(Jr 31,7-9; Sal 125; Hb 5,1-6; Mc 10,46-52).
LOS SIETE PASOS DE BARTIMEO
El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús camino a Jerusalén. Al salir de la ciudad de Jericó, rodeado de sus discípulos y mucha gente, estaba un ciego llamado Bartimeo. Te invito a entrar en esta escena. A que vivas la experiencia de este hombre. Y aprendamos de él, tú y yo, las actitudes necesarias para que nuestros ojos alcancen la luz de la fe. Meditemos en los siete pasos que él dio para alcanzar la felicidad plena en el seguimiento de Jesús.
1. Reconoció su ceguera: Bartimeo estaba sentado al borde del camino. Con humildad, se sabía inseguro. No tenía claro hacia dónde dirigirse, qué dirección tomar. Su vida iba empujada por la muchedumbre. La necesidad de limosna era brújula para sus pasos. Estaba dependiente. Limitado. Cierto sentimiento de impotencia parecía dominarlo. Nadie puede estar al margen, descartado, insatisfecho y ser feliz. En su oscuridad, pudiéramos decir, que era una persona que albergaba tristeza en su interior. Pregúntate, ¿en este momento de tu vida, cómo está la luz de tus ojos, cómo está tu fe?
2. Abrió los oídos: Bartimeo no podía ver, pero sí escuchar. No se acomodó a su limitación. Sólo le faltaba que llegara a su vida el tiempo de Dios. Esperaba una señal. En su fondo, albergaba esperanza, y esta, se encendió mediante el oído. El punto de partida de su experiencia con Jesús fue auditivo. Jesús le entró por el oído, y con Él, se le encendió la fe. ¿Tú abres espacio para escuchar a Jesús? ¿Tus oídos están atentos a su voz? ¿Por qué la oración aumenta la fe?
3. Identificó quién era Jesús: Bartimeo, rodeado de mucha gente, supo quién era Jesús. Dirigió sus gritos hacia Él. Le llamó: “Hijo de David”, o sea, reconoció que Él era el Mesías anunciado, el Hijo de Dios. A la muchedumbre le pedía limosna. Al Señor, le pidió compasión. No suplicó por un alivio temporal, sino por la sanación plena. ¿Tú eres consciente de quién es Jesús? ¿Te has interesado en conocerlo más profundamente? ¿Qué andas mendigando por la vida?
4. No tuvo miedo: Bartimeo, no se podía mover con facilidad, pero, pudo gritar cada vez con mayor fuerza. No se dejó intimidar por las personas que le regañaban para que hiciera silencio. Enfrentó con valentía a sus contrarios. Fue persistente en la súplica; hasta que aconteció el comienzo de su nueva vida: Jesús se detuvo ante sus ruegos. Y los mismos que le censuraban, tuvieron que hacer de sus mediadores para llegar hasta Jesús. Le dijeron: “Ánimo, levántate, que te llama”. ¿Cuáles barreras tienes para acercarte a Jesús? ¿Cuál es tu actitud ante las dificultades encontradas para el encuentro con el Señor? ¿Alguien te ha dicho que el Señor te llama y que espera por ti?
5. Vivió la experiencia con el Señor: Bartimeo, sabía que no era suficiente escuchar sobre Jesús. No era posible quedarse parqueado en las orillas. Era necesario llegar hasta Él, estar con Él. Mucha gente rodeaba al Señor, pero se requería más intimidad personal. Un diálogo particular. Abrirle el corazón. El Señor le dedica tiempo. Jesús sabía que era ciego, pero le pregunta, “¿qué quiere que haga por ti?”. Él no pide otra cosa, a no ser: “Maestro, que pueda ver”. ¿Qué tú le estás pidiendo a Jesús? ¿Cuándo te detienes con Él, qué le planteas?
6. Recibió la luz: el Señor le dijo a Bartimeo, “Anda, tu fe te ha curado”. Con la respuesta de Jesús queda más evidente que el relato bíblico no está centrado literalmente en la ceguera física, sino en la ceguera espiritual. Sin Jesús el pueblo no podía tener luz ni salvación. De igual manera, nuestra sociedad anda a oscuras cuando le falta la fe. Sin fe, el alma se enferma, se empobrece, se muere de hambre. ¿Te quedarás a oscuras sabiendo donde se encuentra la fuente de luz?
7. Siguió a Jesús: cuando recobró la vista, cuando pudo ver claro, Bartimeo dejó los bordes del camino, y se dispuso a seguir al Señor. Su vida adquirió un nuevo sentido. ¿Tú, a quién estás siguiendo? ¿A dónde te lleva la gente que sigues? ¿Identificaste, en Jesús, el rumbo y sentido de tu vida?
En síntesis, el conjunto de las lecturas de este domingo fundamentan los motivos de nuestra esperanza y nuestra alegría. En la primera lectura, el pueblo pobre y desterrado fue consolado por el Señor, quien los atrajo hacia Él como un Padre. El Salmo, parece sintetizar la experiencia de los pobres de Israel, y del mismo Bartimeo cuando reconoce que el Señor cambió su suerte, y por eso recita: “El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres”. La segunda lectura, también es motivo de alegría; fundamenta que Jesús nos representa, responsablemente, ante el Padre. Mediante Él, nos dice a cada uno: “Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy”.
Señor: me quedo, este domingo, y toda la semana, rumiando esta bella experiencia. Realmente, has cambiado mi suerte, me has engendrado hoy. Te doy gracias, Señor, por tantas maravillas. Ya no estoy al borde del camino. Veo claro, por tu misericordia, y mis pasos no vacilan para seguirte a ti. Señor, has estado grande con nosotros, y estamos alegres.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS (27/10/24) DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO
