(Job 38; Sal 138; Lc 10,13-16).
SAN FRANCISCO
Dame, Señor, un corazón puro y fraterno, como tu hijo Francisco. Como él, quiero descubrirte. Dejarme sorprender por tu persona. Hacer de tu vida la mía. Llena mi corazón de tu amor, para amar a tu manera, y ser como un sencillo ladrillo en la reconstrucción de tu Iglesia.
Hazme preguntas pedagógicas, en este momento de mi vida, como lo hiciste con Job. De manera que enfrente mi propia ignorancia, porque no sepa, Señor, cómo diseñaste e instruiste el universo, ni el misterio que encierra la naturaleza, donde se desplaza tu Palabra, con toda discreción.
Abre mis ojos a tu inmensa creación, Señor del cielo y la tierra, de todo cuanto existe, visible e invisible. Y que como tu siervo Job, como tu servidor Francisco, yo también me sienta pequeña. Pero, sobre todo, hermana, en mi pobreza, de todo lo que has creado.
Que me duela la contaminación del aire, y que me duela, amado Jesús, la contaminación del corazón. Hay gases tóxicos que dañan la atmósfera y otros que deterioran el alma. Pero donde tú habitas, Señor, la higiene espiritual comienza en el interior. Si son purificados mis deseos, mi memoria y mis pensamientos, la polución del pecado no afectará las pupilas de mi fe.
Mira, Señor, los plásticos que flotan en el mar, las aguas podridas que tiñen los tonos de tu sabio pincel. Y ten misericordia de todos nosotros. Líbrame también a mí, de llevar el plástico en mi propia vida, de vestirme superficialmente, y tenga que distanciarme del fuego de tu Espíritu, por no dejarme cocinar.
Que me duelan, Señor, los peces que mueren en los ríos, las aguas que cada vez arrastran menos vida. Porque el ser humano que has creado se olvida de plantar, y ha caído en el vicio de talar, cortar, quemar y destruir. Que no hiera la casa común, Señor, pero que tampoco lastime u ofenda mi casa interior, templo del Espíritu Santo, que espera, en tu gracia, ser reforestada de virtudes. Las virtudes son flores, Señor, que adornan el jardín de mi alma, por donde tú pasas y quieres reposar.
En tu evangelio, Jesús, hay serias denuncias. Reclamas contra las ciudades de Corazaín, Betsaida y Cafarnaún. Las tres consumieron milagros y quedaron tullidas, sin caminar hacia la conversión. No quiero, Señor mío y Señor nuestro, desperdiciar el chorro de misericordia que me das. Que mi corazón no esté blindado de arrogancia que le impida la docilidad ante tu voz. Hoy, día de san Francisco, pido la conversión permanente, para mí y para el mundo entero.
En este tiempo de guerras, Señor, hazme instrumento de tu paz, y condúceme, como dice el salmista, por el camino eterno. Tú me conoces, y por eso te pido que mandes tu paz sobre mí. Para que ella, Señor, corrija cualquier índice de agresividad que tenga, en mis actitudes, en mis palabras y en mis acciones. Porque las bombas que lastiman y matan, también podría portarlas conmigo. Cuando falta tu presencia, llevamos explosivos dentro.
No quiero situarme en la creación como una persona extraña. Deseo aprender de Francisco el lenguaje de la fraternidad universal. Que sean mis hermanas las plantas y las flores, y mis hermanos los animales, los montes… pero sobre todo, Señor, que sean mis hermanos aquellos pobres y necesitados, no quiero ser distante de los que tú tienes tan cerca. Si vivo en fraternidad, sufriré, Señor, por lo que tú sufriste, pero también gozaré de la alegría de compartir, en comunidad, el mejor de los vinos. Tú eres, amado Jesús, ese vino que enciende y sostiene la fraternidad perpetua.
Me hago preguntas y silencio mi ser: ¿A dónde iré, Señor, lejos de tu aliento? ¿A dónde escaparé de tu mirada? ¿Por qué, Señor, si intento escapar me encuentro contigo en todas partes? ¿Pienso seguir huyendo de su voluntad o me rendiré a ella? ¿He aprendido el lenguaje de Dios en la naturaleza? ¿Qué catequesis recibo de la creación? ¿Cuál es mi propia naturaleza? ¿Qué hay de artificial en mi vida, en mi apariencia? ¿Voy cultivando el deseo de autenticidad, de santidad? ¿Por qué no siento plenitud fuera de tu verdad, Señor? ¿Cómo está mi closet de ropa? ¿Qué me enseña Jesús cuando dice que ni Salomón se pudo vestir como los lirios del campo?
Señor: Alguien dijo: – “Es sencillo ser feliz, lo difícil es ser sencillo”. Pero yo, inspirada en ti, y con el ejemplo de San Francisco, quiero ponerme en la ruta de la humildad. Quiero morir, Señor, antes de morir, para empezar a vivir, y seguir viviendo. Que estos ojos, amado Jesús, entren en la escuela de la contemplación, y en la inmersión de tu paz. Que no sólo rece por la paz del mundo, sino que la siembre por los caminos. Aquí estoy, Señor, no abandones la obra de tus manos.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 4/10/24
