MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 5/11/24

(Fil 2,5-11; Sal 21; Lc 14,15-24)

TODAVÍA QUEDA SITIO

El evangelio del día compara el Reino de Dios con un banquete. Trae la imagen de un hombre que lo preparó. Ese manjar preparado, es el mismo cielo, es la santidad de Dios disponible para todos. Es la fiesta de los santos; las delicias eternas. Los manjares de los ángeles es la presencia del Señor, no hay alimento para el alma más sublime y nutritivo. Todo está listo. No hay improvisaciones. El dueño de la casa convida, con seguridad, porque sabe lo que tiene para ofrecer en abundancia.

Con todo listo, el dueño del banquete, que es el mismo Dios, manda a su criado a avisar a los convidados. ¡Pobre criado! Aparece en el relato mencionado cuatro veces. No va por cuenta propia. Es obediente. Hace lo que le mandan. Mantiene al dueño de casa informado de las reacciones de los convidados. El Señor confía en su criado y el criado es fiel a su Señor. Ese criado son todos los servidores y servidoras del Señor, que van y vienen buscando comensales para la mesa.

La indignación llega al corazón del Señor, porque en vez de convidados recibe muchas excusas. Dos de las excusas principales son compras de terreno y animales; tiene que ver con posesiones que ocupan la atención y a las que hay que invertir tiempo, porque se han convertido en prioridad. La otra excusa es por casamiento, remite a lazos afectivos que desplazan a Dios.

Esos que ponen excusas, son quienes ponen sus seguridades en las cosas que tienen en manos. La seguridad se basa en su propio esfuerzo. Lo que el dueño del banquete ofrece es gratis, y les causa sospecha. Lo que no ha salido del bolsillo, a criterio de los que ponen excusa, es cuento de infantes. Sencillamente, se menosprecia. Se descarta. Es preferible para ellos, haber pagado por un terreno y sentirse importante; sin darse cuenta que el dueño del banquete es, al mismo tiempo, Señor de toda la tierra y, aún más, Señor de la vida.

Con todos los desprecios en la cara, el Señor manda, esta vez con prisa, a su criado. Lo hace buscar a quienes no ponen excusas. Los pobres, los lisiados, los ciegos, los cojos…. Esos que han sido descartados sociales, no tienen qué cuidar, no tienen nada. Están disponibles a tiempo completo. Aquí el Señor te da la clave de lo que espera de ti: un corazón libre y despejado para acoger el llamado y entrar a su casa, sin otra preocupación que no sea, saber a dónde vas, cómo debes entrar, y quién te ha invitado.

El relato no llega a su fin cuando la gente sencilla llega al banquete. No culmina, porque todavía hay sitio. En este momento de la parábola estamos tú y yo. El Señor, hoy, sigue tocando corazones, invitando. Llega la invitación mediante sus mensajeros y mensajeras, mediante su Palabra. Desea que entren todos a su casa, porque aguarda con el banquete listo. Hay sitio en la mesa, en su corazón, esperando. El dueño del banquete está diciendo que quiere su casa llena.

Intenta, en reflexión, ubicarte en algunos personajes del relato, para darte cuenta si eres de los que han aceptado el convite, o de esos que ponen excusas. También podrías considerar si te identificas con ese criado, que anda dando vueltas y vueltas, invitando por los caminos, a fin de que se llene la casa de Dios.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Te gusta salir de compras? ¿Qué haces con tantas compras? ¿Después que compras, qué queda de ti? ¿Y si no tienes con qué comprar, qué te sucede? ¿Estás buscando con quién casarte? ¿Estás en angustia si no aparece con quién casarte? ¿Hasta cuándo vas a estar buscando, sin darte cuenta de que alguien está buscándote a ti? ¿Tú estás disponible cuando el Señor te llama? ¿Tienes alguna excusa para el Señor? ¿Qué excusas le pones, en este momento? ¿Le estás avisando a la gente que todavía hay sitio? ¿Quieres ser como ese criado que va y viene invitando gente a la casa del Señor? 

Señor, como dice el salmista, yo quiero alabarte en la gran asamblea. Que en tu presencia, Señor, se postren familias enteras, porque tú mereces honor y respeto. Así lo asegura el himno en la carta a los Filipenses: “al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”. Señor, deseo estar presente ahí, en el banquete que nos tienes preparado. No sin antes caminar por los senderos, buscando gente que acepte tu convite. Todavía hay sitio, Señor, porque tu misericordia es grande; y tu corazón, inmensamente generoso.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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