MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 25/9/24

(Pr 30,5-9; Sal 118; Lc 9,1-6).

LÁMPARA PARA MIS PASOS

El salmista, en este día, me anima a desear que tú Palabra, Señor, sea lámpara para mis pasos; luz en mi conciencia. Es preciso abrirle espacio y tiempo, para detenerme ante ella como un espejo donde pueda mirarme y confrontarme. No puede ser lámpara, si no coloco el aceite de la oración y la gracia sacramental, necesarias para que arda, purifique, corrija, consuele y transforme.

Señor, cuando tu Palabra toca mi corazón, tengo elementos para alejarme del mal camino. Tu Palabra refuerza mi voluntad, porque alimenta mi fe en ti. Por ser viva en el Espíritu Santo, se abre cuando encuentra sinceridad y pureza de intención. Se despiertan los sentidos para que, por gracia, descubra desde mi pobreza, la riqueza trascendente que contiene. De ahí que valore tu Palabra de vida, más que riquezas, estatus y prestigio.  

Tu Palabra es eterna, más estable que el cielo. Por eso, Señor, en ella, me llamas a la firmeza, al equilibrio emocional, al abandono y a la confianza en ti. Tu palabra me sostiene y no me deja tropezar.

Al anidar tu Palabra en mi interior, me adviertes, como se afirma en el libro de los Proverbios, que no le añada nada, porque quedaría como persona mentirosa. Tú me exiges respeto y prudencia. Es necesario, Señor, el silencio, para no acomodar los versículos a mi capricho. Soy yo quien debe morir y no ella. De nada me serviría intentar desviar la intención, cuando tu Palabra permanecerá para siempre, y quedarán evidentes las consecuencias de mis malas interpretaciones y mis malas enseñanzas.

Para interpretar tus decretos, Señor, y no errar, es necesario dejarme conducir por el Espíritu, y también por los santos criterios que la Iglesia conserva para guiar, como madre, a sus hijos e hijas. Por eso, Señor, dame la gracia de detenerme, para ver qué dice esta madre buena, y qué dicen, en ella, mis hermanos y mis hermanas. Entonces sí podré digerir tu mensaje sobre mi propia mi vida. Cada corazón es terreno virgen para tu Palabra.

Dos cosas te pide la persona sabia en el día de hoy. Primera: “alejarse de la falsedad y la mentira”. Y es que la persona que practica la mentira fracasa en el engaño. No existen mentiras piadosas, Señor, sólo mentiras. Pon un guardián en mi boca, porque he renunciado al embuste. No quiero dividir mi corazón para compartirlo con Dios y con el diablo. Si hablo mentiras, marchito a la identidad conferida en el bautismo.

La segunda cosa que pide la persona sabia es: “No tener riqueza ni pobreza, sino su ración de pan; no sea que se sacie y reniegue del Señor; no sea que necesitada robe o blasfeme”. Yo, Señor, aprendiendo del sabio, también te pido, que nada llene mis ojos, que las ambiciones se detengan en las puertas de mi corazón. Sería duro embelesarme y distraerme, llenarme de todo y quedarme sin nada. Porque nada es lo que abrazo fuera de ti.

En tu evangelio, Señor, encuentra coherencia y sentido todas estas andanzas reflexivas. Quieres que seamos luz en tu luz, para llevar tu Palabra y expandir tu Reino. No quieres, Señor, que llevemos maletas, sino tu mensaje, con el poder que nos confieres. El poder sanador, liberador y santificador nos lo das tú, no los recursos.

Preguntas que llevan al silencio: Siendo que la Palabra de Dios es pura ¿cómo vivo yo la pureza? ¿Qué significa la pureza para mí? ¿He enseñado mal la Palabra de Dios alguna vez? ¿He podido identificar los errores cometidos? ¿He caído en la mentira por defender mi propia persona? ¿La mentira ha sido herramienta para justificarme en público? ¿Qué me sucede internamente cuando hablo mentiras? ¿Soy gente que va acumulando cosas? ¿Qué será de todas esas cosas que voy acumulando? ¿Por qué será que el ataúd está hecho sin gavetas? ¿Le he tomado gusto, amor, a la Palabra de Dios? ¿En qué se refleja el amor y el respeto a la Palabra? ¿Cómo la Palabra meditada cada día se torna fuente de discernimiento? ¿Por qué la Eucaristía es el espacio predilecto para escuchar la Palabra?

Señor: yo quiero ir, en comunidad, por los caminos llevando tu mensaje; no el mensaje sólo estudiado, sino aquel vivido, aunque sea con sacrificio. Mira la disposición que tengo para ir desprendiéndome de todo aquello innecesario. Bendice mi voluntad, refuerza, Señor, mi deseo de ser fiel a ti. Aquí estoy, Señor, que tú Palabra sea lámpara para mis pasos.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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