los labios, su boca proclamará su alabanza.
La comunidad de discípulos escogida por Jesús son personas que como tú y como yo, el Señor les abrió los labios para llevar su Palabra. Él te manda hoy, y te dice que aprendas a ser astuto como una serpiente y sencillo como una paloma. Cuanto llevas los valores del evangelio a la sociedad, no encuentras abundantes creyentes, que desean la santidad de vida, sino que te arropan muchos lobos. El Señor te entrena para habitar en medio de lobos, peligrosos por sus garras afiladas. Él te capacita para que vivas y sirvas ahí, perseverando, sin convertirte en otro lobo, dando testimonio de cómo viven y conviven las ovejas del Señor.
El tesoro del seguimiento a Jesús va acompañado con persecuciones. Cuando tú tengas asechanzas en tu compromiso con el Señor, entonces, date ánimo y persevera, porque lo estás haciendo bien. El amigo aliado para perseverar es el Espíritu Santo. Él es quien te ofrece la palabra y la actitud ciertas para no sucumbir. Tú debes decidir a quién le crees: si a las traiciones, a las tormentas, a los falsos testimonios, o quien te dice: “el que persevere hasta el fin se salvará”.
Algunas preguntas para reflexionar: ¿De dónde te ha sacado el Señor? ¿Te mantienes en la nueva vida que Él te ha dado? ¿Cuáles vientos intentan hacerte desistir? ¿Cuáles cosas te desaniman en el seguimiento del Señor? ¿Tú le estás siguiendo por sentimientos o convencimiento? ¿Seguir al Señor es cuestión de estar animado o motivado por alguien? ¿Tú también le pedirías al Señor un espíritu firme? ¿Dónde te alimentas espiritualmente para tener una fe firme? ¿Por qué la perseverancia y la esperanza se compenetran mutuamente? ¿Cómo tú sientes la presencia del Espíritu Santo acompañándote en tu seguimiento de Jesús?
Señor: cuando me vea ante la tentación de relajarme en tu seguimiento, dame la gracia de levantar la vista y de tomar conciencia de que la eternidad está junto a ti. No quiero rendirme ante propuestas pasajeras que extravían la centralidad de mi alma. Abre mis ojos y destapa mis oídos. Que no escuche ni me seduzcan otras voces, que no sienta miedo de mi opción por ti. Gracias, Señor, porque mandas tu Espíritu para guiar mis combates; gracias porque me enseñas a evadir los lobos y a servirte en comunidad, con la astucia de la serpiente y la sencillez de la paloma. Hoy hago caligrafía, Señor, en mi corazón: ¡El que persevere hasta el fin, se salvará!
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 12/7/24
