DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
(Sab 7,7-11; Sal 89; Hb 4,12-13; Mc 10,17-30).
CAMINO DE UNIÓN CON DIOS:
8 PASOS.
El conjunto de las lecturas de este domingo te ofrece luz, mostrándote el camino que lleva a la “unión con Dios”, al “Reino” o a la “vida eterna”, expresiones sinónimas. Iremos meditando en forma de itinerario espiritual. Intentaremos enumerar en base a las enseñanzas de los textos bíblicos escogidos.
1. Suplica la sabiduría. La primera lectura es un elogio a la sabiduría. Ella es el más alto de los dones que trae el Espíritu Santo. Pide esta gracia al Señor, porque trae la luz divina. La sabiduría te permite valorar lo trascendentes. Te hace sentir gusto por las cosas de Dios. Te da la prudencia. Te mantiene en tu lugar como criatura y te revela quién es el Creador. Es necesario pedirla con humildad y, al mismo tiempo, optar por ella, escogerla, amarla y respetarla, darle un valor supremo, para así cuidarla y hacerla florecer.
2. Acercarte a Jesús… Acércate, como ese “alguien” lo hizo en el evangelio. Ve hasta el Señor con tu sed de santidad, tu sed de Dios; ve con tus inquietudes. Arrodíllate ante Él y ábrele tu corazón. Él te escuchará. Con una mirada sabrá lo que necesitas escuchar. El muchacho del relato le preguntó “¿Qué hacer para heredar la vida eterna?”. No se dio cuenta, que en el camino de unión con Dios, no se trata de “hacer” y “hacer”, como en forma mecánica, sino que comienza con mucha fe y mucho amor.
3. Pon alambres en tu cerca. Esto significa, en un primer momento, vivir los mandamientos a los que el Señor remite. Hay, en estos preceptos, muchas negaciones. Estas prohibiciones son como los “no”, que han de asumirse, para no hacer daño a los demás. Las cercas son como las estacas que colocas para que las bestias no entren y dañen lo sembrado. Sin este atajo, tú no puedes conservar el fruto, la vida, la santidad. Aprende a decir “no” a todo lo malo que pretenda entrar en tu terreno interior.
4. Decídete a vender y a dar a los pobres. Hay muchas cosas buenas y valiosas en tu vida. Las que has conquistado con mucho esfuerzo, en ocasiones, llegan a arroparte el corazón y se apoderan de él. Poco a poco reemplazan a Jesús. Él deja de ser el centro de interés y de atención. Es por eso que Jesús, al muchacho del relato, le dice: -“vende lo que tienes, y dalo a los pobres”. No puedes limitarte solamente a poner cerca en tu terreno, hay que arrancar los frutos de la siembra, que se dieron dentro, y repartirlos a los hambrientos. Es preciso el desapego; dejar el terreno vacío para que el mismo Señor lo llene, a su manera y a su criterio. El personaje del relato no entró en la propuesta. Frunció el ceño y se marchó triste. Tú eres quien decides; ¿quieres avanzar hacia la unión con Dios o regresarte? El seguimiento de Jesús va por etapas, y en cada una aumentan las exigencias, pero con ellas, también la gracia de la unión con Dios.
5. Sigue a Jesús. Ve hacia Él con tu terreno interior vacío, dispuesto, limpio. Él es el tesoro del cielo que llega a tu corazón y lo sacia. Aunque parezca difícil el paso, recuerda los consejos del Señor: “Es imposible para los hombres pero no para Dios”.
6. Recibe por las manos de Jesús. Cuando tu corazón ama al Señor y le sirve sinceramente, recibes cien veces más aquello que dejaste; tanto en los afectos como en los bienes materiales. Sólo que ahora, los afectos y los bienes no te poseen, sino que tú lo canalizas para un bien mayor, el del Reino. Por eso, dichos bienes no vienen con comodidad, sino con persecuciones.
7. Sáciate de la misericordia. Es lo que te dice el Salmo del día. El Señor, como una tinaja, abre sus entrañas para que tú te llenes de su misericordia. La misericordia es la oportunidad de Dios, su gracia, que te permite enmendar tu camino, recapacitar, y tomártelo a Él, en serio. Por eso, como el salmista, aprende a calcular tus años, para adquirir un corazón sensato, y puedas abrazar la alegría de la santidad que el Señor te ofrece.
8. Aliméntate con la Palabra y la Eucaristía. La Palabra, dice la carta a los Hebreos, es viva y eficaz. Deja que ella, como espada de dos filos, penetre a tu corazón y lo transforme; corte de allí todo lo que necesita ser extirpado, y restablezca la bondad que el Señor siembra en tu corazón. La Palabra te da mantenimiento. Junto al banquete de la Palabra, está el banquete de la Eucaristía. Ella es la antesala de la vida en el cielo. Con estos dos alimentos te fortaleces para seguir a Jesús y servirle.
Señor: tu Palabra es luz, perfección y vida. Gracias por mostrarme el camino, porque quiero andar contigo. Tú vas delante y yo detrás, como aprendiz. Que a cada etapa del trayecto, tu Palabra y la Eucaristía, me den las fuerzas necesarias para decirte sí. Tú eres, Señor, la personificación de la sabiduría suprema. Me pongo en tus manos. Que todo lo reciba de ti y lo administre desde ti. Que mis renuncias, ante tus exigencias, no sean por mi salvación individual. Que todos, en comunidad de hermanos, podamos saciarnos de tu misericordia, desde ahora y por siempre.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 13/10/24
