MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(17/11/24)
(Dn 12,1-3; Sal 15; Hb 10,11-14.18; Mc 13,24-32)

TODO PASA:
DIOS PERMANECE

Ya nos estamos acercando al final del año litúrgico, y en este ambiente, la Iglesia nos ayuda a reflexionar en torno al final de los tiempos. El propósito es que tú y yo despertemos y tomemos decisiones con nuestras vidas.

Las lecturas del día, apoyadas en un lenguaje apocalíptico, van anunciando la caducidad de las cosas creadas. La visión, en el libro de Daniel, presenta la intervención del arcángel Miguel en la historia, antecediendo el juicio, donde se tomará la decisión sobre quiénes serían los salvados.

La apocalíptica lleva esperanza al corazón creyente, porque ahí mismo, en medio de la descripción de tiempos difíciles, se ofrecen los criterios para perseverar en la fe y no desanimarse. Daniel nos da la señal de acoger el sendero de la vida; él habla del pueblo de Dios. Te invita a buscar tu comunidad de fe. Este pueblo será reconocido como sabio, por haber escogido el camino verdadero. Son los que están inscritos en el libro. Ya recordó el Señor Jesús a sus discípulos: “Alégrense, porque sus nombres están inscritos en el cielo” (Lc 10,20).

Tú podrías preguntarte, y ¿cómo es eso de estar inscrito en el libro de Dios? La Palabra te ayuda a meditar. Cuando escribes algo es para no olvidarlo. Estar inscrito en el libro y estar en la memoria y en el corazón de Dios es la misma cosa. Cuando tú oras constantemente, cuando te esfuerzas por agradar a Dios, cuando haces amistad con los santos, cuando vives la caridad con los pobres y practicas la  justicia… vas construyendo el Reino; te haces conocido en el cielo, con identidad de hijo o de hija. Tu vida y tus opciones hacen que te inscriban o no, y hasta que te borren, que te recuerden o que no sepan identificar quién eres.

En el evangelio, Jesús también recurre a imágenes apocalípticas. Describe el trastorno cósmico del final de los tiempos. Se destaca la imagen de la llegada del Hijo del hombre. Con su venida, nos quedará claro qué significa poder y majestad; ambas dimensiones, en Él, al servicio de la santidad y la justicia; con la participación de un ejército de ángeles que ayudan a poner fin a la soberbia, al orgullo y a la arrogancia humanas.

Lo que parece complicado de entender, Jesús lo desmenuza, a fin de que todos entiendan, porque el objetivo no es confundir, sino despertar. Como buen Maestro, el Señor les habla de la imagen de la higuera. Los cambios de sus ramas anuncian cambios de estación. De la misma manera, tenemos que saber interpretar los signos de los tiempos; y reconocer cuándo el fin se acerca. Con esta parábola, Jesús responde a la inquietud de cuándo sucederá. Pero no dice fechas. Sólo provoca que se interpreten los signos. Este gran misterio no es conocido ni por los ángeles ni por el mismo Hijo. Es custodiado, celosamente, en el corazón del Padre.

A ti y a mí, no nos debe interesar saber el día ni la hora. Lo más prudente es asumir la actitud del salmista y decir sinceramente al Señor: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti”. El orante te invita a tener siempre presente al Señor, porque con Él no vacilarás. No tengas miedo, alégrate de corazón, gózate en tus entrañas, y descansa en la paz de quien está seguro; porque la Palabra te enseña el sendero de la vida, no te deja desorientado. Estamos siendo clarificados cada día, cada minuto y cada segundo.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Te estás agarrando, sosteniendo de cosas que son pasajeras? ¿Si te dicen que la Palabra de Dios nunca pasará, qué lugar ocupa esta palabra en tu corazón? ¿Te dejarías condicionar por gente que anuncia la fecha del fin del mundo, cuando Jesús te acaba de decir que sólo el Padre lo sabe? ¿Tú quieres pedir la gracia para amar lo eterno con honestidad? ¿Qué tú haces por Cristo, sabiendo el sacrificio que Cristo hizo por ti? ¿Qué te está haciendo falta para decidirte por Jesús enteramente? Todo pasa, ¿qué debe pasar en ti, qué debe morir en ti, antes de que mueras en esta tierra, y puedas seguir viviendo en la eternidad?

Señor: este domingo se celebra la VIII Jornada Mundial de los Pobres, con el lema: “La oración de los pobres se eleva a Dios” (Ecl 21,5). Que mi corazón no sea indiferente a las necesidades de los más necesitados. Que me empeñe,  no sólo por compartir el pan de la mesa, sino el pan espiritual. Hay comidas que satisfacen el estómago y otras alimentan el alma. Quisiera, Señor, ayudarte a inscribir muchos hijos e hijas en el libro de la vida, en el registro oficial de tu corazón; ahora, que hay tiempo, y las inscripciones están abiertas.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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