XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Am 7,12-15; Sal 84; Ef 1,3-14; Mc 6,7-13)
ENVIADOS DE DOS EN DOS
El domingo pasado meditamos en el evangelio que el Señor llegó a su pueblo natal en compañía de sus discípulos. La escena de la predicación en Nazaret muestra que Él no andaba solo. En el pasaje de este día, observamos la coherencia de su comportamiento al mandar a los discípulos a predicar de dos en dos. Recordamos que el desprecio que le hicieron entre sus conocidos no incidió en su convencimiento. El rechazo en su tierra le sirvió de impulso para llevar la buena nueva a todos los rincones. ¿Por qué de dos en dos y en qué condiciones? Consideremos algunos criterios:
El testimonio es válido y fuerte cuando dos personas lo afirman. Las palabras, la coherencia, fundamentan y ayudan a que los demás crean, y esto es lo importante. Uno para el otro sirve de memoria para garantizar la frescura de las enseñanzas de Jesús y los criterios del envío.
El Señor les mandó con autoridad. La autoridad del Espíritu, compartida entre ellos como el mismo Jesús lo hizo. La autoridad no es para otra cosa a no ser desterrar el espíritu del mal y hacer visible el Reino de Dios.
Los encargos que el Señor les hizo para el camino, donde sólo les permitió llevar “bastón y sandalias” dejan pensar en la itinerancia de los peregrinos. Es duro andar solo por la vida, porque en soledad la fraternidad no es posible. Los caminos son largos y la mente puede traicionar. Sin embargo, en la unidad fraterna se disfrutan las vivencias y se retoman las experiencias de cada jornada. Uno aprende a discernir cuando va con el otro, confrontando, considerando, indicando las pautas para mejorar.
El Señor manda de dos en dos, con un estilo sencillo, austero, pobre. Si alguno cae en tentación de instalarse, buscar ventajas, sacar provecho o cambiar de casa por comodidad, el otro recuerda, que el envío no fue con maletas, sino con un hermano y con “poder espiritual”, el único vestido válido y verdadero para los fieles amigos de Jesús.
Cuando llegan los momentos de crisis, de frustración en la misión, uno recuerda al otro el llamado a “sacudir el polvo de los pies”, a no sufrir por el rechazo, sino a continuar porque mientras unos menosprecian, hay otros sedientos y hambrientos del mensaje que no permitirán que una sola palabra se desperdicie ni caiga al vacío. ¡Ay de mí si me faltara el buen consuelo del amigo!
En la primera lectura se observó la contrariedad entre Amasías (sacerdote al servicio del rey) y Amós, que era el vocero del Señor. Deja pensar que no es el oficio que integra a dos personas, sino la unidad en el Señor. La segunda lectura, de Pablo a los Efesios, se expresa desde un constante plural. Afirma hermosamente que el Padre nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Como ha quedado manifiesto en el evangelio, lo ha hecho para que vayamos ungidos y preparados para la misión; llevando, para para hacer creíble la Palabra, una vida santa e irreprochable.
El Salmo nos da una catequesis de cómo las virtudes caminan de dos en dos: “la misericordia y fidelidad se encuentran”; “la justicia y la paz se besan”. La comunión es necesaria para que el Señor muestre su misericordia y su salvación.
Algunas preguntas para reflexionar: ¿tú sabes caminar con otros? ¿Tú permites que la otra persona sea memoria para ti? ¿Disfrutas el camino cuando lo compartes con los hermanos? ¿Cómo tú favoreces la vida fraterna? ¿Cómo custodias la comunidad? ¿Tú comunidad es peregrina? ¿Hacia dónde van caminando? ¿Se comparte el poder, al servicio de quién está? ¿Qué ocurre cuando caminan juntos sin ponerse de acuerdo? ¿Cómo hacer que la unidad comunitaria se fortalezca en torno a Cristo Jesús? ¿Por qué el amor y la fidelidad al Señor hace posible el caminar de dos en dos?
Señor: enséñame a caminar con los otros, de la misma manera que tú caminas con el Padre y con el Espíritu. No quiero pisar los pies del hermano ni de la hermana cuando voy andando. Señor, quiero ser en mi propio cansancio, sombra fresca para que los demás descansen y renueven sus fuerzas. Dame la gracia de ser pozo de agua, memoria y consuelo. Que nunca me falte la humildad necesaria para no hacer de tu gracia un privilegio o una distinción. Dame, Señor, pensamiento comunitario. Que mis actitudes reflejen el celo por tu mensaje. Dame a conocer y a valorar el misterio de tu voluntad.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS (14/7/24)
