MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 24/10/24

(Ef 3,14-21; Sal 32; Lc 12,49-53)

SAN PABLO ORA POR TI

La oración de San Pablo a los Efesios, también está hecha para ti. Comienza de rodillas ante la presencia de Dios Padre. En silencio, toca la puerta de su misericordia. Entra. Es recibido en la intimidad. Hay confianza, abandono, libertad para exponer su súplica. Siendo escuchado, él abre sus labios, revela su querer. Aquello que quiere es a favor de los que ama, los que han acogido la fe en el Señor. Y por tanto, pide por ti. En su petición, el apóstol revela un conocimiento profundo de los tesoros de la gloria de Dios. Porque sólo quien conoce, podría escoger lo mejor para pedirlo como regalo.

El tesoro que Pablo mendiga, lo pide por mediación del Espíritu Santo. Porque sabe el apóstol que la tercera persona de la Santísima Trinidad, es quien robustece, purifica y capacita en lo profundo del ser. El Espíritu prepara el interior, porque este, si le faltara dicha presencia, sería como una pobre cueva. Pero cuando llega, y se le permite operar, convierte la cueva en una casa. La amuebla con los dones y las virtudes, para recibir el tesoro cuando llegue.

A la altura prudente de su oración, Pablo pone nombre al tesoro que pide: la presencia real de Cristo, por fe, en el corazón de cada creyente. Quiere decir que esta divina presencia, suplicada al Padre, por medio del Espíritu, es realizable y verdadera. El apóstol no pide migajas, ni sueños irrealizables. Va a lo esencial, a lo único que puede garantizar la raíz y la firmeza de la fe. De hecho, pide lo que ya el mismo Cristo había prometido para cada uno de los suyos cuando dijo: “Si alguien me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él” (Jn 14,23).

Es necesaria esta divina presencia, en lo profundo del corazón creyente, para que pueda ser comprendido el misterio del amor cristiano. Lo que Pablo vivía, lo deseaba para cada uno de los seguidores de Jesús. Porque sin este cimiento, sin esta raíz interior, no acontecería el milagro, corresponder al amor que el Señor ofrece. Sin esta fuente manando dentro, de presencia viva, no fuese posible el camino de perfección. El alma no tendría horizonte hacia donde peregrinar.

En este mismo horizonte de reflexión, son acogidas las palabras de Jesús en el evangelio cuando dice: “He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!”. El fuego que trae el Señor, nace dentro, en el corazón. Porque ahí lo enciende, cuando se recibe su Palabra, con la fuerza del Espíritu. El Señor es presencia encendida, en lo profundo del ser. Por eso, quema, transforma, convierte. No se comprende, un cristiano, una cristiana, que no sepa, en este sentido, del fuego divino.

El Señor advierte que este fuego vivo, de amor y gracia, pasa por un bautismo, por una etapa, por una prueba que no puede ser evadida. No hay gloria sin cruz, sin obediencia.

Por eso, la paz que nos da el Señor ha de ser bien comprendida. No se trata de una paz desentendida de la lucha por el Reino, desencajada de la historia. La paz profunda, en la persona de fe, está anclada en el alma, nacida por el convencimiento de saber en quién se ha puesto la confianza. Pero, en lo cotidiano, la persona habitada por el Señor, comprometida con Él, tiene que afrontar persecuciones y divisiones.

Las divisiones, en un primer momento, también comienzan dentro de uno mismo. Cuando llega Cristo, muchas cosas internas tienen que separarse, dejarlas de lado, sacarlas fuera. Todo aquello que se opone a la perfección, a la vida en gracia, al camino de santidad, necesita ser extirpado.

Las divisiones comienzan por dentro, pero también se reflejan por fuera. Porque quien se rige por los valores de Cristo, no da prioridad a criterios diferentes, aunque procedan estos de la familia de sangre. El mismo Señor que nos une, si no comulgamos con la santidad y la justicia, también nos separa.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo experimentas la presencia viva de Cristo en tu corazón? ¿Dejas que el Espíritu prepare tu casa interior para que el Señor la habite? ¿Te consideras una persona de raíz espiritual? ¿Le has pedido al Señor comprender el misterio de su amor? ¿Te has preguntado cómo amar más a Jesús, cómo amar más a todo lo que Él ama? ¿Sabías que si no te confiesas, el Señor no tiene en ti una casa digna? ¿Cómo arde en tu corazón el fuego de la Palabra, del Espíritu Santo? ¿Tus palabras, tus acciones, ayudan a Cristo a llevar fuego al mundo? ¿Cuáles experiencias de divisiones has tenido que enfrentar por fidelidad al Señor?

Señor, como dice el salmista, mantén tus ojos fijos en tus fieles, porque esperamos en tu misericordia. Líbranos de la muerte, y reanímanos en tiempo de hambre. Te pedimos, hoy, por el descanso eterno del teólogo, dominico, Gustavo Gutiérrez, que reciba la corona de todos aquellos que se afanaron incansablemente por tu Reino.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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