(Ap 20,1-4.11_21,2; Sal 3; Lc 21,29-33).
COMO NOVIA QUE SE ADORNA
La lectura del Apocalipsis nos habla de un cielo nuevo y de una tierra nueva. Esta imagen proyecta la vida en Cristo, para todos aquellos vencedores que se mantengan fiel a su voluntad. El texto nos advierte que el cielo y la tierra actual son escenario de combate. La fuerza viva de la Iglesia se va abriendo camino, sostenida por el Espíritu Santo, porque el enemigo está encadenado por “1000 años”.
Estos “1000 años” no pueden ser interpretados literalmente; se refiere a un lapso de tiempo, largo e indefinido, donde las fuerzas contrarias, por más que intenten impedir la obra de Dios, no pueden. En ocasiones el diablo parece soltarse, hacer la suya, pero no tiene el control ni el dominio de la historia.
La lectura nos anima a perseverar en la fe en Jesucristo y a mantenernos firmes para no rendir homenaje a la bestia, o sea al mal. La imagen de una novia adornándose para su esposo ilustra la actitud interior que ha de tener un creyente que vive con esperanza. Porque la vida creyente no será siempre combate. Se anuncia, contrariamente, la boda del Cordero. La boda por la cual el novio ha pagado un alto precio, su propia sangre, a fin de que pueda consumarse dicho matrimonio; o sea, la unión definitiva de Cristo con su Iglesia, contigo y conmigo.
En este momento de la historia, tú y yo, somos esa novia. Intenta adornarte y prepararte. Hay distracciones que pudieran ocuparte en otras cosas. Sin embargo, es preciso la fuerza del amor para vencer y no dispersarse. El novio, que es Jesús, ya ha hecho la gran inversión. Hay que luchar con firmeza y perseverancia para no dejarlo esperando en el altar.
Cuando entregas tu vida al Señor y a su servicio, te estás adornando para el Esposo. Los detalles de este proceso de embellecimiento te lo da el salmo. Dice el orante que su alma se consume y anhela por estar en los atrios del Señor. Cuando tú deseas a Dios, le buscas y le obedeces, te vas haciendo cada vez más hermoso a sus ojos.
La imagen del gorrión encontrando nido en los altares del Señor, habla de la casa abierta de Dios, donde todos tienen su lugar y su espacio. Allí entran todos, pero no con todo. Por eso, el salmo también nos recuerda que es tiempo de preparación. Dichosa es la persona que dice sí al Señor, y le alaba siempre, sirviéndole con alegría; porque el cielo nuevo y la tierra nueva, van forjándose cuando, a la luz de la Palabra, tú dejas que tu corazón y tu mente se hagan nuevos.
El evangelio es una invitación a vivir despiertos, y a saber interpretar los signos de los tiempos. Cuando se observa la naturaleza, los ritmos y las estaciones, y se sacan conclusiones prácticas, cuanto más, el interesarse por conocer las señales que el Señor manda para orientarnos en el camino de salvación.
Se nos está diciendo que vivamos en modo trascendente. Hay muchas cosas caducas que atan el juicio y no le permiten proyectarse al otro cielo y a la otra tierra; sino que lo mantienen en estos, como si no existiera nada más. De hecho, la gente ya no suele hablar de vida eterna. Sin embargo, la fuerza viva de los santos, nos aseguran y testimonian que sí existen.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo está tu amor por Jesús? ¿Tú cuentas las horas para estar con el Señor? ¿Cuándo fue la última vez que te pusiste hermoso, hermosa, para el Señor? ¿Si te has sabido arreglar por fuera para ir a Misa, también te empeñas en estar interiormente bello para recibirle? ¿Cuáles son las buenas obras, los buenos sacrificios que adornan tu alma? ¿Tú has sabido retozar con Dios, sonreírle y gustar de su presencia amorosa? ¿Cómo experimentas el combate en tu vida de fe? ¿Dónde te estás asegurando para ser fiel y no rendirle homenaje a la bestia? ¿Identificas el intento de la bestia por entrar en tu casa, en tu familia, en tu corazón? ¿Cómo vas instaurando, junto al Señor, el nuevo cielo y la nueva tierra?
Señor: yo quiero ser como esa novia que se prepara y adorna para su Esposo. Enséñame a pensar en ti, a vivir en ti, a afanarme por tus cosas. Como la golondrina encuentra nido en tu altar, deseo que mi alma repose en tu presencia. El nuevo cielo y la nueva tierra comienzan, Señor, cuando tu mirada se posa sobre mí y me embellece. Sólo el amor, Señor, me mantendrá despierta y atenta. Que pueda, al calor de tu compañía, alcanzar el discernimiento necesario para interpretar tus signos, y responder a ellos con respeto y fidelidad.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 29/11/24
