MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 6/8/24

(Dn 7,9-10.13-14;
Sal 96; 2P 1,16-19; Mc 9,2-10).

TRANSFIGURACIÓN: FUERZA PARA EL CAMINO

Este día celebramos la fiesta de la transfiguración del Señor. La tradición sitúa el acontecimiento de la transfiguración 40 días antes de la crucifixión de Jesús. La fiesta de hoy, en este aspecto, está fijada 40 días antes de la Exaltación de la Santa Cruz, que será el 14 de septiembre.

En el contexto de la transfiguración se destaca el escándalo de los discípulos, especialmente de Pedro, porque no admitía el misterio de la cruz y del sufrimiento. De ahí que la transfiguración fue un acontecimiento necesario a fin de fortalecer la fe débil de los discípulos. Porque la cruz no sería el final del creyente, sino la gloria divina. La transfiguración es, en este sentido, un adelanto de aquello que le espera a los que perseveren hasta el final. De esta manera, no temerán las diversas tribulaciones y pruebas del camino. 

Sin dar explicaciones, Jesús escogió, entre sus discípulos, a tres testigos: Pedro, Santiago y Juan; se los llevó a la montaña y se transfiguró delante de ellos. O sea, cambió de forma. Se manifestó. Se transformó. Sus vestidos se volvieron blanco deslumbrante. Se les aparecieron Elías y Moisés; el misterio condensado se reveló en un solo acontecimiento inexplicable e inimaginable. Quizás tú y yo, diríamos como Pedro: “Maestro, ¡qué bien se está aquí!”. Sin embargo, la voz salida de una nube aclaró: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”.  

¿Qué hay que escuchar? Todas las enseñanzas de Jesús. No hay gloria sin cruz. Si tú quisieras decir algún día: ¡qué bien se está aquí!, en el cielo, con los santos, con los ángeles; entonces niégate a ti mismo, toma tu cruz, y haz lo que Él diga, como también enseña María, la madre de Jesús.

Tú llevas la montaña dentro de tu corazón. El Señor te invita a subir cada día mediante la Santa Eucaristía. Ella te adelanta el cielo. Te visualiza el Reino. La Santa Comunión te muestra la gloria que desde ya se te da, con la intención de que tengas fuerzas, y no desmayes en la lucha y el compromiso. Cuando comulgas con conciencia tu corazón también se va transformando con una blancura indescriptible. Porque quien comulga conscientemente sabe perdonar, se sana de corazón; y al borrar todo tipo de amargura y resentimiento, también recupera su color a santidad, revitaliza las fuerzas para amar y servir.

La visión de Daniel, en la primera lectura, donde se presenta un anciano sentado en el trono, está unida al sentido del salmo, quien nos dice que el Señor reina, altísimo sobre la tierra. Pedro, en la segunda lectura, recuerda la experiencia de la montaña, y nos aconseja, a todos los cristianos, a prestarle atención a esa voz incrustada en la historia, que desea alcanzar, hoy, los oídos de cada corazón: “Este es mi Hijo amado; escúchenlo”.

Pregúntate en tu interior: ¿cómo está tu fe en los momentos de gloria y cómo está tu fe en los momentos de prueba y oscuridad? ¿Tú has sentido la tentación de salir huyendo de alguna dificultad? ¿Te quieres quedar instalado en la montaña y no volver a ver el camino de bajar? ¿Qué tú buscas en la montaña? ¿Cómo bajas de la montaña? ¿La fuerza de la experiencia espiritual para qué te sirve, en qué la empleas, cómo la consumes? ¿Tú estás poniendo atención a la voz del Señor dentro de ti? ¿Le haces caso? ¿Cuándo el Señor te mira también puede decirse de ti que te comportas como hijo amado, como hija amada? ¿Qué color estás vistiendo: el color de la desolación o el color de la santidad?

Señor: Quiero que me invites como a tus más íntimos amigos a caminar contigo hacia la montaña de mi corazón. Deseo escalar el alma en tu presencia y bajo tu guía. En el silencio del camino muéstrame tus secretos, Señor. Instruye mi ignorancia para que venga yo a saber la dignidad que me reviste al tú haberme elegido. Indícame la actitud de escucha y obediencia. Que tu Palabra sea, Señor, música y sendero de bajada. Que no me espanten los sufrimientos ni el cansancio paralice mi entrega. Líbrame de rechazar la cruz, porque tengo la esperanza viva de decir algún día, ¡qué bien se está aquí!. Señor, que en cada Eucaristía experimente una porción de la gloria que nos tienes prometida.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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