(Gal 1,13-24; Sal 138; Lc 10,38-42)
LA MARTA QUE LLEVAS DENTRO
Hoy, el evangelio narra el episodio de Jesús visitando la casa de Marta y su hermana María. El pasaje también permite hacer meditación, considerando que el Señor entra a tu propia casa. Tú corazón es la casa. Marta y María son las actitudes que pudieras tener cuando Él llega a visitarte.
Tienes la actitud de Marta cuando deseas servir al Señor con mucha seriedad. Pero te condiciona la rigidez. Te sale la rectitud y entiendes que trabajar duro es la mejor manera de hacerlo. No se te escapan los detalles. Buscas la perfección en todo lo que haces. No paras un segundo. Tienes todas las ideas girando en tu mente, mientras que las manos y los pies no paran de accionar. Te agitas por dentro y te desplazas por fuera. No respiras con paz, sino que agonizas. Los minutos corren, el tiempo vuela, y tú, con el viento, también quieres volar.
Te sale la Marta interior cuando te impacientas por la lentitud de otros ritmos. No comprendes por qué hay gente como desentendida de la prisa ante los quehaceres. De ahí que, la Marta, esté pronta para el reclamo y las exigencias. No cualquiera pudiera permanecer a su lado. Su fama se ha extendido, ya todos la conocen.
La inteligencia de Marta, la lleva a confrontar. Se aproxima a la fuente, al mismo Señor, queriendo buscar fundamentos de su actitud. Ella considera que lo está haciendo bien. Está convencida. Hasta que el Señor la silencia, la hace reflexionar, cuando la describe y le dice la verdad, sobre ella misma: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas”.
Esas palabras a Marta, son para ti. Dedícasela a tu Marta interior. Ponle nombre a tus nervios, a la causa de estos. Identifica tus inquietudes, tus ansias, tu dispersión. Y luego, en la paz que viene del Señor, en el recogimiento de su presencia, detente. Frena la velocidad. Tranquiliza el hacer. Respira y descubre, en el fondo de tu corazón, la María que está ahí, que parece dormida, pero que está plenamente consciente. Tú también eres María, pero te habías programado sólo al modo Marta.
El camino para encontrar el equilibrio, la armonía, sólo se conquista, por gracia, sentándote, en el tiempo preciso a los pies del Señor. La María que está en ti desea detenerse con el Maestro. Sentarse con Él no es perder el tiempo. Contrariamente, sumergirse en sus enseñanzas es garantizar el sentido de las faenas y las correrías pastorales.
Dale permiso a tu María, para que se siente. Ella lo reclama y lo necesita. No es un sentarse vacío, por pereza. Es un sentarse pedagógico, porque es ahí donde el Señor, por gracia, abre su oído. Ella tiene hambre de escuchar la Palabra. Quiere formarse discípula. Busca saborear las cosas santas. No quiere tragar forzado. Necesita ser discípula para luego ser una buena misionera.
Nunca pensaste que la mujer contemplativa estaba dentro de ti. El silencio te habita. La María interior te invita a cultivarlo. No eres sólo Marta. María, su hermana, es tu sorpresa. Es lo mejor de ti. Y cuando lo descubras y lo asumas como proyecto de vida, ya nadie podrá arrebatarte el tesoro. El tesoro es saber estar en Jesús y hacerlo todo con Él y por Él. Es la mejor parte.
De la misma manera en que el apóstol Pablo pudo describir en su vida un antes y un después, luego del encuentro con Cristo, tú también puedes hacerlo. La nueva vida comienza cuando el chorro de luz divina ilumina tu conciencia. Abre las ventanas de tu casa interior para que entre la luz del Espíritu Santo.
Algunas preguntas que llevan al silencio: En este momento de tu vida cuál de las dos hermanas está en ti ¿Marta o María? ¿Por qué te estás agitando? ¿A dónde te llevan las agitaciones, las preocupaciones, las faenas que no tienen fin? ¿Los nervios te están sacando del centro? ¿Quieres sentarte a conversar con las dos hermanas, las dos actitudes que se combaten dentro de ti? ¿Cómo te dejas aconsejar por el Señor? ¿Tú sabías que cuando sabes estar con el Maestro, luego no te separas de Él? ¿Sabes que puedes servir en contemplación? ¿Cuándo se pondrán de acuerdo tu Marta y tu María?
Señor: tú me examinas y me conoces. Instrúyeme en tus caminos. Hoy me siento contigo. Gracias por entrar en mi casa; por detener la ruta y dedicarme ese tiempo de calidad. Deseo escucharte, saciarme de tus manjares divinos. A tus pies encontré la mejor parte. Y cuando sirva, Señor, a mis hermanos y hermanas, daré lo mejor de ti. Porque nadie da lo que no tiene. Si te tengo a ti, a ti te doy a los demás. Que Marta y María sean en mí, esas hermanas inseparables, por amor a tu Reino.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 8/10/24
