MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

10/11/24 (1Re 17,10-16; Sal 145;
Hb 9,24-28; Mc 12,38-44).

LAS DOS VIUDAS

Este domingo las lecturas recuperan la historia de dos viudas. En la primera lectura, del libro de Reyes, se habla del encuentro entre Elías y la viuda de Sarepta. En el evangelio, del realce que Jesús hace sobre la ofrenda de una viuda en el templo. ¿Qué tienen en común esas mujeres, y qué nos enseñan? Meditemos:

1. Atraen la mirada de Dios. La viuda de Sarepta fue observada por Elías, mientras recogía leña. No tenía sirvientes. Ella misma tenía que hacerlo. El profeta tenía hambre. Vio en una viuda esperanza. La viuda, del templo, fue observada por Jesús. Mientras los escribas buscaban llamar la atención; la viuda, sin pretenderlo ni saberlo, conquistó la mirada de Cristo. Dios, en su compasión infinita, nunca se fija en la apariencia. El Señor mira hacia el interior y valora la pureza y la sinceridad del alma.

2. Lo dieron todo. Elías le pidió agua y pan a la viuda. Ella aclaró que le quedaba provisión para el último bocado de ella y su hijo. Pero, al escuchar la promesa del enviado de Dios, de que no se acabará la harina ni el aceite, dio el paso a preparar el pan. La viuda del templo, a su vez, no dudó en ofrendar las dos moneditas, lo único que tenía para sustentarse.

3. Entregaron la vida. Cuando la viuda de Sarepta se dispuso a dar su último bocado, esperaba la muerte. Asumió el riesgo. Confió. Tomó la decisión de ofrecer, no sólo su propia vida, sino la de su hijo. La viuda del templo quedaba con los bolsillos vacíos y con el corazón lleno de confianza en Dios.

4. Ofrendaron sin complejos. La viuda de Sarepta, pobre, recibió un profeta en su casa. Una casa pobre recibió a uno de los profetas de mayor relevancia en el antiguo Israel; compartió humildemente su pan. La viuda del templo, no se condicionó por la mucha ofrenda que depositaban los pudientes. Fue Jesús, y no ella, quien consideró que estos echaban lo que les sobraba.

5. Confiaron en la providencia divina. La viuda de Sarepta testimonió la providencia del Dios de la vida. Su generoso compartir no disminuyó la harina ni el aceite. Nunca se vaciaron. Se abrieron sus manos y aumentó su fe. La viuda del templo…, que nunca habló, se convirtió en maestra de gratitud… uno quisiera continuar la narración del pasaje para ver lo que sucedió cuando ella llegó a su casa. La mirada del Señor bendice. Él nunca se deja ganar en generosidad.

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, también se corresponde con el sentido espiritual de las otras dos. Porque nos habla del sacrificio de Cristo. Quien ofreció su vida para quitar los pecados de todos, y darnos la salvación. En Cristo Jesús tenemos la perfección de todas las ofrendas y sacrificios.

El salmo es un hermoso himno de alabanza. Se invita a toda la asamblea a cantar jubilosamente las misericordias del Señor. Se trata de que cada participante en la liturgia, haga memoria del paso providente de Dios por sus vidas. Cada quien recuerde cuándo Dios le quitó el hambre a la familia, cómo la sustentó. De qué manera el Señor les quitó la ceguera de las pupilas, y pudo liberar sus vidas de la red del cazador. Sin recordar el paso de Dios, no puede haber alabanza sincera.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo Jesús mira y cómo tú estás mirando? ¿Cómo te comportas en tiempo de hambre y sequía? ¿Qué estás ofreciendo al Señor, a los demás? ¿Das de las cosas que te sobran? ¿Qué estás dando de tu armario? ¿Tú sabes dar cosas nuevas, con etiquetas? ¿O das, solamente, lo que no te sirve, lo que tus hijos no quieren usar? ¿Para qué se abre tu cartera? ¿Estás dando cosas? ¿Has aprendido a darte tú mismo, tu persona?

Señor: ¿Qué te puedo dar? Te traigo mi corazón enamorado, con tu nombre escrito en su centro. Mira mi ofrenda, Señor. Como esas pobres viudas yo quiero darte todo. Esta es mi donación comprometida. Porque con mi corazón te estoy dando, seriamente, mi voluntad; que ella se haga una con la tuya. Purifica mi ofrenda, Señor, en el fuego del Espíritu Santo. Mi fe es esta, que a tu lado, nunca se acabará ni la “harina” de mi alabanza ni el “aceite” de mi oración.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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