MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 7/11/24

(Fil 3,3-8ª; Sal 104; Lc 15,1-10)

ALEGRÍA EN EL CIELO

Señor, yo quiero, en tu gracia, fomentar alegría en el cielo. Que se goce la Santísima Trinidad, la Virgen María, san José, los santos, y todos los ángeles que en él habitan. La alegría del cielo alcanza y enciende la alegría en la tierra; porque los justos de corazón también se alegran, Señor, por lo que te hace feliz. El  motivo de esta alegría es perfecto; nace porque alguien se abrió a tu luz y decidió dar el paso decisivo para unirse y vivir en ti. Entonces, Señor, quiero hacerles feliz.

En San Pablo encuentro la ruta de la dicha plena. Él testimonió el salto de la confianza en sí mismo al abandono en ti. La jactancia humana crece sin medidas, Señor. Con fuerza y decisión uno busca asegurar el futuro, una cuenta, conquistar saberes y méritos llenos de honores que inflan el ser… hasta que llega, como al apóstol, ese momento decisivo, donde tu luz, como una espada, pincha y desinfla hasta hacer tocar tierra.

Hay alegría en el cielo cuando sitúo, lo que consideraba ganancia, sin ti, como una pérdida. Tengo pérdidas, Señor, si camino al margen de tu voluntad, cuando me afano por hacer cosas que no te dan gloria ni enaltecen tu nombre. Pierdo cuando se me va el tiempo tras conquistas transitorias que concentran mis deseos. Pierdo cuando mis palabras no hablan de ti. Cuando mi pensamiento está distante de tus planes. Las pérdidas llegan cuando me cierro en mi mentalidad, en mi propio terreno, sin salir a la patria grande, que tú me quieres mostrar. Perdida estoy yo misma, Señor, cuando no propicio la ocasión de encontrarme contigo.

En cambio, gano cuando me abro a tu gracia y me dedico a conocerte. Porque sólo, Señor, conociéndote puedo tomar serias decisiones. Sin este conocimiento profundo me domina la vacilación, la inseguridad. Sin saber quién eres me someto a una fe vulnerable, a una esperanza débil, a una caridad limitada. Sin conocerte, Señor, no puedo llevar alegría al cielo. Porque sólo en este santo conocimiento es que podría nacer la pureza de mi amor por ti, y el santo deseo de querer obedecerte y servirte.

En tus propias palabras, Señor, nos lo dijiste. Revelaste lo que sólo tú podías precisar con seguridad: “Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión”.

Llevaré alegría al cielo cuando no dude en dejar, como ese buen pastor, las noventa y nueve ovejas seguras, y me vaya tras aquella que se alejó del rebaño. El texto muestra que el hallazgo no fue a la primera, sino que tuvo que dar vueltas y más vueltas hasta finalmente encontrarla. Con el encuentro viene la alegría y la fuerza renovada para ponerla en sus hombros. La fiesta no se hace en aislamiento, sino que se convoca a los buenos amigos para celebrar el regreso. Lo que pasa en la tierra es reflejo del gran acontecimiento en el cielo.

Llevaré alegría, Señor, si como esa mujer que perdió una moneda, no me quedo indiferente porque tenga otras aseguradas. Ella se dispuso a barrer, a rebuscar con la lámpara encendida, hasta recuperarla. Esa moneda, Señor, son las almas, son los corazones en letargo; mientras los santos esperan mi disposición para iluminar a esos perdidos en la oscuridad. Que no dude, Señor, en armar la búsqueda sincera y desinteresada. Que me mueva la pureza de intención, hacerte feliz. Te hago feliz en cada persona que decide confesarse, convertirse, integrarse a la comunidad y empezar una nueva vida.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Dónde nace mi alegría? ¿Qué me hace feliz? ¿La vida que llevo fomenta alegría en el cielo? ¿Tengo un corazón dispuesto a recapacitar? ¿Tengo terquedad interior? ¿Soy una persona sensible a las inspiraciones del Espíritu? ¿Me dejo modelar por lo que el Señor espera de mí? ¿Estoy haciendo bien las cosas de Dios? ¿Estoy buscando los hijos e hijas del Señor allí donde se encuentran; se los estoy reuniendo en su casa? ¿Los santos y las santas me conocen, saben quién soy? ¿Invoco los santos en mis oraciones, hablo con ellos, pido intercesión por los que están extraviados? ¿Evito caer en emboscadas que puedan hacerme perder?

Señor, como dice el salmista: que se alegren los que buscan al Señor. Y es que buscándote a ti, también llevamos alegría en el cielo. Cada encuentro contigo, es una fiesta de santos. Por eso, como el orante, yo quiero, en comunidad, buscarte continuamente, recordar y contar tus maravillas, para gloriarnos en tu santo nombre. Que tu alegría, Señor, sea mi alegría.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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