(1Cor 15,12-20; Sal 16; Lc 8,1-3).
AL DESPERTAR
Hoy, el salmo recita, “Al despertar me saciaré de tu semblante”. Ese despertar, Señor, es mi esperanza y mi sostén. Es lo que me repito, con la certeza de que hay luz más allá de las tinieblas. No quisiera andar dormida por la vida, yendo y viniendo como sonámbula, sin enterarme de tu presencia. No puedo descubrirte ni contemplarte, Señor, adormecida. Sin los ojos de la fe me voy perdiendo del alimento de tu mirada. Me pierdo de tu sonrisa, y sobre todo, de discernir tu voluntad.
Porque eso es, Señor, lo que descubro al despertar, tus deseos manifiestos, ya revelados en tu Palabra. Que pueda despertar, amado Jesús, con el resplandor misericordioso de tus pupilas. Como el orante, también te digo que, mientras tome fuerza mi débil visión, caminando en tu claridad, me guardes, Señor, como a las niñas de tus ojos, y me escondas a la sombra de tus alas.
En ocasiones me circundan peligros que ignoro. La ceguera no me advierte a dónde van a detenerse mis pasos. Pero lo más extraordinario de confiar en ti, es que aunque no te capten mis sentidos, yo sé que estás presente, y aunque no te invoque, tú me respondes. Cuando me distraigo en el riesgo, me alcanzas, me rescatas y me cubres con tu derecha. Te pertenezco, Señor, y lo sabes. Dame la gracia de yo saber que te pertenezco a ti, porque esta conciencia sería el mejor de los despertadores.
En este contexto, comprendo y acepto las enseñanzas de Pablo a los Corintios. Él afirma a todos los cristianos que si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carecería de sentido. Que pueda, Señor, profundizar en ese misterio y vivir cotidianamente con un corazón despierto y resucitado. Dame a beber resurrección. No quiero estancarme en un tiempo de cuaresma, sin dar ese salto de confianza y fe. Quien camina en el país de la vida, que es tu gracia, busca y promueve la vida en todas las realidades.
Quiero despertar, Señor, y caminar a tu lado. Así te presenta el evangelio de este día, en andanzas. ¿Cómo pudiera seguirte si voy dormida, tropezando con las piedras, con las chucherías del camino? Me detengo, en el ejemplo de esas mujeres que te siguieron. Gracias a ti, Señor, pudieron abrir los ojos, y ser rescatadas de las ataduras que las dominaban y la convertían en almas tullidas. Yo te pido, que también inviertas en mí, y que yo sepa valorar tu gracia. Porque si no hay gratitud no puede haber donación.
Líbrame, Señor, de esos sedativos de fe, que me retrasan el paso. Así, como se han quedado en el libro de tu historia los nombres de María Magdalena, Juana, Susana y otras muchas, también yo quisiera, Señor, que ese día, cuando nos encontremos, pronuncies mi nombre; yo te de las gracias por haberme dejado caminar contigo.
Preguntas que llevan al silencio: ¿siento que he despertado? ¿De qué se está saciando mi alma? ¿Qué alimento le estoy dando? ¿Cuáles serían las comidas chatarras para el espíritu? ¿De la misma manera que selecciono la alimentación para el cuerpo, estoy escogiendo el sustento espiritual? ¿Abuso de la confianza y entro en la tentación porque el Señor me rescata? ¿Qué estoy entendiendo por la prudencia espiritual? ¿Por qué la oración despierta?
¿Voy viviendo en el día a día con un corazón resucitado? ¿Qué significa vivir en Cristo Resucitado? ¿Mis palabras, mis actitudes, despiertan esperanza en los demás? ¿Me involucro con el Señor a rescatar ciudadanos y ciudadanas para el país de la vida? ¿Con quién voy andando por los caminos? ¿Cuáles son los motivos de mis andanzas? ¿Mis pasos van haciendo historia con el Señor? ¿A los intereses de quién estoy sirviendo?
Señor, al despertar me saciaré de tu semblante. Que sea tu rostro lo que busque. Tu rostro, Señor, se refleja en todas las personas, especialmente las más necesitadas. Despiértame con la luz de tu resurrección, para que pueda leer desde la fe los acontecimientos de la vida y mi propia existencia. Quiero ofrecer mi vida para andar contigo, yendo y viniendo con propósito del cielo, con la firmeza que sólo puede existir desde la comunión de los santos. Aquí estoy, Señor, que la oración sea ese despertador cotidiano en el amanecer de mi noche.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 20/9/24
