MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY:31/7/24

(Jr 15,10.16-21; Sal 58; Mt 13,44-45).

EL TESORO Y LA PERLA

Jesús hoy nos compara el Reino de los Cielos con un tesoro escondido en el campo. Tesoro, porque es de incalculable valor. Escondido, porque sólo puede descubrirlo quien se abre a la gracia. Cuando falta la fe, el corazón se embota. No se sorprende cuando Dios se revela. Quien vive en la dispersión y en la distracción de este mundo anda buscando sin encontrar nada, porque nada de lo que encuentra le da plenitud. La vanidad ciega los ojos del alma.

Quien camina por el campo, el campo de la existencia y del propio corazón, con humildad y sencillez, puede experimentar las palabras bienaventuradas: “los limpios de corazón verán a Dios”; es así cuando la revelación es acogida. El cielo se abre y tú puedes contemplarlo. La luz del Espíritu ilumina tus opciones y te llena de alegría. Vuelves, entonces, a esconder el tesoro. Lo haces así porque colocas lo más valioso en un lugar donde el enemigo no pueda llevárselo. No te dejas robar la experiencia del Señor, la paz, su persona, la plenitud que te ha dado. Lo encontraste y no lo quieres soltar. Por eso, nace la decisión radical de vender todo lo que tenías. Todo lo anterior al encuentro con Jesús es nada en comparación de ganarlo a Él.

Para adquirir el tesoro es necesario el desapego de otras riquezas y prioridades. Porque uno se dispersa custodiando en distintos lugares. Lo más sabio es centralizar el interés en Cristo Jesús y la construcción de su Reino, la inversión perfecta.

También el Señor compara el Reino de los Cielos con un comerciante en perlas finas. Hay quienes han asociado dicho comerciante con Dios; en el sentido de que Él también sale a tu encuentro. Dios Padre no escatima nada para que seas plenamente de Él. También se desprende de todo lo que tiene, su Hijo único, para ganarte a precio de sangre. El Señor es para ti un tesoro y tú eres para Él una perla preciosa.

En el profeta Jeremías se muestran las implicaciones de tal sentido de pertenencia. Quien ama la Palabra, se deleita en ella y la hace vida, sabe lo que supone haber comprado el tesoro. Este tesoro marca la manera de vivir y las opciones. Como resultado encuentra pleitos y contiendas. De la misma manera en que el profeta custodia el tesoro, Dios tiene que custodiar al profeta que se esconde en Él para sobrevivir. Es así cuando recita el salmista: “Dios es mi refugio en el momento del peligro”.

Algunas preguntas para reflexionar: ¿Tú has caminado en el campo de tu propio corazón? ¿Necesitas el colirio de la fe para mirar bien? ¿Qué cosas valiosas has encontrado en el interior? ¿Cuál ha sido la de mayor valor? ¿El mayor valor de tu corazón se llama Jesús? ¿Has regateado el precio para comprarlo? ¿Qué necesitas vender para ganar al Señor? ¿Tú te sabes perla de Dios? ¿Qué ha hecho el Señor por ti y que tú estás haciendo por Él? ¿Qué implica para ti ser servidor o servidora del Reino?

Señor: andaba descalzo por el jardín de mi alma cuando me fijé en ti. Me fijé en ti porque tu mirada ya me quemaba y me atrajo. Tú tuviste la iniciativa. Resolví vender todo, Señor. Una venta que nunca termina, porque siempre debo estar invirtiendo en ti, mi ganancia perfecta. Con tu encuentro nació mi alegría. No sabía de gozo hasta hallarte y quedarme contigo. Se acabaron mis complejos, Señor, cuando me supe una perla preciosa en tus manos. Una perla que tú esculpes cada día para poder así representar tus intereses en el mercado de la vida. Aquí estoy Señor, dame la conciencia, dame el discernimiento, para saber situarme en este armonioso sentido de pertenencia; que yo te tengo y que tú me tienes para construir tu Reino.

San Ignacio de Loyola, ruega por nosotros y por la paz del mundo entero.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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