MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS (20/10/24) XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Is 53,10-11; Sal 32; Hb 4,14-16; Mc 10,35-45

EL DESEO DE SER GRANDE

Este domingo, Jesús continúa educando nuestros deseos y ayudándonos a descubrir el verdadero sentido de la vida, desde los ojos de la fe. Vamos a sumergirnos dentro de la escena donde los hermanos Santiago y Juan expresan al Señor sus aspiraciones. Con los dos hermanos, te acercas tú y me acerco yo, juntos.

Santiago y Juan se aproximan a Jesús. Lo hacen con una intención. Se han distanciado de los demás discípulos. Van con cierta prudencia, con discreción, como quienes no quieren ser escuchados en lo que plantean. Todo indica que no es un acercamiento espontáneo, sino que ha sido preparado anticipadamente. Entre ellos, hermanos, tendrían la confianza suficiente para compartir tales cosas. Querían ser grandes, y nada mejor, a su criterio, que gestionar tal grandeza con quien sabía que tenía acceso al trono de gloria.

Los hermanos, a la primera, no dicen a Jesús lo que desean. Siguen un protocolo. Primero le llaman “Maestro”, y luego prosiguen diciendo: – “Queremos que hagas lo que te vamos a pedir”. Con certeza, por la mirada que tenían, por el rostro de sospecha, Jesús pudo intuir lo que buscaban. Sin embargo, dejó que ellos mismos le pusieran nombre al deseo. Expresaron:

“Concédenos sentarnos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Jesús les respondió: – “No saben lo que piden”. Quédate con esta frase de Jesús: “No saben lo que piden”. Porque lo que ellos buscan está condicionado por el imaginario personal. Tienen un deseo marcado por lo humano. Jesús no corrige el que los hermanos tengan aspiraciones. No les mandó a callar, pero tampoco les dejó de educar su deseo.

“No saben lo que piden”, ni saben lo que asumieron, cuando le dijeron al Señor que eran capaces de beber el cáliz que Él bebería. Para saberlo, debieron hacer meditación profunda con el pasaje de la primera lectura de Isaías. Ahí se fundamenta que todo siervo del Señor es triturado con el sufrimiento, y carga, en sus espaldas, el peso del pueblo.

El siervo verdadero, no quita los ojos del dedo del Señor, para hacer lo que Él diga. La grandeza comienza con la obediencia y la mansedumbre. El grande no se da cuenta de su grandeza, porque está centrado en gastarse por Dios. Ni se da cuenta que su vida se transforma en ofrenda de expiación, porque de tanto darse se ha olvidado de sí. El grande, sencillamente, es grande porque Dios lo hace grande, él mismo no se entera.

Cuando los otros discípulos se enteraron de lo que buscaban Santiago y Juan, se enojaron. Los deseos sin santidad dividen las relaciones comunitarias y la complican. Es entonces cuando Jesús les sigue, con paciencia, instruyendo.

Les habla de la diferencia entre “jefes” y “siervos”. El poder no es malo. Porque desde el comienzo de la creación Dios Padre ha dado poder a sus criaturas. Pero se trata de un poder con obediencia, en la misma dirección que Dios mira. El poder, administrado sin tener en cuenta a Dios, hace daño al alma y la empobrece. Por eso, el Señor aclara que no entiendan el poder como lo ejecuta la gente sin fe. Jesús les pide a los discípulos que vivan lo que Él mismo vive: “No ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.

La carta a los Hebreos nos señala el camino de la grandeza. Aquel camino que ha hecho Jesús, sumo sacerdote, que pudo atravesar el cielo. Sin embargo, dicha grandeza, fue acompañada de su inmensa compasión por la humanidad sufriente, porque Él conoció y conoce el sufrimiento.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cuáles son tus deseos? ¿Por qué, en la Biblia, nunca aparece Dios mirando para arriba? ¿Por qué siempre aparece Dios mirando para abajo? ¿Tú sabías que todos, de alguna manera, ejercemos poder? ¿El poder tuyo obedece al Señor? ¿Qué actitud tienes cuando te humillan? ¿Por qué la tendencia de buscar honores y huir a toda humillación? ¿Por qué los santos aprovechaban toda clase de humillaciones para ganar en humildad y ser más parecidos a Dios? ¿Si los santos van buscando abajarse, por qué esos deseos de querer subirse? ¿Cómo consideras tus deseos a la luz de estas lecturas? ¿Crees que el Señor tiene que sentarse contigo, pacientemente, para educarlos? ¿Tus deseos dan gloria a Dios? ¿Puedes decir que tus deseos son santos? ¿Puedes decir tus verdaderos deseos públicamente?

Señor, como dice el salmo, que tu misericordia venga sobre nosotros como lo esperamos de ti. En este domingo, como Iglesia, celebramos la Jornada Mundial de las Misiones. A tu misericordia, Señor, presentamos y ofrecemos a los misioneros del mundo. Para que tú los sostenga en su vida y misión. También te presentamos nuestras vidas, para que nos bendigas y fortalezcas. Que nuestros deseos sean santos, como tú, Señor, eres santo.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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