MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 11/10/24

(Gal 3,7-14; Sal 110; Lc 11,15-26)

COMBATE ESPIRITUAL

El evangelio del día presenta a Jesús echando demonios, liberando las almas. Su presencia liberadora causa confusión entre los no creyentes. Sin fe, no pueden reconocer la presencia de Dios actuando con la fuerza del Espíritu, mediante el Hijo. Sin embargo, a ti y a mí nos toca confiar y creer. Es Jesús mismo quien llega a tu casa interior para vencer y glorificar al Padre.

Cree, en fe, que el Señor puede liberarte de todas las ataduras, las visibles y las invisibles. Él constata, en tu interior, todo aquello que no honra la presencia del Padre. El Señor desenmascara los malos pensamientos, las malas actitudes, descifra las ironías, los sarcasmos, la falsedad y maquinaciones. Él escudriña hasta el fondo toda intención.

El Señor, en su mirada misericordiosa, descubre todo lo habita en ti. Te lo muestra. Te abre las pupilas del entendimiento. Observa lo que está sobrando, aquello que no es tu naturaleza. Te hace recapacitar mediante su luz divina. Despierta tu conciencia para que distingas lo sano de lo tóxico. Luego, se compromete contigo, si le das permiso para que lidere la limpieza de tu casa, y de cada uno de los aposentos que la forman.

El Señor Jesús echa todas las suciedades de tu corazón con el dedo de Dios. Con su mano creadora reforma tu casa interior. La purifica. Su fin es sembrar el Reino dentro de ti. Si el Reino no nace dentro no puede brotar hacia fuera y hacerse visible. Para que esto sea posible, para que la santidad fluya como manantial de agua pura, el Señor pelea por ti. Emprende una lucha con aquel que canaliza aguas podridas que ensucian la fuente, que Él quiere preservar potable.

El combate es arduo, porque las corrientes de los vicios buscan dominar e imponerse, arrastrar con determinación tu voluntad. Pero, cree, en fe, que el Señor es más fuerte. Cuando Él asume, y tú confías, el Señor vence contigo. Él desarma las estrategias de esclavitud. Te exige decisiones y postura; espera de ti determinación para que seas firme en escoger lo que habitará en tu casa.

Es escandaloso, a criterios del Señor, que lo bueno y lo malo habiten dentro de un mismo corazón, y se alimenten ambas cosas al mismo tiempo, dejándolas crecer. “El que no está conmigo, está contra mí”, dice Jesús. Estar con el Señor es caminar con Él hacia la dirección del Reino. Con El Señor no hay cabida para la neutralidad o la indiferencia. A Él no le gusta caminar con malas compañías. Pide radicalidad en el seguimiento. Cuando el corazón está dividido pierde fuerza. Los pies se extravían y tropiezan intentando caminar, al mismo tiempo, en diferentes direcciones. El Señor exige claridad, identidad y opción. Porque quien no recoge con Él, desparrama. Recoger con el Señor es una jornada conjunta entre amigos leales. Todos los logros y las victorias que no hayan sido en su Nombre y por su Reino, no sirven de nada, porque no dan gloria a Dios.

El Señor es exigente con la limpieza que hace de tu casa. Una vez que limpia no quiere que ensucien el piso, las paredes, los aposentos. Por eso, es importante, a su paso, darle el lugar primordial al Espíritu Santo. Para que sea Él quien llene tu casa y le impregne su misión. El Espíritu Santo, al paso de Jesús, es el guardián, el custodio, para que nunca más entre, ni por las ventanas, ni por las puertas, nada extraño a Dios.

Preguntas que llevan al silencio: ¿cómo está tu casa? ¿En ella conviven las virtudes y los vicios? ¿Con cuáles pensamientos te sorprende el Señor? ¿Tus pensamientos dan gloria a Dios? ¿Te sientes cómodo contigo mismo? ¿Qué está sobrando en ti? ¿Qué necesitas que sea expulsado fuera? ¿Tú quieres que el Señor entre, barra, desempolve tu morada? ¿Tú sabes que tu casa es la misma casa del Señor? ¿Cómo la quieres limpiar para Él, y con Él?

Señor: dame la fe firme que anuncia el apóstol Pablo. Hoy te abro las puertas de mi casa para que vengas y pongas orden en ella. Ven Señor con tu presencia de paz. Ayúdame a discernir y a saber escoger lo que me habita dentro. No quiero que mi vida se desparrame sin sentido ni horizonte. Quiero estar contigo y agradarte a ti. Que el Espíritu Santo llene mi casa. Deseo permanecer en su gracia y obrar según la voluntad de Dios. Señor, gracias por pelear por mí y asumir, con tu fuerza, aquellas batallas que no puedo emprender. Gracias, Señor, porque la victoria es tuya. Que los candados de tu Palabra y la Eucaristía custodien mi casa y fortalezcan mi alianza contigo, para siempre.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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