(Ap 7,2-4.9-14; Sal 23; 1 Jn 3,1-3; Mt 5,1-12a)
SOLEMNIDAD TODOS LOS SANTOS
(8 RASGOS DE SANTIDAD)
Hoy es la solemnidad de todos los santos. Concluyendo el año litúrgico, la Iglesia nos inspira a levantar la mirada hacia el futuro. Nos hace meditar en la vida de todos los santos. Siendo que tú y yo estamos mandados por Dios a ser santos: “Sean santos, porque yo soy santo” (Lv 11,44), vamos a considerar cómo, las lecturas del día, nos ayudan a emprender dicho camino. Jesús, en el evangelio, nos dice 8 rasgos que distinguen la santidad:
1. “Pobreza”: el camino de la santidad comienza con la pobreza de espíritu. Se trata de la humildad, un corazón desprendido, despojado, abierto, y abandonado para que Dios lo habite, lo sostenga. Cuando la sociedad, sin Dios, promueve el orgullo, la soberbia, la jactancia de bienes influencias; la santidad te dice, despójate hasta de ti mismo, y peregrina sencillamente con tu Dios. Espera todo de Él y deja que Él sea tu todo. Este pobre del Señor, en Él, atravesará la puerta del cielo y entrará en su Reino. ¿Cómo vives la pobreza?
2. “Lágrimas”: quien va haciendo el camino de santidad examina sus lloros. Identifica el origen de estos en el corazón, para saber si brotan por caprichos, por egoísmos, o si están enraizados en la experiencia de Dios. Porque quien busca la santidad se sumerge en el mismo sentir del Señor y llora por las cosas que Él lloró. Las lágrimas del santo nacen solidariamente con el otro que llora. Este lloroso por amor, le espera, en el Señor, su consuelo. ¿Por qué o por quién lloras?
3. “Justicia”: Lo que el Espíritu Santo va obrando dentro del alma, sensibiliza y pone en movimiento. Dios opera en el interior, se manifiesta en forma de deseo. La imagen del hambre y la sed es perfecta para visualizar la impotencia ante las injusticias. Cuando más la persona conoce de Dios, tanto más sueña con su cielo, se esfuerza por hacerlo visible en la tierra. La certeza de que será saciado en su deseo, le permite perseverar. ¿Cómo haces vida la justicia?
4. “Sufrimiento”: a nadie le gusta sufrir en este mundo terrenal de placeres y comodidades. Pero el sufrimiento, bien aprovechado, sirve de abono. Quien busca la santidad no es que ande buscando sufrimiento. Sin embargo, todo lo que venga de dolor, lo une a la pasión de Cristo. El sufrimiento fecundo viene con la vida y está unido a las mismas causas por las que sufrieron Jesús y la Virgen María. Este padecer no es indiferente a aquel que es Dueño y Señor, de la nueva tierra y del nuevo cielo; el buen sufridor los recibirá en herencia. ¿Tu sufrimiento dejará algo bueno en esta tierra?
5. “Misericordia”: este rasgo está en el corazón de las bienaventuranzas. La persona que busca la santidad confía en la misericordia de Dios. Se sabe un pecador perdonado. Su meta es la unión con Dios; no por su propia fuerza, sino por la infinita misericordia del Señor. Se ejercita en misericordia, de la misma que recibe comparte. ¿Tú tienes el corazón blandito y la memoria fresca?
6. “Pureza”: sólo el corazón limpio podrá ver el rostro de Dios. Como esa multitud inmensa, visualizada en el Apocalipsis, que estaba vestida de blanco, de pie, delante del Cordero. El salmo también lo confirma cuando dice: “Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor”. Fueron aquellos, dice el orante, de manos inocentes, fieles a la fe, que buscaron la autenticidad de vida. ¿Vas haciendo limpieza profunda en tu corazón?
7. “Paz”: nadie da aquello que no tiene. Si Dios está dentro, la paz se refleja por fuera. Quien busca la santidad trabaja por la paz; quiere parecerse a su Padre Dios. Porque, como nos lo transmite Juan, los santos son aquellos que se saben hijos e hijas de Dios; viven y actúan desde esta identidad. ¿Vas sembrando paz por los caminos?
8. “Persecución”: el camino de la santidad tiene paz en su interior y persecución externa. Sin embargo, no han de intimidar los insultos y calumnias, sino la fe en la recompensa. Sé de esos que llegarán firmes, luego de haber pasado la gran tribulación, y haber lavado y blanqueado la vestidura con la Sangre del Cordero. ¿Cómo está tu determinación, tu firmeza? ¿Has pedido la gracia de tener, en la fe, una voluntad de acero?
Señor: que podamos, todos juntos, embelleciendo la Iglesia, cruzar con alegría las puertas del cielo. Queremos llegar a tu presencia como hijos e hijas que supieron hacer tu voluntad. Arranca, con la fuerza del Espíritu Santo, nuestros ojos de este mundo pasajero. Danos visión de eternidad. Menos crítica, más amor. Haznos ver, Señor, aquello que nos perdemos, en tan poco tiempo. Deseamos despertar y ejercitarnos en la identidad que nos has dado. Gracias por tu perdón. Tu misericordia nos respalda para caminar en santidad. La santidad es el rostro más bello de la Iglesia.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 1/11/24
