MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY: 9/8/24

(Mt 16,24-28).

EL SENTIDO DE LA CRUZ

Jesús le dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Cuando tú decidiste seguir al Señor, lo hiciste con libertad. Te atrajo su persona. Quisiste una relación fascinante con Él. Te cautivó. Muchos quieren vivir esta experiencia íntima con Él; comienzan el camino, pero mientras van avanzando encuentran la exigencia de que no hay auténtico seguimiento sin la negación de sí mismo.

Negarse a sí mismo puede ser comparado con la actitud interior de dejar secar las propias pretensiones para ir uniéndose poco a poco al ser de Cristo. Es cortar o podar las tendencias personales, para reemplazar los valores que se creen tener, por los que Cristo sugiere, en sus enseñanzas. Negarse es ir muriendo lentamente a ser lo primero y a quedarse de último sin dejar de servir bien y con alegría. Es ejercitar con juicio y determinación lo que manda el evangelio, aunque mendigando la gracia al Espíritu Santo.

La negación de sí es ser manso y humilde. Es decir “no” a ti mismo, para acogerlo a Él como el único “sí” verdadero. Es renuncia consciente para abrir mayor espacio. Porque no tiene sentido la negación sin la certeza del Don que se te da en cada renuncia.

Sin la negación no hay cómo cargar la cruz y ser feliz. Si no encuentras el sentido de la cruz que te toca llevar caes en la tristeza. Hay gente que pretende tener buena amistad con Cristo, pero no acepta la cruz con paz. Busca deshacerse del punto de unión con Cristo, y se contradice. El Señor te recuerda que tomes con amor la que te toca llevar; dale, desde la fe, la interpretación, de unirla a la de Él, quien sabe cargarla sin quejarse, en silencio y obediencia. Cuando tú llevas la cruz necesaria que te ha tocado, deja de pesarte como te podría estar pesando. Sólo se te pide que la ofrezcas y que aprendas a sufrir, aunque sea un poco, por Cristo. El sufrimiento, como alguien dijo alguna vez, es como la basura, que nadie lo quiere, pero bien aprovechado sirve de abono.

La felicidad cristiana consiste en tomar la cruz y seguirlo a Él. Porque Él lleva justamente al puerto seguro, donde no habrá más cruz; a la fuente de vida plena y resucitada. Para entrar, es preciso, ahora, saber morir y saber cargar. Por eso, nos enseña el Señor a no querer ganar el mundo y malograr la vida. Tú malogras la vida buscando comodidad, cuando el camino para ganarla es de sacrificio y entrega. No malogres tu vida reservándola y escondiéndote para que no te encuentren. No podrás hacer nada para recuperar aquello que no está en tus manos preservar. Porque el dueño de la existencia, aquel que da la vida y la muerte, tiene la última palabra; tú, nada determinas.

Pregúntate en tu interior: ¿qué cruz estás cargando en este momento de tu vida? ¿Tú llevas la cruz con paciencia, le estás dando sentido desde la fe? ¿Tú sabes que esa cruz que no puedes dejar es tu mejor amiga para alcanzar la santidad? ¿Le estás dando a la cruz el sentido que tiene, uniéndola a la cruz de Cristo? ¿Tú sabes que ese sacrificio que tienes lo puedes ofrecer para que se vayan purgando tus faltas? ¿Estás aprovechando la cruz para ganar la vida plena? ¿Te has puesto cruz innecesaria? ¿Estás llevando el peso equivocado? ¿Te has inventado un sufrimiento barato, que no da fruto ni sirve para nada? ¿Esa cruz que carga les está dando felicidad a los demás? ¿Quién está viviendo mejor por la cruz que tú llevas?

Señor: tú quieres la felicidad para todos nosotros. Sin embargo, entiendo que no puede haber felicidad sin el proceso necesario para uno purgarse y redimirse. La felicidad que tú nos ofreces exige sacrificio y renuncia. Yo te suplico para mí y mis hermanos, la gracia de poder interpretar con los ojos de la fe la cruz que nos toca llevar. Cuando siento tu consuelo, Señor, mi cruz se torna ligera y llevadera. Porque el misterio del Espíritu Santo me abraza con fuerza y me da la luz para el camino. Es indescriptible la experiencia de ser feliz mediante una obediencia que demanda tanto sacrificio. En esta locura de amor, Señor, quiero seguirte. Voy detrás, intentando, por tu infinita misericordia, imitar tus pasos.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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