(Ap 18,1-2.21-23; 19,1-3.9ª; Sal 99; Lc 21,20-28).
LAS BODAS DEL CORDERO
La primera lectura del Apocalipsis concluye diciendo: “Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero”. “Las bodas del Cordero”, nos recuerda san Juan Pablo II, se refiere al “momento supremo de la intimidad entre la criatura y el Creador, en la alegría y en la paz de la salvación”. La expresión hace pensar en la alianza renovada de Cristo y su Iglesia. Tú y yo somos Iglesia, somos esa esposa llamada a embellecerse para la consumación del matrimonio más importante de todos los tiempos.
Como hemos venido meditando, ya al final del tiempo litúrgico ordinario, la conversión es urgente. Considera que el ángel, visto por Juan en una visión, también llega hasta ti. Él viene con autoridad, mediante las lecturas, con un mensaje para iluminar tu conciencia, pues es tiempo de embellecerte para el matrimonio.
Se prepara para la alianza con Cristo quien destierra de sí toda presencia o signo que no provenga del Esposo. La imagen de la Babilonia cayendo, siendo destruida, por haberse convertido en guaridas de malos espíritus, y en escenario de brujerías, nos alerta de la profunda limpieza y la exigencia del traje para participar en dicha fiesta de bodas.
Al denunciarse la prostitución de la antigua Babilonia, también se demanda toda prostitución de quien pretenda ingresar al banquete del Cordero. Tú no puedes practicar brujerías e ir a la Iglesia al mismo tiempo. Porque la brujería tiene un príncipe, un pensador, el mismo Satanás. Hay muchas y variadas brujerías modernas, que vienen maquilladas y necesitan ser quemadas en el fuego divino del Espíritu Santo. La alianza con Cristo, exige, fidelidad.
Asegura el orante del salmo, “Sepan que el Señor es Dios: que Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño”. Celebrar la boda del Cordero, es recuperar el amor en que hemos sido creados. En esta boda se refleja el sentido comunitario y universal de la salvación. Nadie está excluido, porque el Señor es bueno y su misericordia es eterna. Pero ten pendiente, que así como su fidelidad permanece por todas las edades, se nos exigirá, para el ingreso al banquete, las credenciales de identidad y fidelidad.
Impresiona, en el evangelio, la profecía que anuncia la destrucción de Jerusalén. No quiere decir que Dios castiga, sino que se evidencia, como todos los actos de la ciudad trae consecuencias irrevocables. Sin embargo, luego de varias descripciones sobre cómo será destruida, se anuncia su liberación ante la llegada del Hijo del hombre. De la misma manera, tú y yo, estamos llamados a pisotear y a destruir definitivamente todo aquello que no despierte la sonrisa del Esposo para su esposa; siempre en vista al festejo de la plena liberación.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué dice a tu vida la palabra prostitución? ¿Una persona podría prostituir su fe? ¿Tú has ido donde un brujo por entrar en moda? ¿Tú sabes lo que significa contaminarse con brujerías? ¿Tú sabías que es fácil comenzar la brujería y muy complicado devolverse, porque quien está detrás de todo es el príncipe de la mentira? ¿Cuáles objetos, en tu casa, necesitan ser quemados, porque no honran la presencia, la confianza, la fe en nuestro Señor Jesucristo?
¿Cómo te estás preparando para la boda con el Esposo? ¿Tú piensas que el camino que llevas te está embelleciendo para el Señor? ¿Tú vas abriendo tiempo y espacio para hacer intimidad con el novio, con el Señor? ¿Tú vas conociendo al prometido de tu alma? ¿Qué precio ha pagado el Cordero para la boda?
Señor: como una esposa que se adorna con sus joyas, así deseo yo agradarte y conquistar tu amor. Las joyas que te gustan son las virtudes, las buenas obras, la pureza de corazón. Iré, amado Jesús, a ese salón de belleza, ese espacio sagrado donde estás presente, sacramentado, y allí, a la luz de tu presencia, me quedaré lo necesario, y saldremos juntos.
Si me siento orgullosa del Esposo prometido, cuanto más quisiera, Señor, que tú también estés alegre, y me presentes ante la comunidad de los santos y las santas, la multitud que estará presente en el banquete. Todo el esfuerzo y el sacrificio serán pocos, con tal de alistar el vestido para la boda. Este vestido, Señor, es el traje de la conversión permanente. Y los zapatos adecuados, la disposición sincera de amar y servir sin medidas. El banquete de boda del Cordero ya ha comenzado; porque todo comienza con la invitación y la preparación.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 28/11/24
