MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 27/11/24

(Ap 15,1-4; Sal 97; Lc 21,12-19)

PERSEVERAR

“Con su perseverancia salvarán sus almas”. Con esta frase culmina el evangelio de hoy. Nos la dice Jesús. Haremos de dicha exhortación el hilo conductor para nuestra meditación. Cuando hablamos de “perseverar”, de inmediato nos llega la imagen de “constancia”, “empeño”, “firmeza”, “dedicación”… En sentido puramente humano, se refiere a la disciplina para llegar a conquistar propósitos o metas, de los más variados intereses personales: una carrera, una profesión, pasar un concurso, etc. Sin embargo, las lecturas de este día apuntan a la perseverancia en el sentido de “fe” y de unidad con el Señor Jesucristo.

Quien no está claro hacia dónde va, no tiene cómo estar firme en la voluntad de permanecer. Por eso, la lectura del Apocalipsis, a partir de su lenguaje y sus figuras, te muestra el final o la corona de los vencedores en el Señor. El cielo, no es un cuento, una historia ilustrada. El cielo es una realidad, un estado; es la casa de Dios. Él mismo acoge a los perseverantes, aquellos que se mantuvieron en gracia hasta su muerte terrenal. Les sorprendió el atardecer de la vida con un corazón fiel. Y allí, cuando fueron recibidos en su presencia, Dios mismo les entregó el arpa. Esta arpa sería la inspiración espontánea que nace del corazón, tan pronto gozas de la santidad de Dios, y comienzas a cantar, en comunión con los ángeles y todos los santos.

En la visión de Juan, se dice que los vencedores cantaban el cántico de Moisés. Esto evoca, que la lucha que han tenido no ha sido fácil ni sencilla. Cuanto más compleja y dramática es la historia, más evidente queda manifiesta la grandeza de las maravillas del Señor y su brazo fuerte y poderoso. No hay historias frustrantes desde la fe, porque Dios nunca defrauda a los que ama. El secreto de todo esto está en que no necesitas morir para empezar a cantar, a alabar y a bendecir en acción de gracias.

Tú y yo también, podemos cantar al Rey de los siglos, y glorificar su nombre, postrados en su presencia. Además del “detenerse” necesario; en medio de tu trabajo, de tus labores, de tus correrías, puedes mantener ese corazón postrado y rendir honra y gloria al Señor. La alabanza permanente es escuela de perseverancia.

El salmo del día te hace despojarte de cualquier pretensión. Deja claro que si hay victoria, es porque el brazo del Señor ha hecho los prodigios. Porque Él mantiene su memoria. Él es justo y verdadero. Su promesa es más estable que el firmamento. Por este motivo, el orante, invita al mar, la tierra, los montes, a que se unan a una sola voz, para cantar a quien es digno de toda alabanza y majestad.

Jesús, en el evangelio, recuerda a los discípulos la seriedad del seguimiento. La corona de los vencedores no es barata. Asumir las convicciones honestas de Jesús trae, como consecuencia, persecución. Cuando tú no buscas agradar a todos, responder a las expectativas de todos, ahí comienza el martirio. Es el momento, entonces, de abrazar el arma de todo creyente, el testimonio.

Cada vez que te veas tentado a preparar las palabras para defenderte a ti mismo, recuerda lo dicho por Jesús: “no preparen su defensa, porque yo les daré palabras de sabiduría”. El Señor no quiere que los suyos empleen el tiempo en ellos mismos, sino que lo entreguen todo a su causa, y Él se encarga del resto. De hecho, puede confirmarse que, quien camina en la verdad, no tiene que preparar discurso; la verdad no se contradice.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo está tu perseverancia en la oración? ¿Cuáles son las excusas que te llevan a abandonar la oración? ¿Cuáles son las consecuencias de una vida sin oración? ¿Las cosas que comienzas en la Iglesia, las obras, los proyectos pastorales, los concluyes? ¿Tú sabes cerrar capítulos? ¿Sabes hacer síntesis de vida? ¿Cómo reaccionas cuando llegan las dificultades, los problemas? ¿Tú has preparado algún discurso a tu propio favor? ¿Cómo das testimonio de la mano de Dios rescatándote del peligro? ¿Cómo podrías alimentar la virtud de la perseverancia?

Señor: que no me hieran los desprecios, si tú has dicho que hasta nos llegarán a odiar por ti. Dame la firmeza, en el Espíritu Santo, para mantenerme centrada, en comunidad, haciendo tu voluntad. Muéstrame, Señor, tu cielo y tu corona. Dibújalas en mi corazón. Porque esto sería, Señor, inspiración santa, consuelo y alivio, en medio de mis noches, y de este caminar intenso que consume mis días. Que todos, Señor, los que creemos en ti, perseveremos en gracia y en donación la vida. Y al final, Señor, que podamos cantarte, unidos a los coros celestes y al coro de toda la creación.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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