MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 13/8/24

(Ez 2,8_3,4; Sal 118; Mt 18,1-5.10.12-14).

ABRE LA BOCA Y COME LA PALABRA

La experiencia que tuvo el profeta Ezequiel con la Palabra de Dios, nos sirve de medida para comprender la profundidad que hemos de tener con ella. Dios mismo le pide: “¡Abre la boca y come lo que te doy!”. La mano del Señor se extiende para alcanzarlo y se la da escrita. Esto se te pide a ti hoy. No te conformes con oír la Palabra o leerla como si fuese una literatura cualquiera. No dejes la Palabra en tu intemperie o periferia existencial. Lo mejor para ti es abrir la boca, o sea, abrir el corazón y saborear cada detalle que esta contiene.

La Palabra es el alimento del vocero y de la vocera de Dios. Por eso el Señor le dice al profeta: “come y habla”. Él abrió la boca, en obediencia y confianza; permitió que saciara sus entrañas. Quien no tiene experiencia profunda con la Palabra no encuentra cómo anunciarla. Si no te alimentas en fe no tendrás nada importante qué decir.

El misterio, y el Espíritu que sostienen la Palabra hacen que el alma de quien la come se sienta satisfecha y con fuerza. Cuando digieres la Palabra tu vida comienza a tener color, sabor y oficio. En un comienzo es dulce. Porque dicha dulzura permite continuar el acto de ingerir el alimento. Tú ingieres la Sagrada Escritura y ya no puedes vivir sin ella, porque el paladar del alma te lo requiere. Cuando la Palabra se comunica desde dentro alcanza el interior de los oyentes. La repercusión de lo anunciado puede transformar la dulzura de la miel en amargura.

En el evangelio del día, los discípulos, preocupados, se acercan a Jesús para preguntarle quién es el más importante en el Reino de los Cielos. Él llamó a un niño y lo puso en medio. El pequeño estaba allí, sin pretensiones ninguna, por obediencia, con mansedumbre, siento útil al Señor, como modelo de humildad. El más importante en el Reino es quien, como el pequeño o la pequeña se deja instruir, educar, porque cree plenamente en el alimento que el Señor le suministra. El Señor es el pastor que alimenta, y no regatea esfuerzo para ir detrás de la oveja extraviada para que nunca le falten los nutrientes de la salvación.

Preguntas del silencio: ¿Qué estás comiendo para alimentar tu espíritu? ¿El alimento que le das al alma la sostiene en su relación con Dios? ¿Tu alma languidece por anemia espiritual? ¿Tú meditas la Palabra que se te da cada día? ¿La Palabra reposa en tus entrañas? ¿Guardas memoria de lo que vas meditando? Cuando abres la boca ¿qué sale de ella? ¿Las cosas que dices reflejan el alimento que consumes? ¿Cómo la Palabra ilumina tus pasos, tus pensamientos, tu rumbo, tus decisiones? ¿Dónde tienes la Biblia en tu casa? ¿Ella está nueva o está bien usada? ¿A qué te sabe la Palabra?

Señor: como el salmista te digo hoy que en tus palabras encuentro dulzura y alegría. Yo amo tus enseñanzas, Señor, por eso te pido humildemente que me des fuerza y valor, determinación y templanza para hacer vida lo que me pides. El paladar de mi alma se ha acostumbrado a tus manjares. Hoy, Señor, abro mi boca para que tú la llenes. Mis ansiedades quedan satisfechas en ti. Gracias, Señor, por buscarme en mis tontos extravíos. Hoy, en tus brazos, quiero reposar, reparar mis fuerzas, y ayudarte a alimentar a quienes deambulan sin los debidos nutrientes de tu casa.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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