(Lc 5,1-11).
REMA MAR ADENTRO
Señor, en tu sabiduría infinita, te acercaste a las orillas del lago, donde algunos humildes pescadores se habían pasado la noche bregando, sin conseguir nada. Las barcas estaban vacías, la esperanza perdida. Los ruidos interiores habían tomado el control de sus mentes. Apenas había fuerzas para recoger los instrumentos y lavar las redes. Cuando no se miran los frutos del esfuerzo, humanamente, el cansancio atrae el desánimo.
Tú llegaste, Señor, con paz y paciencia, te subiste en una de las barcas y comenzaste a enseñar. Porque tu Palabra es brújula. Sin ella no hay dirección a seguir. Todo esfuerzo es inútil sin tu luz en nuestras tinieblas. Por eso, Señor, debo reconocer, las veces que como esos pescadores, mis redes han quedado sin nada. Recuerdo tantos intentos fallidos, por haberme lanzado sin consultarte, sin escucharte previamente, sin aguardar tu bendición.
Como a esos pobres pescadores, tú te has acercado hasta las orillas de mi vida, hacia mi necedad e ignorancia, para instruirme en tus misterios, en tus planes, en tu manera y propósito de hacer las cosas. Cuando he pensado, Señor, que lo sé todo, que he aprendido mucho, que tengo experiencia en la materia, entonces tú me dejas que contemple las redes sin nada. Esa nada me ha hecho madurar. Los resultados fecundos no se deben a destrezas humanas, sino a la gracia y a la bendición que viene de ti.
Me dices a mí, lo mismo que le dijiste a Simón: “Rema mar adentro, y echen las redes para pescar”. Y es que no se consigue nada, Señor, andando en los márgenes de tu Palabra. No se consigue nada sin sumergirse en la hondura de tus enseñanzas, en el misterio que la sostiene, y en el Espíritu que la comunica. Lo que para mí pudiera ser profundo, para ti es borde. Aquí lo importante es abandonar mis criterios y acogerme a los tuyos. Que no me sostenga en mi pensamiento; que tu pensar sea “mi ancla” y “mi confianza” para avanzar a lo profundo.
Señor, a pesar de mis cansancios, luchas y fatigas, a pesar de mis días y mis noches, y de contemplar mis manos sin nada; a pesar de tanta entrega sin receso, si tú lo dices, yo, como Simón y sus amigos, vuelvo a echar las redes, en tu Nombre, como si fuera la primera vez. En tu palabra, Señor, renuevo mi fe.
Como le ha pasado a esos pescadores, yo mantengo la esperanza de ser testigo de nuestras barcas repletas de peces. Porque en cada pez, Señor, estará un alma atraída hacia ti. Ese hermoso día, Señor, también te diré: “Apártate de mí que soy una persona pecadora”. Mi pecado ha sido caminar sin ti, sin contar contigo, como si tú no existieras. Soy persona pecadora cuando no me dejo orientar ni conducir por tu Palabra. Nada fuera de ti puede ser puro y santo. Con todo, Señor, mi miseria no te distancia, sino que vienes con gracia para redimirla.
Me pregunto, en el silencio de mi oración: ¿cuántas veces salí a “pescar” sin contar con la bendición del Señor? ¿Quién está guiando el rumbo de mi vida? ¿Soy una persona de orillas? ¿Tengo miedo a la profundidad? ¿Qué voz está dirigiendo mi barca? ¿Cómo encuentro mis redes en este momento? ¿Ellas están llenas o están vacías, tienen algunos peces? ¿Cómo reacciono cuando me esfuerzo y no consigo nada? ¿Me olvidé del detalle, de escuchar la orientación del Señor? ¿Estoy dispuesto, dispuesta, a volver a empezar en Nombre del Señor? ¿Reconozco lo que soy ante Jesús? ¿Tengo la mansedumbre necesaria para dejar que el Señor haga de mí lo que Él desea hacer?
Jesús, gracias por la delicadeza que has tenido conmigo. Tú has visto lo torpe que soy sin ti. Pero, me dispongo a tus enseñanzas. Quiero escucharte con el corazón y hacer vida tus palabras. Que tus instrucciones me hagan una persona pescadora de almas. Porque quiero la Iglesia, Señor, repleta de buenos peces. Esos peces atraídos por ti. Recicla en tu gracia mis cansancios y fatigas. Renueva mi fe y mi confianza en ti, porque yo, desde hoy y para siempre, en tu Nombre, y en comunidad, echaré las redes.
MEDITACIÓN DEL EVANGELIO DE HOY: 5/9/24
