(Is 7,1-9; Sal 47; Mt 11,20-24).
¿PIENSAS SUBIR AL CIELO?
El Señor Jesús, en el evangelio de hoy, cuestiona fuertemente a tres ciudades: a Corazaín y a Betsaida, en un primer momento; porque desaprovecharon las oportunidades y las gracias para convertirse de corazón. Los milagros allí acontecidos, las enseñanzas del Señor, no les llevaron a un cambio de vida. Se quedaron en sus avances y no en la novedad traída por Jesús. La tercera ciudad, Cafarnaúm, recibe el cuestionamiento central: “¿Piensas subir al cielo?”. El Señor las compara con otros lugares, que tuvieron menos chance de su actividad misionera, como Tiro y Sidón, en zona fronteriza; y la misma Sodoma que sí lo hubiesen aprovechado.
Y tú, ¿piensas subir al cielo? La ruta hacia el cielo, hacia el corazón de Dios, está sin asfaltar. Pero tiene señales en medio a múltiples encrucijadas que llevan a la confusión. ¿Estás siguiendo las señales verdaderas? Mira cómo el Señor providencia las señalizaciones o el discernimiento para que no te pierdas. Él manda profetas o mensajeros para indicar el camino. Es lo que hizo Isaías, en la primera lectura de hoy, aconsejó al rey Acaz para que no se dejase impresionar por las fuertes amenazas que le cercaban e intentaban derribarlo.
Si tú quieres subir al cielo, no te acobardes ante los tizones humeantes que te intimidan. Contrariamente, mantén tu mente y tu corazón ante la Palabra que se te da y vívela fielmente. No desperdicies los mensajes que el Señor te da cada día. Acoge con sinceridad las mismas palabras que el profeta pronuncia: “Si no creen, no subsistirán”. La ruta que lleva al cielo se apoya en el GPS de la fe y la confianza en el Señor.
Lo mismo que pasó con esas tres ciudades descuidadas también pudiera pasar contigo y conmigo. Pero las aguas subterráneas del salmo nos dan las pautas para no fallar en la ruta que lleva al cielo.
La ruta que lleva al cielo te deja en la ciudad del gran Rey. Esta ciudad no está fuera del mundo, sino que está en tu propio corazón. En tu corazón el Señor desea profundamente fundar esta ciudad para habitarla. Él prepara sus murallas y por más que intenten derribarla, no pueden; porque su presencia en ti, te da una altura hermosa sobre la base de la humildad. El cielo comienza cuando el corazón se convierte.
Pregúntate en silencio: ¿Tú sabías que al Señor le disgusta las actitudes de quien recibe y no responde? ¿Eres consciente de que cuando el Señor invierte espera una respuesta? ¿Cuánto han invertido en ti? ¿Tú estás cogiendo juicio? ¿Estás aprendiendo? ¿O tiene el Señor que reclamarte porque te estás distrayendo de lo que te hace bien? ¿Tú pretendes subir al cielo sin convertirte seriamente? ¿Tú sabes que estás vivo por misericordia? ¿Comprendes que la misericordia te da un chance para enmendarte y por eso te deja vivir en esta tierra un poco más?
Señor: yo quiero subir al cielo. Y para esto necesito que me enseñes a bajarme. Necesito bajarme para que tú me subas. Pido, en este día especial, la gracia intercesora de Nuestra Señora del Carmen, para que yo pueda ser dócil a las enseñanzas y a la voluntad de Dios. Que la ciudad que tú quieres fundar en mí, esa ciudad de vista hermosa y sólida por ti, sea custodiada por Santa María. De esta manera, Señor, quiero serte fiel. Y que esta ciudad pueda recibir a muchos peregrinos que busquen conocerte. Que yo pueda, Señor, en tu gracia, enseñar la ruta que lleva al cielo. Qué más deseo que ser guía de eternidad para todos cuantos han extraviado la ruta.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 16/7/24
