MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 27/9/24

(Ecl 3,1-11; Sal 143; Lc 9,18-22).

TODO TIENE SU TIEMPO

Escucha, hoy te dice la sabiduría en el libro del Eclesiastés, que todo tiene su tiempo y su momento bajo el sol. Eres criatura del Señor, por eso puedes pensar y discernir, tomar postura, decisión y actuación en el escenario de la vida. Estás situada en este contexto histórico. No puedes hacer nada para influenciar en el transcurrir del tiempo. Sin embargo, puedes alcanzar la gracia de identificar el tiempo de Dios para todas las cosas.

Entre el tiempo de nacer y el tiempo de morir, están los diversos periodos cotidianos; la narrativa los presenta en forma contraria, como tiempo de “plantar y arrancar”. Sabia es la persona que puede, por la luz divina, identificar cuándo le toca plantar, y lo hace. Sabe trabajar y esperar con paciencia que el Señor haga crecer para luego arrancar. E incluso, lo que arranca, no se lo apropia. Sencillamente, administra lo que el Señor le ha confiado.

Sabia es la persona que sabe el momento de “matar y sanar”. Hay que saber matar historias tristes, recuerdos dolorosos, fantasmas ficticios. Pero, sobre todo, hay que saber sanar. Cuando hay vida interior tú puedes identificar el proceso de sanación, ponerle nombre y colaborar con él.

Hay tiempo de “destruir y construir”, de “llorar y reír”, de “duelo y baile”. La necedad comienza cuando no se reconoce cómo situarse, cómo responder, y reaccionar ante la realidad que toca. En estado de confusión y desorientación, se pierde la experiencia de Dios, el caminar en su presencia. Sería un trastorno que arrojen una piedra, cuando es tiempo de recogerla.

Tú estás llamado situar el momento del abrazo, pero también el momento de la despedida, decir adiós y seguir el camino. El no asumir la despedida, cuando llega, es signo de inmadurez. Por eso, dice el sabio, que hay tiempo de buscar y de perder. Es preciso la paciencia en ambos casos. Las frustraciones forman parte del peregrinar y no pueden hundirnos. Situarse en ese momento oportuno es necesario. Todo pasa, y como dice la santa, Dios no se muda.

… hay tiempo para callar y tiempo de hablar. Entras al mundo de la sabiduría cuando no sueltas tus palabras a la ligera, sino que la meditas y la conservas en tu interior hasta que adquieran la sustancia necesaria para luego soltarlas. Alguien dijo que las palabras son como un pájaro, que cuando las dejas libre ya no puedes atraparlas. Dime lo que hablas y te diré quién eres.

Es interesante cuando se nos dice que hay tiempo para amar y tiempo de odiar. Esto recuerda que hay situaciones en la vida que encienden la ira. Pero este rencor, ha de ser transitorio y pasajero. Es un momento, no está destinado a permanecer en el interior y hacer daño. No se vive resentido la vida entera, sino un momento, el prudente para digerir el golpe y luego soltar. Porque hay tiempo de guardar y tiempo de desechar. Así como lo hay de rasgar y coser.

Se pregunta el sabio: “¿qué saca el obrero de sus fatigas?”. Esto significa, que si no caminas conforme al tiempo de Dios, la vida se te hace una confusión. Porque no lo encontraste a Él ni con Él caminaste.

Vemos al Señor Jesús, en el evangelio, identificando el momento oportuno para cuestionar a sus discípulos. Las preguntas que les hace: “¿Quién dice la gente que soy yo?”… “y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”, no las hace al comienzo de su convivencia con ellos, sino luego de un tiempo prudente, de haber caminado y compartido las andanzas por el Reino.

El Maestro de los Maestros, de hecho, pudo identificar, luego de 30 años en Nazaret, cuándo había llegado el momento de Dios para salir a anunciar públicamente la Buena Noticia. Y esta actitud la reflejó también en aquel momento en que le dijo a la Madre, que no le había llegado la hora; también la Madre identificó, en su sabiduría y prudencia, cuándo fue el tiempo de acelerarla.

Una pregunta para responder en silencio: ¿cuál es tu momento?

Señor, como el salmista te digo: tú eres mi Roca. Yo te bendigo y te alabo. Tú, en tu infinita misericordia, me mandas una señal al corazón. Me calientas el corazón, Señor, con tu presencia; y me conduces con tus buenos amigos. Y en ese momento, entre luz y paz, y sabias palabras, me hablas y me dices cuándo es el tiempo oportuno. Tu lenguaje, Señor, es silente, acompañado de signos que me invitan a la contemplación de tus huellas y tus decisiones. La oración es el escenario predilecto para identificar tu tiempo. Gracias, Señor porque este es nuestro tiempo, te busco y te encuentro en todas las cosas.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

Deja un comentario