MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 12/8/24

(Ez 1,2-5.24-28c; Sal 148; Mt 17,21-26).

DAR GLORIA A DIOS

No pocas veces escuchamos la expresión: “para gloria de Dios”. Pero qué significa su gloria. El profeta Ezequiel te ayuda a comprenderlo. En la primera lectura fundamenta que la gloria de Dios se manifiesta, se hace visible, como él mismo lo testimonió. La gloria de Dios es su grandeza, su majestad, su poder operando en la historia, movido por el amor. Ezequiel, sensible a la presencia del Señor, pudo descubrirla, y reconocerla. La actitud que tuvo, te dice qué postura tener ante ella. Él afirmó que, al contemplarla, “cayó rostro en tierra”. Dar gloria a Dios es saber situarse ante su divinidad y tomar el puesto correspondiente, en alabanza y respeto.

La gloria de Dios está siempre presente y operante, aunque en ocasiones se haga visible de manera más portentosa. La gloria de Dios es su amor y providencia, dándose a voces y discretamente. Por esto, expresa el orante en el salmo del día que los cielos y la tierra están llenos de su gloria. En la Biblia no está la palabra “cosmos” ni “universo”; todo cuanto existe se encierra en la expresión “cielo y tierra”. Quiere decir que tú vives sumergido en la gloria de Dios; y cada instante de tu existencia puedes direccionarlo para dar gloria al Señor, con todo lo que eres y en todo lo que hagas.

¿Cómo puedes dar gloria a Él en el día a día? El mismo salmo te adiestra para mantener esta actitud orante. Se te invita a alabar al Señor siempre, en unidad con todos sus ángeles; puedes impulsar que la tierra se convierta en cielo. Cuando el salmo dice, que lo alaben los príncipes, jefes, jóvenes, doncellas, ancianos y niños, te está introduciendo en la hermosa armonía del amor, de la unidad, de la sinodalidad. La gloria de Dios convoca a vivir sin descartar a nadie. Todos congregados por Él, para caminar comunitariamente hacia Él, quien comparte su gloria y su santidad para que todos vivan.

En el evangelio, Jesús te da una sabia enseñanza de qué significa vivir para dar gloria a Dios. Él habla a los suyos de la muerte en cruz que tiene que afrontar. Cuando el Señor muere en la cruz, por amor a la humanidad y a la creación, está dando gloria a Dios; ha demostrado amor y obediencia hasta el extremo. Cuando tú te sacrificas para que otros tengan vida, te sumas a Jesús y con Él también das gloria al Padre. Tú sólo puedes dar gloria al Padre, porque Él te la ha compartido primero. Le das de lo que te dio. Si el Padre no te la hubiese compartido, no tendrías nada para corresponderle. De esta manera, cuando das gloria al Señor, estás siendo, sencillamente, agradecido.

En el pasaje de hoy, el Señor manda a Pedro a no escandalizar y a pagar los impuestos; ahí también está dando gloria a Dios. Porque lo hace por Dios; evitando, en todo lo posible, que el sistema político no coarte la misión del Reino. Jesús entra en la dinámica de cumplir los deberes sociales, pero siempre en vista de un bien mayor, un bien para todos.

Finalmente, enseña el Catecismo de la Iglesia, “El que da gloria al Padre lo hace por el Hijo en el Espíritu Santo; el que sigue a Cristo, lo hace porque el Padre lo atrae y el Espíritu lo mueve” (n.259). El fin último, es que tú y yo podamos entrar a vivir plenamente en esta comunión trinitaria. Cuando cultivas el sentido del bien común estás dando gloria al Señor.

Algunas preguntas del silencio. Cuando te identifiques con alguna cuestión puedes detenerte y rumiar. A la luz de lo reflexionado, ¿qué comprendes cuando dices: “Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo”? ¿Cómo interpretas la expresión del Credo: “Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su Reino no tendrá fin”? ¿Cómo vas reconociendo cotidianamente la gloria del Señor? ¿Tú ayudas para que otras personas descubran y reconozcan la gloria de Dios? ¿Cómo se manifiesta la gloria del Señor en tiempos difíciles? ¿Cuál es tu intención profunda al hacer tus servicios pastorales? ¿Qué significa robarle la gloria a Dios? La vida que llevas, ¿manifiesta la gracia de Dios?

Señor: quiero aprender a dar gloria a tu Nombre. Que pueda reconocerte en todo y en todos. Perdón por las veces en que te robé la gloria, atribuyendo resultados a mis pobres capacidades, sin percibir que eres tú el autor de maravillas. Dame la humildad, Señor, que es la base de glorificarte sin cesar. Deseo ejercitarme en esta alabanza continua, la alabanza de vivir en ti y hacer todo, hasta lo más pequeñito, para agradarte. Gracias, Señor, por salir de ti para alcanzarme y compartir tu gloria, tu santidad.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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