MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 11/9/24

(1Cor 7,25-31; Sal 44; Lc 6,20-26).

OPINIÓN SOBRE EL CELIBATO

San Pablo, en el día de hoy, habla a los hermanos de la comunidad de Corintios, dándole su parecer personal sobre el celibato. Aclara que no ha recibido dichas orientaciones de Cristo. Sin embargo, en su experiencia tiene postura y determinación.

Como punto de partida, nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, que el celibato consagrado, es la manera más eminente de dedicarse más fácilmente solo a Dios con un corazón indiviso (n.2349). Esta aclaración es útil para entender el planteamiento de Pablo cuando considera que la vida célibe es un bien. Y es que para el apóstol, el momento es apremiante. Dar a conocer a Cristo, para que sea amado y obedecido, se convirtió para él en una urgencia pastoral.

Pablo valora el matrimonio y no motiva la separación. Pero, en un alto vuelo espiritual, promueve la libertad total para que nada distraiga la relación y el compromiso con Cristo. Buscando solución a los que ya están casados, plantea que quien se ha casado, viva como si no lo estuviera; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres como si no lo tuvieran; los que compran como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él…

El apóstol nos está introduciendo en una honda mística, en un profundo sentido de desapropiación. De manera que uno pueda vivir en este mundo, pero sabiendo que a este mundo no pertenece. El Catecismo orienta, en este sentido, que también las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia (n.2349). Pero de nada valdrían dichos planteamientos, sin considerar los frutos y las gracias que esta opción de vida provee.

¿Cómo hablar del celibato en este contexto donde la afectividad sufre continuos bombardeos para deteriorarla y desviarla? Los cinco sentidos están amenazados de contenidos tóxicos, de manera que la palabra “pureza” parece que ha pasado de moda o está en desuso. Con todo, el Salmo de este día, nos da la clave para que todos nosotros podamos aspirar, seamos consagrados o casados, a una hermosa e íntima relación con nuestro Señor Jesucristo, y desde Él amar y entregar la vida con sentido y visión eterna.

Tu alma, tu ser, es esa princesa que describe el salmista, que se ha venido preparando hermosamente para su rey. Tu alma está llamada por el rey. El rey es tu Señor. Se te invita a disponer los oídos para no perder ningún consejo. Se te aconseja dejar el pasado vencido y superado. Se trata de un nuevo comienzo, de una nueva manera de vivir y comprender el mundo. Porque el matrimonio que el rey te ofrece, te convertirá en una reina. Una reina sin necesidad de mendigar fuera lo que llevas dentro, en el propio palacio de tu corazón.

El rey está prendado de la princesa. Y esta princesa, mientras más bronceada esté con la gracia de la oración más prendado lo dejará. La embellecen la vida en gracia, la vivencia sacramental, la entrega generosa y gratuita de su vida, de todo el bien recibido.

El evangelio nos habla de la vida bienaventurada que nos trae Jesús. Cuando tú cultivas una relación de intimidad y unión con Él, entonces es posible vivir con la alegría del Espíritu la pobreza auténtica; aquella que abraza un corazón libre y despojado para que el Señor lo habite y lo conduzca.

Cuando el Señor ocupa su lugar como rey y Señor de tu vida, el hambre de Él y su Reino aumentan. Las lágrimas tienen un motivo real y verdadero. No se llora por caprichos, sino por las mismas cosas que el amado llora. Siendo Jesús el amor primero, los odios, los rechazos por su causa, sencillamente resbalan sin desviar la atención de lo importante.

La vida bienaventurada que trae la unión profunda con el Señor es la fuente de alegría. Sin esta estrecha relación es imposible entender la plenitud y el celibato, la castidad conyugal o la continencia. Siendo el Señor la verdadera riqueza, nada ni nadie fuera de Él acapara tu atención.

Una pregunta para meditar: ¿En este momento de tu vida: quién te gobierna, las cosas de la carne o las cosas del Espíritu? A manera orante recitamos esta jaculatoria mariana, con el fin de que la Madre nos adentre en el misterio de la vida en gracia: “Ave María Purísima, sin pecado concebida”.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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