Pr 9,1-6; Sal 33; Ef 5,15-20; Jn 6,51-58
VIVIR DE JESÚS:
VIVIR PARA JESÚS.
Este domingo seguimos meditando en torno a Juan 6 y sus enseñanzas sobre la santa Eucaristía. La primera lectura tomada del libro de los Proverbios ya viene vislumbrando un banquete. Es la sabiduría quien, como una señora, dueña de casa, lo prepara. Con prontitud desplaza a sus siervos para invitar a los más necesitados, en este sentido, quienes no tienen experiencias, y están falta de juicio y sensatez. El banquete preparado por doña sabiduría tiene el fin de que todos coman pan y beban vino. Como resultado de ingerir estos alimentos, podrán vivir, dejarán detrás la inexperiencia y seguirán el camino prudente. Si los necios comen de lo preparado por doña sabiduría, alcanzan a ser como ella.
Jesús, el Hijo de Dios, encarna la sabiduría plena. Su carne, cocida en el horno de la cruz, se hace pan y bebida, banquete de gracia al que estamos invitados para alcanzar a ser como Él. Quien lo coma y lo beba sabrá distinguir el origen de su vida y al mismo tiempo, el sentido de ella, porque, al comulgar, se unifica con Jesús. De la misma manera en que el Señor supo que vivía del Padre y para el Padre, así, quien comulga a conciencia puede experimentar el “vivir de Jesús” y “vivir para Jesús”. ¿Qué supone esto?
Vivir de Jesús: tú vives de Jesús porque Él, por amor, se ha convertido en pan vivo bajado del cielo. Él te da el sustento y te asegura la vida. No se ha quedado instalado, sino que se ha movido hasta ti, para que puedas alcanzarlo. Se ha hecho pan accesible para favorecer la vida plena. Vives de Jesús, porque sin Él no eres nada; pierdes la gracia, el sentido de la vida, el rumbo, la inspiración, la esperanza.
Vivir de Jesús es identificar tu fuente y tu sustento. Es quien te da su carne para que la tuya no se pudra en la ignorancia. Puede acechar, como a gente necia, la incredulidad, y dudar de lo que se te dice. Sin embargo, estás llamado a creer y a confiar. Cuando el Señor dice: “No tienen vida en ustedes”, te está afirmando que por uno mismo no se garantiza lo eterno, lo trascendente, lo santo. No puedes aspirar a la resurrección si no estás unido al tronco de vida que es Cristo Jesús.
Ahora bien, qué implica, para quien comulga conscientemente, “vivir para Jesús”. Cuando te haces uno con el Señor, por la santa comunión, entonces, no te queda nada más que vivir para Él. Tú eres ese siervo o sierva que se dispone a asumir su causa. Vives para Jesús cuando lo amas intensamente y renuncias a todo lo que no sea de su interés. Quien te da la vida también te la pide. Y tú, con agradecimiento eterno, la ofreces para trabajar en su Reino, hacer camino eclesial, en comunión fraterna, hacia la meta final, que es la casa del Padre.
La segunda lectura de Pablo a los Efesios nos ejemplifica qué supone el “vivir para Jesús”. El apóstol exhorta a los cristianos a fijarse bien cómo andan, para no desperdiciar el tiempo en insensateces, sino que, por el contrario, se dejen llenar por el Espíritu. En este sentido, y a criterios paulinos, vivir para Jesús es hacer de la vida un cántico de alabanza para el Señor, mientras se gasta la vida a su servicio.
Preguntas que te lleven al silencio: ¿De qué has estado viviendo? ¿Qué te está sosteniendo en este momento de tu vida? ¿Has encontrado el sentido y el fundamento de tu existencia? ¿Encontraste tu centro, tu espacio, tu razón de ser? ¿Para qué vives? ¿Para quién estás viviendo? ¿Tú sales a invitar a los desorientados para que se preparen y coman del banquete de vida?
Señor, como el salmista, quiero salir por los caminos para invitar a todos a gustar y ver qué bueno eres. Hay, Señor, en nuestro mundo y en nuestra sociedad, muchas amarguras, tristezas, agresividades y violencias… porque un pueblo que se arriesgue a vivir sin ti cae en la ruina y en la desesperación. Señor, que quienes podamos comulgar, lo hagamos de manera despierta, con el corazón abierto, de manera que podamos ser en ti, Señor, esos cristos peregrinos, con la fuerza renovada para invertir en tu Reino.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS (18/8/24) XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
