(Jb 1,6-22; Sal 16; Lc 9,46-50).
SAN JERÓNIMO:
SIETE ENSEÑANZAS.
En el mes de septiembre la Iglesia realza la importancia de la Biblia. Se destaca la figura de san Jerónimo, patrono de quienes se dedican a entenderla y hacer que se entienda. El santoral celebra hoy su día, fecha en que falleció, en su celda monacal, junto a la gruta de la Natividad, en Belén, en el año 420. Benedicto XVI lo reconoció como “Doctor eminente en la interpretación de las Sagradas Escrituras”. Algunas enseñanzas que aprendemos de él:
1. Amar la Palabra de Dios. Dios se revela en la Biblia mediante su Hijo Jesús. Ahí encuentras el camino de salvación; la ruta hacia la eternidad. Cuando Jerónimo fue descubriendo este lago sin fondo de santidad y sabiduría no dudó en retirarse y dedicar su vida a la meditación constante y silente de la Sagrada Escritura. Toda la vida le fue poca para sumergirse en la dulzura y exigencia de cada una de sus líneas. Pídele al Señor, hoy, por intercesión de este santo, que te muestre el verdadero valor y la importancia que tiene la Biblia, para amarla, respetarla y obedecer a Dios en ella.
2. Estudiar la Biblia. Además de invocar la presencia y asistencia del Espíritu Santo para leer y comprender la Sagrada Escritura, se hace necesario estudiarla. El estudio de la Biblia no se separa de la oración. Jerónimo entregó a la Iglesia la Biblia, llamada Vulgata, traducida al latín, desde el hebreo y el griego. Tuvo que aprender dichos idiomas para hacer la tarea. Respetó, en profunda oración, inclusive, el orden de las palabras, porque contempló en éste un misterio divino. Comentó numerosos pasajes bíblicos que ofrecen profundas enseñanzas para la vida. Que por intercesión de este santo patrón nosotros alcancemos disciplina y método para profundizar en la Palabra.
3. Interpretar la Palabra en el sentir de la Iglesia. Existen numerosas evidencias de los diálogos y discusiones entre san Jerónimo y san Agustín sobre la Sagrada Escritura. Estos santos intercambiaban opiniones y buscaban argumentos sólidos para entender e interpretar la Palabra. También consideraban lo que la tradición, anterior a ellos, sostenía sobre los textos bíblicos. Esta dimensión es lo que distingue la lectura bíblica en la Iglesia católica. La luz de la tradición es necesaria, para apoyarse en la fuerza de la verdad. La Iglesia viene custodiando los fundamentos de interpretación bíblica desde sus orígenes. Los santos no se han contradicho al meditar la Palabra, aunque cada uno haya aportado rasgos distintos y diversos de sus pasajes.
4. Descubrir la Biblia como fuente de discernimiento. Quien lee y medita la Palabra de Dios encuentra en ella luz para su camino. No extraña que Jerónimo haya sido un destacado director espiritual. En la Sagrada Escritura descubrió palabras no sólo para dirigirse a sí mismo, sino para ayudar a los demás a alcanzar la santidad. Muchas personas iban a consultarle, a pedir consejos para educar a sus hijos e hijas. Apoyado en la Palabra, el santo daba numerosos consejos a los padres. Invitando a que cada día hagan una lectura familiar de la Biblia. Para Jerónimo, el amor a la Palabra va secando cada día la vanidad.
5. Cultivar el silencio y la oración. Jerónimo vivía como monje. Apartado. En silencio. Para él este espacio con la Palabra era hacer de la tierra el cielo. Fuera de su celda se mantenía con la misma actitud contemplativa. Salía de allí, pero no del recogimiento. Enseñaba y predicaba en el silencio orante. Quien quiera crecer espiritualmente puede ir creando el hábito de meditar la Palabra. Prepara, en casa ese rincón especial, que sea tu celda. Sin olvidar, nunca, que la verdadera celda está en tu propio corazón. Cada día la Iglesia te ofrece un trecho de la Escritura Sagrada para meditar. Introduce esta Palabra y consérvala en tu corazón como mensaje vivo del Señor para ti. Medita la Palabra de día y de noche, y serás como un árbol frondoso plantado junto al río.
6. Enseñar al que no sabe. Enseñar al que no sabe es una de las obras de misericordia espirituales. Quién ha entrado en el misterio de la Sagrada Escritura no esconde saberes, porque todo lo que pueda llegar a conocer ha sido por inspiración del Espíritu. Si tú conoces algo y no lo compartes se pudre dentro y causa mal olor. En cambio, si lo enseñas, provocas fiesta en el cielo. De nada sirve tener la computadora llena de conocimientos que no hacen bien a nadie. Cuando tú das lo que el mismo Dios te ha regalado, Él te suple sin medidas. Jerónimo, luego de aprender las lenguas bíblicas se las enseñó, incluso a las mujeres, para que pudieran profundizar en el estudio bíblico.
7. Conocer a Cristo. Desconocer las Escrituras, a criterio de Jerónimo, es desconocer al mismo Cristo. Si quieres crecer en intimidad con el Señor, nada mejor que sumergirse en su persona mediante el evangelio. Anímate a esta aventura espiritual: lee de forma orante el evangelio y deja que Jesús te diga, a ti mismo, a esta altura de tu vida, quién es Él. No leas con prisa. Cuando medites los evangelistas, y sigas con el resto del Nuevo Testamento, ve a identificar al Señor Jesús, en el Antiguo Testamento, anunciado y presente desde antes de la creación.
Las lecturas de este día te animan a recuperar la Biblia como fuente de espiritualidad. Job te recuerda: que desnudo saliste del vientre de la madre y desnudo volverás a él. El Salmo te dice que Dios inclina el oído para escucharte, porque su Palabra es viva y eficaz. El Señor, en el evangelio, te enseña que el más importante no es el que más sabe, sino el que más ama y sirve a los demás, integrando y acogiendo siempre.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Dónde está tu Biblia? ¿Cuándo fue la última vez que meditaste con ella? ¿Tú compartes tus reflexiones? ¿Mantienes en tu mente, en tu corazón, en tu boca, la Palabra del día, la que leíste en la mañana? ¿La Palabra se hace vida en ti? ¿La Palabra ha transformado tu corazón? ¿Qué te aconseja la Sagrada Escritura cada día?
Hacemos oración con las palabras de san Jerónimo: “Ama las Sagradas Escrituras, y la sabiduría te amará; ámala tiernamente y te custodiará; hónrala y recibirás sus caricias”. Señor, que la Palabra de Dios, por intercesión de san Jerónimo, sea fuente de inspiración y paz para el mundo entero.
MEDITACIÓN DE HOY: 30/9/24
