MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 20/11/24

(Ap 4,1-11; Sal 150; Lc 19,11-28)

LA ALABANZA

La primera lectura del Apocalipsis nos muestra, mediante Juan, la visión de la corte celeste. En dicha visión se realzan significativas imágenes, la principal, el trono y quien en Él está sentado. Comunica la existencia del Señor como rey de todo cuanto existe. Alrededor del trono, otros veinticuatro; Dios no reina solo. En torno a Él se describe mucha luz, vida en abundancia, y la presencia de aquellos que han vencido con Cristo, vestidos de blanco. Todos los seres vivientes, ante Dios y su majestad, en actitud de adoración, expresan sin cesar: “santo, santo, santo…”.

El pasaje nos enseña lo que sucede en el cielo, para que lo vivamos en la tierra; la santidad de Dios llena todo cuanto existe. La luz de su luz, llega hasta nosotros y nos sostiene con vida. Por eso, la razón de existir es reconocer al Creador nuestro y unirnos a estos coros celestiales; resonará así, a una sola voz, en todo el universo, el himno de alabanza al Señor de la vida.

El Catecismo de la Iglesia (2639) dice que “la alabanza es la forma de orar que reconoce, de manera más directa, que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es”. Entiendo, entonces, el sentido de gratitud que tiene esta oración. La mayor gracia recibida de Dios ha sido, la de habernos creado a su imagen y semejanza. El corazón agradecido sabe de alabanza.

Cuando tú alabas al Señor, estás participando de la vida bienaventurada, te unes a los puros de corazón. Le das acogida al Espíritu Santo, y das testimonio de tu identidad de hijo o de hija, mediante Cristo Jesús.

Dice el salmo del día: “Alaben al Señor en su templo”. Recuerda que tú mismo eres santuario de Dios. La alabanza, en este sentido, también puede brotar desde tu corazón. No importa en los asuntos que te ocupes por fuera, puedes mantener una alabanza continua en el interior. Esto sucede cuando reconoces y admiras las obras del Señor y su misma grandeza; sabiendo que dicha grandeza, muchas veces, viene manifestada en forma de pequeñez.

Al decir, como los ángeles, “santo, santo, santo”, estás siendo consciente de quién merece el honor y la gloria. La alabanza te sitúa. Quita los temores, porque no le das primacía al mal. Esta oración está llena de fuerza y libertad. Sabiendo quién es tu Señor nada temes. Ignorar la alabanza es empoderar a los contrarios, y dejar que los problemas te saturen y te consuman.

Alabar en las tribulaciones, en la oscuridad de la existencia, tiene muchos méritos delante de Dios. Es propio de las almas cuyo sufrimiento no alcanza a debilitar la fe. Cuando más pobre y débil te sientes, unirse en alabanza a Dios, te llena de fortaleza y resistencia para vencer. La alabanza es arma de combate.

El evangelio del día nos habla de una parábola, sobre un hombre noble que se marchó a un país para conseguir un título de rey. Llamó a los empleados y les repartió diez onzas de oro para que negocien hasta su regreso. Cuando vino con el título comenzó a exigir cuentas. Como resultado, unos fueron fiel en la minucia confiada, y por eso el Señor les confió más. Otro, al contrario, se mostró como holgazán y le quitaron, no sólo lo que le habían dado, sino la confianza.

A partir de este pasaje, unido al sentido de las lecturas, el Reino de Dios es de comunión y participación. Lo que Juan vio en el cielo, Jesús lo transmite con una parábola, donde todos y todas estamos comprometidos con la construcción del Reino. Las faenas pastorales no son contrarias a la actitud de alabanza continua. Contrariamente, cada uno de nosotros está llamado a alabar y a servir al Señor con los dones que hemos recibido como bendición.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo estás reconociendo, en tu diario vivir, las huellas del Creador? ¿Por qué los puros de corazón verán a Dios? ¿Cómo te impacta o te marca la presencia de Dios? ¿Cómo le correspondes a Dios cuando se manifiesta? ¿Qué eco resuena en ti ante Dios que te habla de muchas maneras? ¿Si te llegan los problemas, se detiene tu alabanza? ¿Por qué, la liturgia, es un espacio privilegiado para alabar? ¿Tú eres una persona holgazana para alabar, para servir? ¿Tu vida está llena de la luz de Dios? ¿Amas la transparencia, caminas en la claridad de la verdad?

Señor, hoy te digo: santo, santo, santo. Que tu santidad me habite y que juntos contagiemos el mundo de esperanza. Que con la fuerza de este canto, Señor, se vayan menguando las voces contrarias. Que cada vez seamos más los seres vivientes que día y noche nos mantengamos en tu presencia, amando y sirviendo con sincero corazón.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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