MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 25/11/24

(Ap 14,1-5; Sal 23; Lc 21,1-4).

ESTAR EN PRESENCIA DE DIOS
                     
La primera lectura del Apocalipsis nos llena de esperanza. La esperanza perfecta consiste en esperar en Dios, lo que sólo Él puede dar: su santidad. Y así sucede que Juan, en una visión celeste, contempló a ciento cuarenta y cuatro mil, ante la presencia del Cordero.

No nos quedemos discutiendo sobre el número, que representa una cifra simbólica. Lo más importante son los rasgos que distinguen a dicho grupo, y qué pistas nos revelan, para nosotros también alcanzar la entrada en la presencia plena del Señor. Esto es lo que quiere la Santísima Trinidad, que todos se salven, y por eso, no oculta las señales del camino, para que lleguemos, como racimo, a las mansiones eternas de santidad.

La comunidad reunida en presencia del Señor está marcada. O sea, tiene identidad. Lleva el nombre del Cordero, y de su Padre, en la frente. Esta imagen del tatuado habla de sentido de pertenencia. Se nos dice a ti y a mí, ahora, mientras peregrinamos por esta tierra, que tengamos una identidad clara. La vida en el cielo no se improvisa. Cuando te esfuerzas por entrar por la puerta estrecha del evangelio, en este intento, quedas marcado.

Los reunidos en torno al Cordero supieron entonar y cantar al son de los arpistas. Se nos está diciendo a nosotros, que revisemos la música que actualmente nos está deleitando. Porque si no se ensaya ahora, no tendremos condiciones de ser admitidos en la orquesta divina. Pero la música también puede ser comparada a un estilo de vida. Porque la vida que tú llevas, te exige un tipo de melodía. Según lo que llevas en tu corazón, serán las letras que seduzcan y alimenten tu alma. 

El salmo te muestra, al mismo tiempo, las características de quienes van a la presencia del Señor. Deja claro que del Señor es la tierra y todo cuando la llena, el orbe y sus habitantes. En este sentido, le pertenecemos, y la salvación es ofrecida para todos, sin excepción. Pero, de igual manera, el orante señala las condiciones para subir a su monte y permanecer en su recinto santo.

La entrada al Reino se compra, aquí en la tierra, a base de manos inocentes y pureza de corazón. El dato muestra el obrar humano y la integridad de intención. Esas manos inocentes son las manos trabajadoras, las que sirven sin esperar recompensa, las que hacen un mundo más humano y más santo. Son las manos artesanas de paz, que fomentan la cultura del amor al prójimo y el cuidado a los necesitados. Benditas manos inocentes que testimonian el consuelo de Dios a su pueblo.

La entrada al Reino se alcanza, conforme a los criterios del orante, con fidelidad. Esto es, quienes no construyeron tronos falsos, para elevar a la cima de su corazón algo o alguien que no sea Dios. Contrariamente, desecharon toda idolatría, haciendo limpieza permanente en su interior, a fin de no lastimar la presencia del Señor, ya vivida y experimentada desde ahora.

El evangelio también te expresa los rasgos de quienes entran en la presencia del Señor, en la imagen de la viuda que va al templo y ofrece todo lo que tenía para vivir. Cuando tú lo das todo y cuando te das todo, el Señor llena el vacío. El tamaño de tu desapropiación habla del nivel de su presencia en ti. Si te das la mitad, Él también te dará medidas. Porque Dios no puede llenarte cuando tú no le permites entrar.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo vives en la presencia de Dios día a día? ¿Le tienes en cuenta durante toda tu jornada? ¿Honras la presencia de Dios con tus pensamientos, con tus palabras, con tus acciones? ¿Qué música te gusta escuchar? ¿La música que te alimenta te hace amar más a Dios, te hace obedecer más? ¿Cuáles son las justificaciones que te llevan a escuchar música cuyas letras son contrarias a los valores del evangelio? ¿Cómo está tu corazón? ¿Puedes decir que hay pureza en él? ¿Tus manos obran de manera inocente? ¿No buscas, en tu actuar, ventajas para ti mismo? ¿Qué le estás dando de ti al Señor? ¿Estás dando al Señor porcentajes o te estás dando por completo?

Señor, aquí estoy. Me dispongo ante ti, con todo mi ser, para ayudarte a convocar a tus hijos e hijas. Tú los esperas, Señor, y algunos van hacia ti. Otros están distraídos, porque el mundo los arrastra. Pero en el fondo, amado Jesús, todos te quieren y te necesitan. Que no nos cansemos de seguir luchando. Porque esta santa lucha, Señor, con pureza de intención, nos bendice y nos marca. Que todos estemos marcados por tu nombre, porque hayamos vivido, Señor, desde ahora, sabiendo quién es nuestro dueño, honrando tu presencia con nuestras vidas.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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