MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 23/8/24

(Ez 37,1-14; Sal 106; Mt 22,34-40).

HUESOS SECOS
REVIVIDOS POR EL SEÑOR

La primera lectura del profeta Ezequiel se refiere a una de sus más famosas visiones, donde el Señor le muestra un valle de huesos secos. Estos huesos, sin vida, eran del pueblo de Israel, muerto en su fe y su esperanza.

El relato de los huesos secos puede iluminar tu vida, o la de alguien que esté pasando por la experiencia de estar en un valle tenebroso, sea depresivo, sin sentido de vida, sin horizonte, dominado por el vicio, la violencia, la adicción, el aislamiento o cuanto se le pueda añadir, que remita a una realidad de vivir como dentro de un sepulcro… El profeta dio vueltas y vueltas; constató que eran innumerables y que estaban totalmente secos.

En estas circunstancias, Dios le preguntó al profeta si creía posible que esos huesos volvieran a la vida. Sabiamente respondió Ezequiel: “Señor, tú lo sabes”. Observa la confianza del mensajero del Señor. No se dejó condicionar por lo que sus ojos veían, “huesos secos”, sino que creyó en el poder creador del Dios de la vida. Cuando tú crees en el Señor, no menosprecias ni descartas los cadáveres que todavía respiran, aunque se trate de tu propia persona.

La misericordia de Dios queda demostrada cuando Él manda a su profeta al valle de huesos secos. El Señor lo envía con un mensaje al mismo sepulcro; la Palabra del Señor lo abre. El texto da la clave para quien quiera salir de la tumba existencial: escuchar la Palabra y obedecerla. Si tú necesitas que tus huesos secos comiencen a revestirse de “los tendones de la fe”, “de la carne de la esperanza”, “de la piel de la caridad”, disponte a escuchar la Palabra que el Señor te manda hoy. Su Palabra y su Espíritu son inseparables. Cuando acoges la Palabra el Espíritu te habita y te hace revivir.

Ten fe en que el Señor sopla sobre ti y te hace persona nueva. Tus destrozos, tu desesperanza, tus destierros, quedan superados ante el rescate del Señor.

Ya recita el orante del salmo: “Den gracias al Señor, porque es eterna su misericordia”; te invita a ti, y a todos cuantos hemos sido rescatados del sepulcro. Al mismo tiempo, incentiva la esperanza de quienes lo consideran imposible. El Señor de la misericordia reúne los huesos dispersos, los une y sopla sobre ellos. Dispón el corazón y abre la boca sin timidez, para agradecer al Señor de la misericordia, autor de maravillas.

Cuando tú, como el profeta Ezequiel, no reparas las condiciones de los sepulcros y te introduces en su interior para rescatar huesos secos, estás viviendo los dos mandamientos inseparables con los que el Señor Jesús sintetiza toda la ley: amar al Señor y amar al prójimo como a ti mismo. 

Preguntas que llevan al silencio: ¿Te has sentido alguna vez como “hueso seco”? ¿Quién ha sido el mensajero, la mensajera del Señor que ha entrado a tu sepulcro para hablarte, motivarte y hacerte salir? ¿Todavía estás dentro? ¿Cuándo vas a empezar a escuchar esa voz del Señor que te habla y sufre contigo? ¿Has abierto la ventana de la fe, para que entre en ella el sol de la esperanza, el aire de la caridad? ¿Tú escuchas atentamente la Palabra que el Señor te dirige cada día? ¿Cómo vas sintiendo que ella te rescata y te da luz para el camino? ¿Tú experimentas el aliento que Dios te provee para existir? ¿Eres persona agradecida? ¿Tú sabías que el agradecimiento hace revivir los huesos y que, contrariamente, la ingratitud los reseca totalmente? ¿Qué canción le dedicas al Dios de la misericordia?

Señor: gracias porque has visitado el valle de nuestras vidas. Nos has rescatado. Mis pobres huesos no te fueron indiferentes. Estaba en oscuridad cuando tu Palabra iluminó mi horizonte. Tu aliento, Señor, me devolvió la alegría. Con los huesos secos no sabía reír, el lamento anulaba mi sonrisa. En cambio, a tu paso, a la providencia de tu aliento, las coyunturas y las articulaciones de mi ser se integran armoniosamente. Mis ojos han vuelto a brillar y puedo identificar tu Nombre en lo más profundo de mi corazón. Tú, Señor mío y Señor nuestro, me has hecho revivir, te doy gracias infinitamente, porque es eterna tu misericordia.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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