(Ef 6,1-9; Sal 144; Lc 13,22-30)
¿SERÁN POCOS LOS QUE SE SALVEN?
Iba Jesús de camino, cuando alguien le preguntó: “¿serán pocos los que se salven?”. Gracias a esta pregunta, tú y yo tenemos acceso a la respuesta y a la enseñanza ofrecida por el mismo Señor referente a la salvación. El Señor no le responde sobre cantidad, como le interesa al curioso. Sencillamente, expone los criterios para que él, y todos los que escuchen, puedan salvarse.
El camino de la salvación comienza con el “esfuerzo” para entrar por la puerta estrecha. Es la puerta del amo de la casa. Este amo es Dios. Él ha tenido la iniciativa de abrir la puerta, y tiene preparado un banquete. Pero el Hijo, que conoce bien dicha casa, advierte que su puerta es estrecha. De ahí el esfuerzo necesario para entrar. Si el amo abre la puerta, su gracia; tú pones, en Cristo Jesús, el sacrificio.
Jesús deja saber que la puerta está abierta, hasta el día en que se levante el amo para cerrarla. El tiempo de “puerta abierta” es el tiempo de la misericordia. Es la oportunidad que se te da para el esfuerzo; ¿en qué consiste este? Se refiere a la fuerza de voluntad, sostenida en el Espíritu Santo, para entrar y permanecer en la vida de Jesús. Él también ha dicho de sí mismo: “Yo soy la puerta: quién entra por mí se salvará” (Jn 10,9).
Si te pones a considerar las exigencias del seguimiento del Señor, y no inviertes en el amor por Él, te resultará tedioso el sacrificio. Pero, si pones tus ojos fijos en el Señor, en el premio, en el banquete, en la gente que estará dentro de la casa, que son todos los santos, entonces podrás perseverar. Cualquier empeño será poco en comparación a la promesa.
Según el relato del evangelio, llegará un día, en que te darás cuenta cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta. Ese día, se despertarán las conciencias. Si no te sacrificaste, no podrás entrar a última hora. La gente que se quede fuera gritará: “Señor, ábrenos”. Pero Él, replicará: – “No sé quiénes son”. Quiere decir que, no basta con haber hecho acciones buenas en apariencia, sin sinceridad de corazón, porque sólo cuando hay pureza de intención tu rostro es identificado por los santos.
Este momento presente, es el que tú y yo tenemos para darnos a conocer en la comunidad de los santos. Porque será muy duro, uno mirar desde lejos el banquete, identificar a la gente que caminó con nosotros, y a otros más, y no poder sentarnos juntos, en la mesa del Padre. Un Padre bueno, pero que también es amo, dueño y Señor, con autoridad y justicia. Si cierra la puerta, no es porque sea malo; contrariamente, es bueno, porque ahora la mantiene abierta y te dice: – “esfuérzate por entrar”.
En la primera lectura, de Pablo a los Efesios, se ofrecen ejemplos de cómo entrar por la puerta. La “obediencia” al Señor, y los que cumplen su voluntad, es un pase privilegiado para hacerlo. El “trato a los demás”, como uno quiere ser tratado, sabiendo que el amo de la casa, es superior a todos, también es un ejercicio eficaz para atravesar. “Servir” a los necesitados, no por quedar bien, sino con toda el alma, de buena gana, es un pase para la casa del amo.
El salmo del día, ofrece señales de cómo entrar por la puerta estrecha. Haciendo de tu vida, no un lamento, sino una acción de gracias. Bendiciendo, proclamando el Nombre del Señor, dando a conocer y explicando sus obras. Hacer de la vida en el Señor la dulzura y la delicia existencial, esta es la puerta verdadera.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Te gusta la vida cómoda y placentera? ¿Tú te dejas llevar por lo que el cuerpo te pide? ¿Tú educas tus deseos? ¿Tienes a Jesús como modelo para formar tu vida? ¿Te haces exigencias para enderezarte según los lineamientos del Señor? ¿Cuál puerta estás tocando? ¿Qué tú buscas tocando la puerta a la que ahora llamas? ¿Tú conoces la vida de los santos? ¿Tú crees que los santos te conocen?
¿Qué significa para ti la palabra sacrificio? ¿Qué tú sabes de obediencia? ¿Cómo está la honra, y el respeto por tus padres? ¿Tú haces los servicios que te piden, de buena gana? ¿Tú esperas que te pidan servicio o te adelantas, si es necesario? ¿Tú te esfuerzas, por la salvación personal, o también te esfuerzas por la salvación de los demás? ¿Cómo podrías hacer del “esfuerzo”, por entrar por la puerta estrecha, tu recreo cotidiano?
Señor: gracias por situarme con los pies en la tierra. Me imagino frente a un espejo. Miro mis canas. Los años han pasado. Y me pregunto, ante ti y ante mi conciencia: ¿cómo he invertido mi tiempo? ¿Cuántas puertas he tocado? Señor, que mi alegría no sea, haber entrado por una puerta ancha, porque esta me cierra la tuya. Que ninguno de tus hijos, Señor, seamos desconocidos aquel día. Ayúdanos, Espíritu Santo, a entrar por la puerta estrecha.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 30/10/24
