MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS 9/12/24

(Gn 3,9-15.20; Sal 97; Ef 1,3-6.11-12).

INMACULADA CONCEPCIÓN

En vista de que la solemnidad de la Inmaculada Concepción, este año, tocó el II domingo de Adviento, fue trasladada para celebrarla hoy lunes 9 de diciembre. En esta solemnidad celebramos un dogma de fe. La Iglesia reconoce y declara que la Virgen María, en virtud de Jesucristo, fue preservada inmune de toda mancha de pecado original desde su concepción.

En la primera lectura del Génesis se nos presenta el episodio del pecado de Adán y Eva. Como consecuencia de esto, vemos el reflejo de los primeros seres humanos que, al caer en desobediencia, esconden el rostro del Señor. Dios llama a Adán: – “¿Dónde estás?”, y él se esconde por vergüenza y por miedo.

El pecado se torna, en la vida del ser humano, como un manto que oculta el rostro de Dios. Luego del pecado, la relación con Dios se quebranta; en vez de buscarlo a Él, de dialogar con Él, se busca escapar de su presencia y, además, justificarse, identificar culpables fuera de sí. De ahí las acusaciones, de Adán a Eva, de Eva a la serpiente.

La segunda lectura de Pablo a los Efesios deja evidente el sueño de Dios para toda la humanidad. Pues nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables ante Él por el amor. Esto somos, un proyecto de Dios, para ser hijos e hijas en el Hijo Jesucristo. Y, unidos a Él, alabarle y obedecerle, haciendo siempre su voluntad. Quiere decir que, no estaba en el plan de Dios el que sus criaturas se alejaran de Él.

Si el Antiguo Testamento nos presenta las huellas de Eva, la madre de todos los que viven; con la llegada a la historia de la Virgen María, se inaugura una nueva etapa en la historia de salvación. Porque nos llega en Ella, la madre de todos los que viven en Jesucristo. Comienza así la oportunidad de reconciliarnos con Dios, mediante su Hijo, puente perfecto para restablecer la relación quebrantada; y teniéndola a Ella, como modelo a seguir. María hizo realidad el sueño de Dios, porque si bien recibió la gracia, correspondió en obediencia y fidelidad.

El ángel Gabriel, como nos narra el evangelio, entrando en la presencia de María le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Esta unidad entre Dios y la Virgen, a diferencia de lo acontecido con Eva, se mantendrá. Lo más hermoso de esta historia es que la Virgen María no se aparta de la humanidad doliente y limitada. Contrariamente, desea que todos sus hijos e hijas, también aprendan el camino para preservarse enteramente para Dios, haciendo su voluntad.

De la misma manera en que la Virgen acoge a Jesús dentro de sí, así tú y yo, estamos invitados a dejarle nacer dentro. Que nuestro corazón sea su vientre y su cuna, donde las virtudes y los buenos pensamientos sean su manta y su cobijo.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué te ha llevado al pecado; cómo te debilita? ¿Tú reconoces tus faltas? ¿Te da vergüenza el pecado? ¿Te escondes de Dios cuando pecas conscientemente? ¿Por qué el pecado te distrae, dejas de pensar en Dios para pensar en lo que hiciste? ¿Por qué el pecado te lleva a descuidar las tareas de Dios? ¿Escondes el rostro de tu familia, de tus hermanos de comunidad cuando estás en falta? ¿Le echas la culpa a alguien luego de tus errores? ¿Cómo te esfuerzas por mantenerte en gracia, en virtud a la presencia de Cristo en ti?

¿Cómo ves esta diferencia: estar esclavo del pecado o ser, como María, esclava del Señor? ¿Qué te parece la bendición de tener una Madre que nos auxilie y socorre para mantenernos en gracia? ¿Qué te dice a ti esta actitud de María, quien está totalmente pura y no se aleja de los pecadores para atraerlos hacia su Hijo Jesús? ¿De qué quieres que la Virgen te ayude a purificarte? ¿Cuál es el riesgo de que uno se acostumbre al pecado y conviva con él? ¿Qué pasa cuando una persona dura mucho tiempo sin confesarse? ¿Tú sabías que el alma también necesita bañarse? ¿Cada qué tiempo bañas tu alma?

Virgen María: me das la confianza y la ternura de una madre buena. Por eso te digo, Señora mía, no me abandones ni me dejes a mi cuenta. Dirígeme con tu amor y tu firmeza, porque no puedo soportarme en mis débiles criterios. Te entrego mi voluntad para que tú la fortalezcas con tu gracia y, junto a ti, Señora y Madre, podamos entregársela en obediencia a tu Hijo Jesús. Te presento la humanidad, y con ella, la falta de conciencia de aquello que es pecado. Cuando una sociedad peca, y no sabe que está pecando, está mal y cae al vacío. Por esto, Madre, hoy más que nunca, cúbrenos con tu santo manto. Que junto a ti, podamos cantar al Señor un cántico nuevo, porque Él hace maravillas.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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