MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 5/12/24

(Is 26,1-6; Sal 117; Mt 7,21.24-27).

CONFIANZA EN EL SEÑOR

El profeta Isaías, en este tiempo de Adviento, nos ayuda a meditar en la confianza en el Señor. Quien confía en el Señor está destinado, como el antiguo pueblo fiel, a cantar al Señor. La confianza está muy unida a la fe, a la esperanza y a la caridad. No se comprende la confianza sin la vida de oración, sin la participación en la vida comunitaria, porque la presencia de Dios se hace efectiva en el respaldo sincero de la comunidad de hermanos y hermanas.

Cuando el profeta dice: “Tenemos una ciudad fuerte”, nos puede recordar nuestra comunidad cristiana; cuando en esta se ora y se sirve al Señor con lealtad, manteniendo un ánimo firme. Las palabras del profeta son para ti, en este día: “confía siempre en el Señor, porque Él es la roca perpetua”. Quiere decir que el Señor no vacila ni defrauda. En medio a los contrarios que parecen doblegar, el Señor prevalece fiel. Quien se apoya en Él no pasa vergüenza, y con sus propios pies podrá entrar por las puertas de los vencedores. Estas puertas son las del cielo, las del Reino, las puertas de la casa de Dios, que es su mismo corazón.

El salmista recita con fe: mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de la gente. Lejos de desconfiar de los otros, se nos está diciendo, que contemos con los demás, pero no depositando en personas nuestro respaldo seguro. Porque la gente puede vacilar, y esta vacilación no ha de condicionar la alianza y compromiso con el Señor. Aunque todos se marchen, el Señor prevalece. Tú no te puedes tambalear porque otros desistan cuando Dios se ha mantenido presente en su propósito de salvación.

Uno de los fundamentos que da el orante para confiar en el Señor es su bondad y su misericordia. Lo demuestra enviándonos a su Hijo para revelarnos el camino de la salvación y la manera de entrar por la puerta de los vencedores. Confiar en el Señor y confiar en el que viene en su Nombre es la misma cosa. El salmo nos hace rumiar la expresión: “Bendito el que viene en nombre del Señor”. Hacer oración con esta frase, en este tiempo de Adviento, es una santa decisión, porque nos introduce en el misterio que estamos viviendo en este tiempo litúrgico.

El evangelio nos ilumina cuando Jesús explica a sus discípulos que: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos”. La entrada al Reino exige más que palabras. Las palabras carecen de valor cuando no van unida al convencimiento y a la misma vida. Jesús exige, para la entrada a la ciudad santa, el ejercicio de hacer la voluntad de Dios; si faltara confianza en el Señor se debilita la fuerza para hacerla.

En este tiempo de Adviento, tenemos, bajo la dirección del Señor, un ejercicio espiritual: ir poniendo en práctica, día a día, las palabras que de Él escuchamos. Cuando el Señor nos ofrece su Palabra también está confiando en nosotros. Sabia es la persona que se dispone a no defraudarle y a esforzarse por construir su fe sobre la roca del Señor, que es su misma Palabra.

Dicha edificación sobre roca es rústica, difícil, exige sacrificio, porque el Señor es exigente. Sin embargo, a la hora de los fuertes aguaceros y las intensas tormentas, es donde se valora la virtud de la confianza. La firmeza y la fortaleza que dan estar en la voluntad de Dios, te asegura los pasos, la convicción, la fe, y no vacilas.

Sin el ejercicio continuo de hacer la voluntad de Dios, toda la vida interior se debilita. La necedad comienza edificando sobre arena, en lo fácil. La comodidad no es base para la confianza. Donde falta la confianza ya se comienza a temblar desde que se nubla. Antes de que caiga la lluvia, ya la casa se deteriora e inicia a hundirse.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo está tu confianza en el Señor? ¿Cuándo se ve tentada tu confianza en Él? ¿Qué haces cuando te sorprendes buscando refugios fuera de Dios? ¿Cuáles son las murallas que te brinda la vida de oración? ¿Por qué el miedo es contrario a la confianza? ¿De qué tienes miedo? ¿Cómo identificar el miedo y qué haces con él, lo alimentas o lo ofreces a los pies de Jesús hasta recuperar la confianza? ¿Dónde estás edificando? ¿Estás haciendo lo que el Señor espera de ti? ¿Qué tú entiendes por pereza espiritual? ¿Por qué la pereza espiritual deteriora la confianza? ¿Dónde está tu roca?

Señor: dame la sabiduría para saber esperarte, porque eres tú quien viene en nombre de Dios. Quiero esperarte en el ejercicio de hacer tu voluntad. Que no me intimide el sacrificio. Que me mueva, Señor, el santo ánimo. En ti está mi roca. En ti deposito mi confianza.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

Deja un comentario