MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY 17/10/24

(Ef 1,1-10; Sal 97; Lc 11,47-54)

LA BENDICIÓN DEL PADRE

El apóstol Pablo les desglosa, en una carta, a los cristianos de Éfeso, en qué consiste la bendición que han recibido de Dios. Esta profunda comunicación nos introduce a ti y a mí en el misterio de amor que nuestro Dios nos tiene. Lo que dijo a aquella comunidad, acógelo también como palabras destinadas a ti:

La bendición de Dios, sobre ti, creyente, viene mediante su Hijo Jesús. Se manifiesta en bienes espirituales y celestiales. Quiere decir que, si tú quieres experimentar, testimoniar, enterarte, poner nombre a la bendición de Dios en tu vida, has de elevarte y sumergirte a la vez, para así identificarla. Porque esta bendición tiene su base y fundamento en lo trascendente. En ocasiones uno llama bendición a los bienes materiales, pero hay otros mayores, y en estos vamos a meditar.

La primera bendición de Dios es que Él te ha “elegido”, hizo planes contigo, en la Persona de su Hijo, antes de crear el mundo. Dios Padre te pensó a partir de los mismos ojos con los que contempló a su Primogénito. Para que tú le tuvieras a Él, como lo tiene su Hijo, como un Padre. Te soñó santo e irreprochable ante Él, purificado por el amor. Esto significa que tu naturaleza es estar, en Cristo, muy unido al Padre. Este es el plan y esta es la meta, en el fondo de los fondos.

La meta es que tú seas “hijo”, “hija”, desde su Primogénito, nuestro hermano mayor, por pura iniciativa divina. A Dios nadie le aconsejó este plan, nadie se lo sugirió. Nació de Él. Algunas personas se resienten, cuando la dejan fuera de un plan. Pues aquí tienen la verdad profunda, que Dios Padre le ha incluido en el plan más grandioso de toda la historia y toda la existencia. Quien se sabe en este plan divino, no se acompleja ni se entristece cuando socialmente lo descartan, porque Dios lo ha incluido en su seno, desde antes de nacer.

La gracia del Padre, concedida a su Hijo, te ha alcanzado a ti. Su gloria te ha empapado, de forma generosa. Y por esta bendición recibida, se espera que tú desbordes de “alabanza” al Padre. Si tú alabas a Dios es porque su gracia te lo permite y te inspira. Cuanto más alabes más gratitud. El Señor te capacita para alabarle. La alabanza es respuesta a su amor, con el mismo amor que te ofrece.
Esta bendición del Padre no hubiese alcanzado plenitud sin el sacrificio del Hijo. Sin la sangre preciosa de Cristo, no hubiésemos tenido la redención ni el perdón de los pecados. La sangre de Cristo nos limpió para alcanzar la dignidad necesaria de llamarnos “hijos”, “hijas”.

Cristo Jesús derrochó sobre ti su tesoro, cuando te dio a conocer el misterio de la voluntad del Padre, con gracia, sabiduría y prudencia. Te reveló el plan. Y también te dio, con el Espíritu Santo, y la experiencia de la resurrección, la gracia de que lo puedas comprender, asimilar y vivir. El plan es este: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y la tierra. Tú y yo, estamos llamados, en su Nombre, a encaminar todas las cosas hacia Cristo. Que todo lo que pensemos, hagamos, hablemos, le brinde reconocimiento y gloria. Caminar sin cesar hasta el Padre, peregrinando en Cristo, con la fuerza del Espíritu Santo, este es el bendito plan.

En este sentido, te dice el salmo del día: canta para tu Dios, porque Él ha hecho maravillas. Nunca olvida su plan; lo sostiene su misericordia y su fidelidad en tu favor. Si los confines de la tierra han contemplado la victoria de Dios, hay que pedir Espíritu Santo para contemplarla en tu propia vida. La victoria está en tus manos. Ha llegado. Está. Cada vez que le dices a Dios “Padre”, le alabas y le obedeces, como lo hizo Jesús, declaras la victoria del Señor.

Con razón, el Señor Jesús denuncia fuertemente a los maestros de la Ley. Porque ellos atajaron el camino del saber a la gente sencilla. Se quedaron con la llave del conocimiento. No entraron ni dejaron entrar. Y, contrariamente, favorecieron y emprendieron muerte a quienes profetizaron a favor del plan de Dios para esta historia.

Preguntas que llevan al silencio: ¿A qué tú le llamas bendición? ¿Tú crees que puede haber una bendición que te distancia de Dios, que te aleje de la Iglesia? ¿Qué bendición estás esperando? ¿Te has detenido a pensar en tu origen desde el plan de Dios? ¿Te sabes el proyecto de santidad de Dios? ¿Cómo se realiza el plan de Dios en tu vida? ¿Tu manera de vivir lleva a Cristo? ¿Qué haces con tus conocimientos; se quedan en la computadora o los dejas que iluminen? ¿Tú tienes conocimientos o te han permitido tenerlos? ¿Y si no nacen en ti, por pura capacidad tuya, por qué dejarlos pudrir en la memoria?

Señor: con la gracia que me das, me desbordo en alabanza. Cuando te alabo, reconozco tu fuerza, más consistente que mis pesares. Te alabo por la bendición de hacernos hijos e hijas; por tu santo plan para nosotros, de integrarnos a todos en ti, desde tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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