(Is 40,1-11; Sal 95; Mt 18,12-14).
PREPARA EL CAMINO
Adviento es tiempo de esperanza; el profeta Isaías te dice en qué consiste cuando habla del consuelo de Dios para los que sufren. Esperanza es esperar en Dios lo que sólo Dios tiene para dar. Dios tiene consuelo para ti; este se hace eficaz con su presencia. Se anuncia su llegada. Viene con lo que no se consigue sin su intervención; y sólo se te pide, preparar el camino para su llegada.
La imagen de la voz que grita en el desierto, recuerda a ese vocero o vocera, que diariamente dice en qué consiste la preparación del camino. Pero en el desierto hay desolación. La voz pareciera perderse en el vacío. Hay indiferencia ante el llamado a la conversión. Sin embargo, la voz no se apaga. Se mantiene la esperanza de que alguien escuche a quien clama sin cesar, y se disponga a preparar el camino.
Tú preparas el camino para el Señor dejando que la Palabra, que Dios te dirige, te llegue al corazón. No puede haber cambio interno sin ese toque, que necesita tu consentimiento. Puedes leer diariamente la Palabra, pero sólo meditandola con sinceridad podrás remover las piedras necesarias para alcanzar el agua y beberla.
Preparas el camino para que el Señor llegue a ti, “allanando” tus pretensiones, las aspiraciones egoístas que parecen superarte. Si el “yo” está subido, bajarlo se hace necesario, porque Él viene con las sandalias de la humildad. En cambio, si tu estima está en el suelo, si te desanimas con facilidad, se hace necesario, levantar tu espíritu hasta nivelarse, subir la cabeza e identificarlo cuando se aproxime.
El camino se prepara cuando enderezas y corriges las dobles intenciones; las malas costumbres adquiridas en el camino, que no nacieron contigo. La Palabra es la referencia para no perder el sentido y lo que se te pide en la corrección. Los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía y el de la Confesión, son las vitaminas que podrán darte la fuerza necesaria para perseverar.
Igualmente, preparar el camino es como dar lija al corazón y a la memoria. Porque muchas historias tristes pretendieron hacer de ti una persona rústica. También se hacen callos en el alma, cuando esta no se pone en el remojo del examen de conciencia, para ablandar la resistencia y remover lo que ha afectado la inocencia primera.
Puedes preparar el camino teniendo presente que esta vida, donde estás peregrinando, es como una hierba, y su belleza como flor; se seca, se marchita, desaparece. Quizás, no se nos ha insistido en este aspecto de la existencia y consecuentemente, uno se apega a lo pasajero. Esto es una trampa del mal espíritu. El buen espíritu te plantea apoyarte en lo eterno. Tu eternidad comienza ahora. Preparas el camino elevando el pensamiento e invirtiendo en la belleza y el alimento del alma que perdura para siempre.
El Salmo 95 también es un estímulo para preparar el camino. Dice el orante que el Señor llega con poder, y esto es motivo de canto y alegría. El evangelio lo fundamenta, con la imagen del buen pastor que es capaz de dejar las noventa y nueve ovejas y va en busca de la perdida. El Adviento es preparar ese encuentro, entre tú que avanzas y el Señor que llega. Cuando te dejas encontrar por Jesús es porque supiste preparar el camino.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cuáles son las palabras que te llegan al corazón? ¿Qué hacen en tu corazón esas palabras? ¿Tú permites que la Palabra del Señor encuentre nido en tu interior? ¿Cuáles realidades de tu pasado han hecho callos en ti? ¿Tú sabías que el rezo meditado del Santo Rosario es una lija para el alma? ¿Identificas las malas costumbres que vienes arrastrando y que tienen que ser modeladas? ¿A qué cosas estás apegado, apegada? ¿Qué tipo de belleza te embelesa la mirada? ¿Qué le dice a tu vida una hierba verde?
¿Qué actitud tienes ante la conciencia de que el Señor te busca? ¿Tienes tendencia a esconderte de la mirada de Dios? ¿Dónde te escondes que Él no pueda encontrarte? ¿Te sientes satisfecho, satisfecha, con tus conquistas? ¿Por qué hasta no haberte encontrado con el Señor no alcanzarás la felicidad plena? ¿Tú estás preparando el camino? ¿Cuáles cosas otros no podrán hacer por ti?
Señor: yo me preparo, para recibirte, porque nunca es suficiente. Cuando creo que estoy avanzada tú me muestras mis torpezas, y me siento aprendiz. No hay graduación con honores en el camino de conversión. El saber que tú vienes, Señor, con la fuerza del amor y la ternura, me inspira a limpiar mi casa. Hay limpiezas que se hacen con una profunda alegría, con la esperanza puesta en Aquel que llega con el secreto de abrazar la eternidad.
MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 10/12/24
