(Jb 3,1-3.11-17.20-23; Sal 87,2-8; Lc 9,51-56)
EL SUFRIMIENTO
La sabiduría nos presenta el relato de Job. Él, quien dijo, “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor”, ahora se muestra en un profundo lamento. Está ante el realismo de la vida. Una profunda crisis le azota. Le llegó la noche: solo, abandonado, sin familia ni posesiones, herido de sufrimiento y amargura, enfermo, lleno de llagas, y envuelto en el silencio de Dios, a quien no experimenta. Su mayor sufrimiento es la no comprensión de lo vivido. Pero gracias a Job, que es como un cuento sabio, tú y yo tenemos materia de reflexión.
Hay gente que se inventa el sufrimiento. Incluso, adquiere el vicio de sufrir, de manera que no puede vivir sin él. Y si algún día se acaba el motivo por el cual padece, busca otro. Sin embargo, el caso de Job no es este, no es inventado. Le llegó en su vida íntegra e inocente, lo que empeora la crisis. ¿Por qué sufre el inocente? ¿Dónde está Dios cuando su siervo fiel se desgarra en el dolor? Job presenta el drama humano ante el cual nos podemos ver reflejados en algún momento.
Job deseó, ante su padecer, no haber nacido. Era la manera más efectiva para evitar su pesadilla viviente. Prefería la muerte y no la vida que tenía. Sin embargo, en ninguna parte de su historia, él atentó contra su vida. Este detalle es ejemplo de temor de Dios. El Señor le permitió a Satán que tocara todas sus pertenencias, pero que respetara su vida. Y así fue. La respetó el Satán. Y el mismo Job también lo hizo.
Job te enseña a orar delante de Dios con todo el dolor que pudieras tener. En este caso, se hace necesario sumergirse en oración, y orar al Señor mediante el lamento. Hay oración de montaña, de consuelo, pero también hay de desierto y desolación. Cuanto tú oras con tu sufrimiento, no lo niegas. Cuando no buscas salir corriendo de él, encuentras, en la fe y la paciencia, su sentido.
El salmista nos da pautas para orar en el dolor. La oración comienza cuando el creyente tiene conciencia de que se dirige a Alguien. No se reza al vacío. La esperanza sostiene la fe y ejercita la caridad. Si de día le pide auxilio y de noche grita en su presencia, el orante espera en el Señor.
El saber esperar el amanecer es el comienzo de la sabiduría. Tú no puedes pretender sacar un bizcocho del horno antes del tiempo y tener buenos resultados. De la misma manera, no quieras saltar la etapa de tu purgación y purificación, porque como se ha dicho, el sufrimiento es como la basura, que nadie la quiere, pero sirve de abono.
En el evangelio meditamos cómo el Señor Jesús vislumbra su momento de ser llevado al cielo, y con este, también su momento de padecer y sufrir. Los discípulos, en un comienzo no comprendieron ni desearon asumir un seguimiento con cruz. De ahí reacciones tales como las de Santiago y Juan. Al ver que al Señor le cerraron el paso por Samaría, ellos deseaban que llegase fuego sobre la ciudad, como escarmiento. Sin embargo, el modo del Señor es diferente. Él no manda fuego a quien le desprecia y le hace sufrir. Él cura con amor y perdón a los que le hieren sin motivos.
Hoy, día de Santa Teresita del Niño Jesús, recuerdo una anécdota de su vida. Una de sus hermanas mayores, se deshizo de pertenencias, porque ya pasaba a otra etapa existencial. Las puso en una canasta y se las ofreció a las dos hermanas menores. Una de ellas, escogió unas pocas cosas. Teresita expresó: -“¡yo lo tomo todo!”. Más adelante, de adulta, Teresita retomó esta frase para decirle al Señor, en su camino espiritual: “Señor, yo lo tomo todo”.
Preguntas que llevan al silencio: ¿cómo asumes el sufrimiento que te llega en la vida, sin buscarlo? ¿Qué tú aprendes en el sufrir? ¿Tú buscas sufrimiento? ¿Haces sufrir sin necesidad? ¿Tú sufres por qué? ¿Sufres por las mismas cosas que el Señor sufrió? ¿Qué entiendes del sufrimiento por puro capricho? ¿Quisieras saltarte los momentos de sufrimiento? ¿Tú has aprendido a tener paciencia en los momentos de angustia? ¿Cómo hablas con Dios cuando no le sientes cerca? ¿Qué te enseñan los salmistas de la oración de lamento? ¿Tú conservas la esperanza de que el lamento se convierta en acción de gracias?
Señor, bienaventurados los que sufren en ti, porque ellos recibirán consuelo. Te presento, Señor, el dolor de la humanidad. Especialmente aquellos que lloran porque les arropa la guerra, la violencia y las injusticias. Te presento, Señor, el dolor de la creación, las lágrimas de la tierra. Todos lloramos ante tu presencia y te suplicamos misericordia. Cristo, Señor, nuestro. En tu cruz ofrecemos nuestro padecer, para que tú nos enseñes esas virtudes tan admirables, de detener, por amor, las cadenas de violencia. Danos, Señor, tu mansedumbre y paz. Santa Teresita del Niño Jesús, ruega por nosotros.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 1/10/24
