MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS (25/8/24) XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(Js 24,1-2ª.15-18b; Sal 33; Ef 5,21-32; Jn 6,60-69)

DECISIONES DE FE

Desde la primera lectura, tomada del libro de Josué, se destaca el tema de la fe y, como consecuencia de esta, la toma de decisiones. Él convocó a los líderes del pueblo y les interpela sobre a quién quieren servir: si al Señor o a los dioses. Antes de que respondiera, Josué tomó postura y afirmó, “yo y mi casa serviremos al Señor”. El pueblo, inmediatamente, se situó en su opción. Primero hizo memoria de quién lo había liberado de la esclavitud. Y reforzó su decisión: “También nosotros serviremos al Señor”. Sería oportuno que la asamblea dominical también se pregúntese a quién quiere servir.

La segunda lectura, tomada de San Pablo a los Efesios, desde una lectura o interpretación superficial suena incómoda a los oídos, especialmente a los oídos de la mujer. ¡Cuánto rechazo ha provocado en el corazón femenino, cuando se les insiste a las mujeres que se sometan a los maridos! Si sacamos esta frase así, y la promovemos como voluntad de Dios, estamos haciendo daño. Pero si la meditamos en el sentir de lo que Pablo quiso expresar, veremos cómo esta palabra que nos resulta confusa es muy bonita y llena de fe.

En Isaías 62,5 se lee: “La alegría que encuentra el esposo con la esposa la encontrará el Señor contigo”. La Sagrada Escritura tiene numerosos ejemplos, donde los autores sagrados se inspiran en la unidad de un hombre y una mujer en matrimonio, para expresar la unidad y el amor de Dios con su pueblo. En esta misma dinámica, Pablo, está partiendo del amor y del respeto que debe haber en los esposos. Desde este modelo humano y cotidiano, parte al otro más trascendente, para expresar que ese extraordinario misterio, de dos que se aman, se respetan, y son una sola carne, remite al amor y la unidad que Cristo tiene con su Iglesia. En la actualidad, los matrimonios, desde esta lectura de fe, también han de tomar decisiones que le permitan reflejar la unidad entre Cristo y su Iglesia.

En el evangelio, Jesús se dirige a sus discípulos. Esta vez, no están criticando o murmurando al Señor los de fuera, sino los de dentro, los que le siguen. El Nuevo Testamento refleja que Jesús tenía muchos discípulos, pero los Doce era la comunidad de los más íntimos. Aquí parece que el Señor está con el grupo amplio de sus seguidores. Quienes escuchan las palabras de Jesús, se cuestionan: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”

Nadie hace caso a lo que no comprende ni asimila por la falta de fe y compromiso.
En el corazón del texto, Jesús les aclara a los discípulos que “el Espíritu es quien da la vida; la carne no sirve de nada”. Fundamenta que sus palabras son espíritu y vida. Esto quiere decir, que sin fe, sin la luz de la gracia, el evangelio resultará duro, inaceptable, complejo, difícil, ajeno, imposible de vivir.

El Señor no se condiciona por el número de seguidores; no endulza su mensaje para que sea apetitoso y atractivo. El Señor no baja la exigencia del seguimiento para evitar que la gente se vaya. Contrariamente, ante la negatividad de sus discípulos más externos, parece mirar a los Doce e interpelarles: “¿También ustedes quieren marcharse?”. Gracias a la espontaneidad de Pedro, tú y yo tenemos la inspiración para tomar decisiones de fe. Él le dice: “Señor, ¿a quién vamos a ir. Tú tienes palabras de vida eterna?”.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú, en quién crees? ¿Cómo está tu fe? ¿A quién quieres servir? ¿Cómo alimentar la fe de tu familia? ¿Hay respeto en tu casa? ¿Tú y tu familia reflejan la unidad de Cristo con su Iglesia? ¿Qué se respira en tu familia? ¿Cómo estás trabajando por la santidad de tu familia? ¿Qué te parecen las exigencias de Cristo? ¿Te han dado tentaciones de dejar el seguimiento de Jesús? ¿Tú pides luz al Espíritu para comprender las palabras del Señor? ¿Qué decisiones tomar ante las lecturas y las enseñanzas de este domingo?

Señor: Como el salmista recito: «Gusten y vean qué bueno es el Señor». Te pido y te suplico que me aumentes la fe. Por la fe puedo comprender tus santas palabras. Sin la luz de tu gracia toda tu propuesta me parece un absurdo, una locura. Pero si creo en ti, con firmeza, me convenceré, Señor, como Pedro. Y sabré que no hay lugar, ni espacio, en esta tierra, que supere la felicidad que me da la opción por ti. Señor, tú eres mi comienzo y mi destino. Gracias, porque tu palabra en mí se torna espíritu y vida. Quiero, Señor, por siempre, respirar tu ser, cargar tu cruz, y que nada ni nadie me haga vacilar.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

Deja un comentario