MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 3/10/24

(Jb 19,21-27; Sal 26; Lc 10,1-12).

BUSQUEN MI ROSTRO

“Busquen mi rostro”: es la voz interior que escucha el salmista en su angustia; mientras hace una oración cargada de lamento. Suplica al Señor, en su crisis y desolación. Y la respuesta de Dios es: “Busquen mi rostro”. El orante responde a la orientación y dice: “Tu rostro buscaré, Señor, pero no me lo escondas”.

Este diálogo interior entre Dios y el alma, es la oración. La oración es una respuesta a Dios que se comunica primero. En la oración, la persona encuentra la luz del Señor y la ruta de la salvación. Buscar el rostro del Señor es disponerse a caminar para salir de la oscuridad, de la muerte, del sin sentido, en dirección al país de la vida. El rostro del Señor es su presencia, es su persona misma.

Job se nos presenta hoy, afligido, lo único que tiene cerca son unos amigos que le atacan, lo provocan, le acusan de no ser inocente. Envuelto en la penuria más extrema en la que puede caer un ser humano; allí, en el basurero existencial que experimenta, él se sostiene en la esperanza. Con firmeza dice: “Yo sé que está vivo mi Vengador y que al final se alzará sobre el polvo”. Él cree radicalmente que hasta después que le arranquen la piel, sus propios ojos verán a Dios.

En el evangelio Jesús está designando los setenta y dos discípulos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él. Esos mensajeros tenían la misión de ir preparando el camino, abonando la tierra de los corazones, para que la gente pueda descubrir el rostro del Reino, el mismo Jesús.

La mies es abundante; la sociedad vaga hacia distintas direcciones y, desorientada, la mayoría no sabe qué busca. Ha confundido el país de la vida.  Por eso les dice el Señor a los discípulos: -“¡Pónganse en camino!”. Les manda luego de haber estado con Él. No marchan vacíos. Tienen experiencia y consistencia. Han descubierto el rostro de Dios. Y quien lo descubre tiene criterios de discernimiento, porque hay que desenmascarar, en el camino, los lobos con rostro de ovejas.

Quien se ha saciado del rostro del Señor, de su presencia, no necesita apoyarse en otra cosa. La austeridad y sencillez es propia de quien ha descubierto lo que realmente importa. Todo aquello que distraiga en las andanzas pastorales está sobrando.

La misión es urgente. Por eso, aclara Jesús a los suyos, que no se distraigan por el camino. Recuerda, esta actitud, la madre que manda al hijo o a la hija a comprar el alimento y le advierte que no se entretenga. Pues bien, el banquete del Reino es más trascendente aún. Por esto el Señor les instruye, que no se detengan a saludar. Quiere decir, que no pierdan el tiempo.

Buscar y llevar el rostro de Dios es fuente de paz. Allí donde hay paz todo lo que se ofrece, lo que se comparte, cae bien y se valora. Cuando el misionero o la misionera saben a lo que van, no andan procurando comodidad, sino que los demás se encuentren con el Señor y le conozcan.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Y tú, qué andas buscando? ¿Qué voz resuena en tu interior? ¿Qué te dice Dios en tu corazón? ¿Qué le respondes al Señor que te habla? ¿Tú has contemplando la presencia de Dios, su rostro? ¿Qué te han dicho que tú transmites con tu propio rostro? ¿Por qué la voz que tú acoges dentro de ti, y le haces nido, se refleja hasta en tu mirada?

¿Tú andas vagando, con los mismos pies, en distintas direcciones? ¿Ya identificaste la ruta del país de la vida? ¿Dónde estás situado: tú eres de los obreros o eres de la mies abundante? ¿Dónde, en quiénes, tú identificas el rostro de Dios? ¿Tú ves a Dios en los pobres, en los que socialmente no llaman la atención? ¿Tú has descubierto la naturaleza, la creación, como el rostro de Dios? ¿En quién está tu esperanza y tu confianza?

Señor: hoy, en tu presencia, sacudo el polvo, no sólo de los pies, sino del corazón, y de los ojos. Contemplar tu rostro sana mi alma y robustece mi fe. Cuando hago mías las palabras que le dijiste al salmista: -“Busquen mi rostro”, observo que lo hiciste en plural. Esto quiere decir que tú deseas una búsqueda personal y comunitaria. Y esto lo confirmo, Señor, cuando nos mandas de dos en dos. Que pueda compartir, amado Jesús, tu prontitud por llevar el rostro de tu Reino, en comunidad fraterna, de comunión y participación. Yo también te respondo: Tu rostro buscaré, Señor; especialmente allí donde parece estar desfigurado y herido. Que esta santa búsqueda nos lleve al país de la vida.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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