MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 15/8/24

(Ap 11,19ª; 12,1-6ª.10ab; Sal 44; 1Cor 15,20-27ª; Lc 1,39-56).

LA MADRE ESTÁ EN EL CIELO
Y PONE ESCALERAS EN LA TIERRA

Hoy celebramos la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Esta es una verdad de fe, un dogma católico: la Madre de Jesús fue elevada en cuerpo y alma a la mansión de inmortalidad preparada por su Hijo, en el cielo. Ahora, pregúntate, ¿cuál es la actitud de la madre, bendecida por tan singular gracia, de ser, como criatura, madre del Salvador y luego glorificada por encima de los ángeles y los santos?

Lo propio de la madre es acelerar la hora para que sus hijos e hijas alcancen, como ella, el cielo. Ella es hacendosa, poniendo escaleras para que ganemos acceso y entrada al Reino de Dios. De ahí que, en su amor materno, indique todos los secretos para poder escalar. La madre, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, es la que pelea por ti para abrirte paso. Ella enfrenta los dragones que te salen al encuentro en el desierto de tu vida, poniéndote obstáculos y barreras para que no avances. La Virgen María, entonces, no se instala en el cielo desentendiéndose del valle de lágrimas que atraviesan todos los que ama.

Mientras el dragón se empeña en hacerte caer con su cola y barrer las huellas que llevan al cielo, la madre intenta impedirlo. La ruta del cielo se borra si tú le sigues el juego al dragón, que seduce al pecado. El pecado es su alimento, robustece su cola, y sus cabezas, con las que intenta tragar tu fe, tu esperanza y tu caridad. Los adornos llamativos que lo revisten buscan distraer tu visión trascendente de la vida, y hacerte desistir de los santos propósitos.

El dragón sueña con que tú creas que no hay un más allá, que no hay cielo ni patria hermosa. Te ofrece villa en el desierto para enredarte y echar a perder tu alma. La Virgen María, a quien él teme, porque lo enfrenta con las armas de la humildad y la obediencia, te enseña el refugio seguro para perseverar, su Hijo, Cristo Jesús, por el cual todos abrazamos la vida.

La misma actitud que María tuvo en la tierra es la que mantiene estando en el cielo. Ella, luego de la anunciación, cuando el ángel Gabriel le da la noticia de ser la elegida para que naciera el Salvador, no sale corriendo, haciendo alarde de su gracia, ni presentándose públicamente, sino que en silencio, se va a servir, a colaborar y a celebrar la fe junto a Isabel, su pariente, en una humilde aldea. La madre sigue sirviendo en el cielo y en la tierra. Es para ti y para mí consuelo y esperanza.

Preguntas del silencio: ¿cuáles son las escaleras que estás identificando para subir al cielo? ¿Cómo tú podrías subir al cielo, sin bajar al suelo de la humildad, como te enseña la madre? ¿Tú identificas la cola del dragón intentando distraerte de la ruta cierta? ¿Por qué el santo Rosario y la Eucaristía son armas poderosas para combatir al dragón? ¿Te estás vistiendo con el traje de la humildad y del servicio al necesitado? ¿Se podría el rey quedar prendado de tu belleza, la belleza que te da la vida en gracia?

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores. Que podamos repetir, durante las horas de este día, y siempre que podamos, las jaculatorias que manifiesten nuestro amor a ti. Hoy te recito: “Ave María purísima, sin pecado concebida”. Que esta expresión, repetida en silencio, de manera orante, pueda introducirme en la pureza de vida y de intención que se requiere para ir al cielo. Que con tu gracia y tu intercesión, Madre nuestra, yo pueda ser escalera para que otras personas escalen al cielo.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

Deja un comentario