MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 21/11/24

(Ap 5,1-10; Sal 149; Lc 19,41-44).

EL CAMINO DE LA PAZ

El evangelio de hoy nos dice que Jesús se acercó a Jerusalén y, al verla, lloró. Entremos en esta escena y detengámonos un poco. El Señor nos está mostrando sus sentimientos. ¿Has pensado, alguna vez, en aquello que vive Jesús cuando contempla el andar de nuestro mundo, de la sociedad, los errores y pecados que cometemos como Iglesia, como familia, como persona?

El pasaje nos invita a preguntarnos si, con nuestras vidas, estamos haciendo que el Señor derrame lágrimas de tristeza. Y, unido a este sentir, si hemos provocado lágrimas en la gente que tenemos más cercana. Quien entristece a sus más próximos también entristece el corazón de la Santísima Trinidad.

Cuando Jesús mira a Jerusalén, expresa un lamento entre sollozos: “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!”. Con la expresión, queda evidente la ignorancia, el desconocimiento, y la dejadez de la ciudad amada por el Señor. Es similar a ver un ser querido que no quiere tomar juicio ni enderezarse. Tú visualizas el camino de su perdición, sin poder hacer nada, porque la desobediencia y la terquedad lo dominan. Jerusalén parece dormir al no interesarse por conocer a Dios y su voluntad. Rechaza y evade el camino que lleva a la paz. Se encamina a su perdición, y al constatarlo, Jesús sufre hondamente.

Las lágrimas del Señor nacen por el amor y por la compasión. Porque Él ya está presente. El camino de la paz es Jesús mismo, en persona; pero no lo identifican. La profecía de la desgracia de Jerusalén, es el resultado de quien se cierra al plan de Dios.

La primera lectura del Apocalipsis presenta a Juan, en su visión, también llorando. Él contempló un rollo, que no podían leer ni interpretar. Es como alguien que sufre, porque no encuentra sentido a su vida. Sus lágrimas cesan cuando se muestra una persona digna, capaz de abrir el rollo, interpretarlo y dar a conocer el misterio de la historia. Esa persona es Jesucristo. Con su sangre, compró para el Señor toda la humanidad; por las enseñanzas de Cristo, tiene acceso a los misterios más profundos que nos revelan el camino de la paz.

Teniendo Jesús, en sus manos, las llaves del conocimiento, nos lo revela plenamente. Ahí está, en el evangelio, toda la verdad que necesitamos para la salvación; celosamente custodiada por el Magisterio de la Iglesia. Tú y yo, hemos de tomar la decisión de si nos acercamos a las páginas del libro, abierto, traducido, interpretado, o si, contrariamente, optamos por continuar sin comprender.

La celebración litúrgica del día nos da un hermoso ejemplo de cómo introducirnos en el camino de la paz. Hacemos memoria de la presentación de la Santísima Virgen María. Un escrito fuera de la Biblia, pero contemporáneo; recupera la imagen, de cómo ella, siendo niña, fue a presentarse al templo, y se consagró a Dios. La tradición no afirma que haya sido un hecho histórico, pero abraza el sentido de fe, de cómo, movida por el Espíritu Santo, ofreció el don de sí misma al Señor.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú estás provocando lágrimas? ¿Cuándo Jesús te mira, qué sentimientos crees que le infundes? ¿Tú vida es un signo de esperanza? ¿La manera en que llevas la vida despierta la sonrisa de Dios? ¿Tú encontraste el sentido de tu vida? ¿Te has interesado en comprender el plan de Dios para ti? ¿Tú has sido capaz de descifrar los motivos de la tristeza, si te llega? ¿Abrazas el evangelio, como libro de vida que lleva a la vida? ¿El camino que llevas, te da paz o te provoca incertidumbre? ¿Reconoces a Jesús vivo, presente, actuante, caminando con nosotros en esta historia? ¿Qué aprendes de la Virgen María al consagrar el don de su vida para Dios?

Señor, te presentamos a la humanidad doliente, y también a la que te hace llorar. Mientras unos buscan el camino de la paz, otros planifican el camino de guerras y de destrucción. Acoge, Señor, en tu infinita misericordia, los gritos de todos los que lloramos porque no te conocen, porque no se interesan en comprender lo que tú ofreces, ni quieren caminar conforme a los planes de Dios. Te presentamos, Señor, el sufrimiento agudo de los inocentes, de los desesperados, de los refugiados y de los migrantes que buscan un lugar seguro.

Aquí estamos, Señor, como dice el salmista, has hecho de nosotros, para Dios, un reino de sacerdotes. Que reine tu paz, y que todos, en torno a ti, podamos cantar a tu amor. Que seamos adornados, Señor, con la victoria de los humildes.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

Deja un comentario